En su tradicional mensaje anual de navidad, el Pontífice también denuncio el terrorismo y la violencia que victimizan a mujeres y niños.
El Obispo de Roma hizo estas manifestaciones cuando millones de Cristianos en todo el mundo celebran el día nacimiento de Cristo.
En Belén, lugar bíblico del nacimiento de Jesús, miles de peregrinos se concentraron en esta fecha. La cifra de visitantes es la mayor desde el año 2.000, cuando comenzó el levantamiento palestino.
El Papa denunció que hay cada vez más emigrantes, refugiados y deportados en el mundo, víctimas de las guerras, los conflictos étnicos y el terrorismo, y expresó su preocupación por las regiones donde "resuena el fragor de las armas"
Entre ellas destacó "las martirizadas" Darfur, Irak, Líbano Afganistán, Oriente Medio y Los Balcanes, y otras tantas crisis, "desgraciadamente olvidadas con frecuencia".
"Alegría, esperanza y paz"
El Pontífice se dirigió a la multitud desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, donde miles de personas se reunieron bajo el sol del invierno.
Benedicto expresó que él espera que "la luz de Cristo brillará con fuerza y dará consuelo a aquellos que viven en la oscuridad de la pobreza, la injusticia y la guerra".
También urgió a los líderes políticos del mundo a tener "el coraje, para buscar y encontrar soluciones duraderas, justas y humanas" a "las tensiones étnicas, religiosas y políticas....(que están) destruyendo la estructura interna de muchos países y envenenando las relaciones internacionales".
La intervención papal fue transmitida en vivo por la televisión a docenas de países, y fue seguida por saludos en al menos 60 lenguas.