"Nuestro primer objetivo no es crear músicos profesionales. Nuestro objetivo es salvar a los chicos", dice Xavier Moreno, del sistema de orquestas juveniles de Venezuela, uno de los modelos de desarrollo humano más aclamados internacionalmente.
Cuando este esquema se creó hace poco más de 30 años, a la primera reunión asistió una docena de jóvenes. Desde entonces, más de 400.000 han pasado por sus filas.
"El Sistema", como se conoce a la Fundación del Estado para el Sistema de Orquesta Juvenil e Infantil de Venezuela, o Fesnojiv, ha recibido numerosos premios de gobiernos e instituciones como UNICEF, UNESCO o la OEA, reconociendo su trabajo en la formación de jóvenes de bajos recursos.
De hecho, 90% de sus integrantes provienen de los sectores económicos más vulnerables, donde las historias de violencia física y emocional, así como el abuso de drogas o la incursión en la delincuencia, son tema cotidiano.
Y lo que llega a Londres este domingo 19 es lo más selecto en términos musicales de este esquema de formación humana y artística: la Orquesta Juvenil Simón Bolívar.
Para llegar hasta aquí, todos sus integrantes tuvieron que avanzar a través del sistema de orquestas juveniles, que suele empezar con orquestas de barrio, a lo que le siguen orquestas departamentales, regionales y finalmente lo que se considera su mejor producto, la Orquesta Simón Bolívar.
Transformando vidas
Y es justamente este elemento transformador lo que ha generado tanto interés mundial en "El Sistema".
Algunas de esas historias personales que se han conocido últimamente incluyen, por ejemplo, al hoy clarinetista Lennar Acosta, quien antes de ingresar al Sistema había estado en la cárcel en nueve ocasiones por problemas con drogas y robos con armas de fuego.
Otro caso es el de Miguel Nino, quien pasó mucho tiempo viviendo en las calles antes de ingresar a las filas de la organización musical. Ahora toca el cello y, al igual que sus compañeros, asegura que de no ser por la música otra hubiera sido la historia.
Edicson Ruiz trabajaba como empacador en un supermercado antes de aprender a tocar la viola. Ahora, con 17 años, es el músico más joven de la Filarmónica de Berlín.
Dos años antes ya había ganado el primer premio del concurso de la Sociedad Internacional de Contrabajistas de Indianápolis, en Estados Unidos.
El creador
Este proyecto fue una idea del compositor y economista venezolano José Antonio Abreu, quien vio en la música clásica una alternativa a las drogas y la delincuencia.
Parte de la estrategia para incorporar a los recién llegados es entregarles un instrumento. Además reciben clases de música y participan en los grupos que integran el Sistema.
Abreu mismo ha recibido numerosos reconocimientos. En 2002, por ejemplo, el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra en Boston, Massachussets le dio el doctorado Honoris Causa en Música.
Ese mismo año la organización Coordinamento Musica le otorgó el premio de Vida y Música en Rímini, Italia.
El método
Parte de la metodología incluye también lanzarlos al ruedo desde el principio: una vez que reciben su instrumento, así no lo dominen o sepan de música, los jóvenes son persuadidos para que participen en conciertos locales.
Los integrantes más jóvenes pueden tener dos años de edad y el promedio no supera los 22 años.
Todos deben practicar alrededor de cuatro horas diarias seis días a la semana.
El Sistema se creó en 1975 y ha sobrevivido a los eventos políticos, sociales y económicos que han ocurrido en Venezuela durante los últimos 30 años. En ese tiempo ha recibido el apoyo de siete gobiernos consecutivos en el país.
En la actualidad 15.000 profesores de música trabajan en el Sistema y la organización cuenta con un financiamiento estatal de unos US$29 millones.
El modelo ha resultado tan exitoso e inspirador que está siendo reproducido en más de 20 países de América Latina.