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Jueves, 9 de noviembre de 2006 - 12:22 GMT

Bacilos repasa diez años antes del adiós

BBC Estudio 834

Valeria Perasso
BBC Mundo

Un colombiano, un puertorriqueño y un brasileño. Afincados en Miami. Dedicados a componer canciones inspiradas en el pop-rock internacional con ritmos afro y géneros folklóricos llegados del Caribe.

"Fuimos la única banda de Estados Unidos que logró regresar a Latinoamérica y que los taxistas aprecien nuestra música"
Bacilos Ganadores de un premio Grammy a la música anglo. Con una gira, la última de su carrera, que comenzó en Londres y los ha llevado por decenas de ciudades de dos continentes.

Así, plagada de referencias geográficas variadas, puede escribirse la historia de Bacilos.

Con una década en la ruta, el trío se convirtió en una banda de alcance regional, de las que más acabadamente encarnan el "fenómeno latino" en los rankings de radios y compañías discográficas.

Sin embargo, la trayectoria de Bacilos alcanza su temperatura justa cuando se habla de sus canciones: verdaderos cócteles pegadizos que, por fuerza de repetición, se han vuelto familiares desde Argentina a México, e incluso más al norte del Río Grande.

Como decían a viva voz en su éxito "Mi primer millón", ellos sólo querían pegar en la radio. Y vaya si lo han logrado.

"El problema de Bacilos ha sido la fuerza de las canciones: son hits muy potentes que a veces opacan a los humanos que estamos detrás", reconoce Jorge Villamizar, guitarrista y cantante del grupo, en diálogo con BBC Estudio 834.

"Pero técnicamente nosotros fuimos la única banda de Estados Unidos que logró regresar a Latinoamérica y que los taxistas aprecien nuestra música. Lo hicimos nosotros, y Gloria Stefan. ¡Vaya pareja!", festeja, sin modestia, el colombiano.

Destino Miami

Bacilos ¿Quiénes están, entonces, detrás de esos estribillos coreados por miles de fanáticos de todo el continente?

La hoja de vida de Bacilos comenzó a escribirse a mediados de los años noventa, cuando Jorge Villamizar conoció en algún pasillo de la Universidad de Miami al boricua José Javier Freire (alias JJ, de profesión baterista), y juntos se dedicaron a recorrer bares por algo más de tres años.

En el camino se les sumó el brasileño André Lopes y su bajo, y un cuarto integrante, de nacionalidad estadounidense, que luego dejó el grupo.

Convertidos en un terceto ecléctico, Bacilos echó a rodar.

El momento histórico por el que transitaba entonces su ciudad adoptiva les fue propicio. "Fue ese proceso en el que Miami comenzó a descubanizarse y a abrirse a toda Latinoamérica", explica Villamizar.

Con la llegada de emigrantes de variada procedencia, "de esa clase media desplazada de sus países, curiosa y educada", la banda encontró su público.

"Yo creo que cumplimos un ciclo, y ya. Hay que buscar caminos individuales para seguir haciendo de la música una aventura y no un trabajo corporativo"
"Bacilos sin Miami no es nada. Tenemos una relación un poco ingrata con la ciudad, pero la tenemos. Nosotros renegamos de Miami, y Miami no se da cuenta de que nosotros pusimos otra cara a la ciudad... la cara sin arreglar", dice Villamizar, quien contradice, con actitud y palabras, ese estereotipo del habitante de La Florida bronceado en South Beach y dedicado a esculpir su cuerpo con cirugías y largas sesiones de gimnasio.

La referencia latina

La banda también se subió a una oleada de moda musical que, desde Colombia y bajo el liderazgo de Shakira y Carlos Vives, se expandió por la región.

Bacilos, autodefinido como un proyecto "panamericano, y que funcionó", se convirtió en referente de la nueva movida colombiana - aun cuando, en rigor, sólo uno de sus integrantes nació en Bogotá.

¿No los persiguió el mandato de hacer "música latina? ¿Se dejaron tentar por la receta de eficacia garantizada? Villamizar tiene su respuesta ensayada: "Hay un momento de la carrera que uno dice '¿qué es lo que está diciendo mi alma?'. Lo único que tiene que hacer el artista es sacar eso afuera, y punto. Y si eres estereotipado o no... que sea lo que sea".

Bacilos

Lo que llevaban en el alma JJ, André y Villamizar era la música de su tierra, y juntos se lanzaron a una misión de rescate de lo autóctono a través de las más heterogéneas fusiones. ¿El resultado? Cuatro discos, centenares de presentaciones en vivo, y un puñado de canciones con el sello inconfundible del éxito radial.

"Viviendo en el mundo anglosajón, dijimos 'vamos a hacer algo que nos sea propio', y diseñamos un sonido que se basa en la música popular brasileña, en la trova, en la salsa, en ese movimiento neo-vallenatero de Colombia. En general, los latinoamericanos estamos muy expuestos a distintos géneros y eso, yo creo, es lo que ha hecho que nos hayamos impuesto a nivel global", sintetiza el artista.

La hora del adiós

Llegaron al número uno en ventas y difusión en varios países del continente. Sumaron nominaciones a los mayores galardones de la industria de la música entre 2001 y 2005, y se llevaron tres Grammy latinos y uno al mejor álbum de pop latino en los Grammy estadounidenses.

Tocaron en conciertos solidarios por las víctimas del huracán Katrina, viajaron a África a hacer televisión, y se quejaron públicamente, letras mediante, de los abusos contra el ecosistema, del problema del racismo y de la discriminación contra el inmigrante.

Firmaron autógrafos, sumaron fans, cosecharon elogios en festejos post-concierto y anduvieron en bicicleta por el mundo (por cierto, Jorge partió apurado de nuestro Estudio 834 a comprarse una para usar durante la etapa europea de su última gira). Embolsaron, seguramente, aquel primer millón sobre el que ironizaban en una de sus más famosas canciones.

Bacilos

Pero están aburridos. Por eso, creen que llegó la hora del adiós, como atestigua la gira que, hasta diciembre, los tiene viajando por Europa y América. La bautizaron "Contigo se va", y es un repaso por grandes éxitos a la vez que un gracias y un hasta siempre de cara a su público.

"Tal vez porque llegamos a un punto donde tenemos que seguir repitiéndonos. Yo creo que cumplimos un ciclo, y ya. Hay que buscar caminos individuales para seguir haciendo de la música una aventura y no un trabajo corporativo", explica Jorge Villamizar.

El 2007 los encontrará en proyectos solistas que aún están por definirse. "Me gustaría que no importe si nos ganamos o no el primer millón", confiesa el colombiano, quien se dedica a componer para su próximo trabajo, que tomará la forma de un álbum "individual y personal".

"Es una libertad nueva. Vamos a ver... vamos a ver que tiene la vida para mí ahora", anticipa.

La hora de la despedida. Se calza sus enormes gafas negras, sonríe, y se va. Hasta el próximo disco, cuando Bacilos sea ya un capítulo en la historia de esas músicas que, quizás sin proponérselo, se las ingenian para desdibujar las fronteras.




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