A finales de 1966 al joven Eusebio Tapia, militante aymara del Partido Comunista boliviano, le informan que debía cumplir una 'tarea reservada y delicada en la zona de Ñancahuazú'.
Allí debía encontrarse con quién sería su jefe, un tal "Ramón", de quién no conocería su verdadera identidad hasta caer preso y ser sometido a torturas. Hoy, en su casa de la periferia cruceña, dónde todavía milita por la causa revolucionaria, le cuenta esa historia al enviado especial de BBC Mundo, Andrés Schipani.
El 19 de enero de 1967 partimos de La Paz en un jeep y después de dos días y dos noches llegamos a la llamada 'Casa Calamina', el campamento base en Ñancahuazú.
Después nos fuimos río arriba y en medio de una intensa lluvia me encuentro con un grupo de compañeros entre extraños y conocidos bolivianos.
Esos extraños eran los cubanos, porque por su forma de hablar para mí eran extraños y yo no les entendía muchas cosas, ya que yo soy aymara y en esa época no entendía bien el castellano.
Estuve con el Che y no lo supe
La palabra moral yo la confundí con morral y yo creo que a él le molestó mi respuesta y entonces yo voy y le pregunto a mi compañero Polo, que es mi paisano: '¿qué es la palabra moral?' y me dice que es el valor, el espíritu. 'Ah, pues muy bien, entonces respondí mal', dije yo.
Pero además yo no sabía quién era el Che. Estuve junto a él y nunca supe quién era. A mí me presentaron al "Ramón".
Y como él no tenía muy pronunciada la fonética cubana pregunté y alguien me dijo que era argentino y que había sido designado para ser el responsable de la dirección.
Como parte de la disciplina, nos habían dicho que no averiguásemos quién era quién, por resguardo a la persecución, ya que cuando uno cae preso no debe delatar.
Pero con el Che hemos estado frente a frente, dormimos en el mismo lugar, comíamos las mismas comidas, hablábamos a veces sobre las dificultades que había.
Ramón, el Che
El ejército pensaba que yo me estaba burlando de ellos al decir que yo no conocía al Che, habiendo estado junto al Che. 'Yo no lo conozco', decía. '¿Pero cómo que no lo conoces?'.
Finalmente me preguntan: '¿quién comanda la guerrilla?', 'Ramón', respondo. 'Pues ese es el Che', me dicen.
En aquella época para mí el Che era un personaje desconocido, pero después me entero que era un luchador por la causa justa de los oprimidos, un hombre correcto.
Hoy, para mí es un mito. Una imagen que inspira todavía la revolución y liberación de los pueblos oprimidos. Todavía no están enterrados sus ideales y debemos seguir sus huellas.
Yo creo que en ese momento el Ramón, o el Che Guevara, emprendió una línea correcta que a la vez influyó en el despertar de América Latina, para que el pueblo reclame su derecho, su libertad, su verdadera soberanía.
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En 1966, cuando yo ya era militante del Partido Comunista, me hablan de una tarea reservada y yo digo que estoy dispuesto a participar de cualquiera que sea la tarea del partido, en busca de la justicia y la libertad.
Una vez, cuando estábamos demacrados de hambre y de sed, el Che se aparece cuando yo estaba arreglando mi mochila y me pregunta: 'Y,¿cómo está la moral?' y yo respondo, 'más o menos'.
Entonces cuando yo caigo preso, después de la expedición al Río Grande, durante la tortura me preguntan dónde estaba el Che. '¡Pero yo no conozco al Che!', respondo, y me pregunto, ¿quién será el Che?.