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Martes 13 de enero de 2004, 21:55 GMT

La virtud de la lujuria

La lujuria fue erróneamente calificada como una pecado y debería ser "rescatada para la humanidad" como una virtud, según un destacado filósofo británico.

El profesor Simon Blackburn de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, está tratando de limpiar la reputación de la lujuria, pues piensa que fue equivocado condenarla por siglos... o más bien a aquéllos que no lograban resistirla.

Su campaña forma parte de un proyecto de la editorial Oxford University Press (OUP) sobre la relevancia de los siete pecados capitales.

La lista de pecados fue configurada por el Papa Gregorio el Grande en el siglo VI.

La OUP comisionó libros sobre cada uno de los pecados: lujuria, ira, envidia, gula, soberbia, pereza y avaricia.

Controlando los deseos

Blackburn está intentando salvar a la lujuria de "las acusaciones de los viejos del desierto", quitársela de las manos al "pálido y envidioso confesor" y los puritanos, y sacarla así de "la categoría de pecado para que entre en la de la virtud".

La definición de lujuria que el filósofo propone es: deseo entusiasta de actividad sexual y placer sin otro interés.

Blackburn señala que, de ser recíproco, la lujuria puede llevar al placer y "florece mejor sin el estorbo de la filosofía o ideología barata... que impiden su libertad y fluidez".

Para apoyar su argumento, señala que nadie critica a la sed, a pesar de que puede llevar a la embriaguez. De la misma forma, la lujuria no debe ser condenada porque puede salirse de las manos.

"Lo importante es que generalmente cualquier cosa que da placer es presuntamente buena... la cuestión es cómo controlarla".



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