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Viernes, 24 de septiembre de 2004 - 05:54 GMT

El fin de la locura

Roger Santodomingo
BBC Mundo

Jorge Volpi. (Foto cortesía del autor)

Jorge Volpi es parte de un movimiento literario mexicano que busca el retorno a las raíces que crearon los escritores de los años 60, los autores del boom latinoamericano, sin caer en el saco de imitadores del realismo mágico. Este nieto del boom es un defensor de una novela ambiciosa, de estructura compleja, pero llena de gestos de complicidad hacia el lector.

Volpi dedica varios años a investigar antes de decidirse a escribir, por ello su más reciente libro, El fin de la locura, es una novela erudita, pero también minada con generosas dosis de un humor negro que a veces se torna dulce y hasta nostálgico.

Aquí se narra la vida de un psicoanalista mexicano que, luego de enfrentar accidentalmente a la policía de París, en Mayo del 68, se convierte en terapeuta, amigo y también antagonista de figuras históricas como Jacques Lacán, Louis Althusser, Fidel Castro, Salvador Allende y Carlos Salinas de Gortari. Volpi, consagrado internacionalmente con su novela En busca de Kingsor, ahora cuenta una historia exquisita de la historia de la izquierda en América Latina.


La novela es muy vasta ¿Cómo se le ocurrió empezarla y por qué escogió este tema?

Empecé escribiendo En busca de Klingsor interesado en explorar la relación entre la ciencia y la política durante la primera mitad del siglo XX, cuando iba ya avanzado en su escritura descubrí que lo que quería era escribir una trilogía del siglo XX.

En busca de Klingsor, que terminó convirtiéndose en la primera parte de esa trilogía, habla sobre la primera mitad del siglo refiriéndose a la relación entre la ciencia y el poder en la época de la Alemania nazi. El proyecto de la bomba atómica como metáfora fundamental de este período de la historia; posteriormente el siguiente período de la historia del siglo XX que me pareció relevante fue el Mayo del 68.

" El problema es con una izquierda que en lugar de buscar la justicia social, lo que hace es dividir las sociedades irreconciliablemente entre ricos y pobres. "

En El fin de la locura quise escribir una novela entorno al pensamiento del 68 y la izquierda revolucionaria. Una tercera parte que es la que estoy empezando ahora que es sobre los últimos quince años del siglo XX, a partir de la caída del muro de Berlín.

Yo me considero un hombre de izquierda y a mi me parece muy bien que resurja la izquierda.

¿Pero pueden leerse independientemente sin que uno sienta que está perdiendo algo?

Sí. No tienen personajes ni historias comunes, pero tienen el mismo espíritu de mezclar historia y ficción y de hablar en el fondo sobre el derrumbe de las utopías en el siglo en el siglo XX.

El de la utopía científica y de progreso en En busca de Klingsor, el de la utopía revolucionaria en El fin de la locura y, posteriormente, será el fin del socialismo real con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Un trabajo titánico... ¿Qué es para usted la locura, dónde se acaba?

Uno de los valores de la locura, no sólo en la novela sino en general, es el carácter plural que siempre ha tenido como interpretación, desde el principio de los tiempos.

A veces es entendida como una razón distinta, a veces como algo que hay que censurar y castigar, a veces al loco se le esconde, a veces tiene cierta cordura esencial que no tienen los cuerdos.

Esta polisemia, esta variedad de sentidos era muy atractiva aplicada al caso de los revolucionarios de los años 60 y 70 sobre todo de Francia y América Latina que es donde se centra la novela.

¿Cree que todos estaban locos?

Obras

  • A pesar del oscuro silencio (1993)
  • Días de ira (1994)
  • La paz de los sepulcros (1995)
  • El temperamento melancólico (1996)
  • Sanar tu piel amarga (1997)
  • La imaginación y el poder: una historia intelectual de 1968 (1998)
  • En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999)
  • El juego del Apocalipsis (2000)
  • Día de muertos (Antología de cuentos, 2001)

    Padecen de una especie de locura semejante a la del Quijote, la locura de querer transformar al mundo y terminan dándose cuenta de que esa transformación violenta del mundo no es posible.

    ¿Quién es Aníbal Quevedo?

    Aníbal Quevedo es un psicoanalista mexicano que llega a París en el momento en que se inician las confrontaciones del mayo francés y que a partir de allí entrará en contacto, bastante errático, con algunos de los grandes pensadores franceses de la época y que serán inspiradores del espíritu revolucionario. Él mismo se convertirá en una especie de Quijote intelectual de la izquierda revolucionaria en América Latina.

    ¿Alguien real inspiró a este personaje?

    No está inspirado en alguien en particular, pero retrata el espíritu de la época, muchos intelectuales latinoamericanos viajaron a Europa para empaparse en las corrientes intelectuales europeas y luego se involucraron en revoluciones en América Latina ya con las armas o simplemente defendiendo intelectualmente esa opción armada.

    Y ¿Claire? Esa joven apasionada que persigue a todas partes.

    Ella es la Dulcinea contemporánea de este Quijote. Su lado opuesto, una joven radical francesa que, como muchos europeos en esos años, se deciden a sumarse a todas las buenas causas del mundo para intentar transformarlo.

    Ella participará en el Mayo del 68 y luego se irá a Cuba a apoyar el régimen de Fidel Castro y que no dudará en apoyar todos los movimientos revolucionarios latinoamericanos.

    En ella se mezcla el dogmatismo por cada uno de esos caudillos que los animan como ese sueño de verdaderamente construir un mundo justo.

    ¿Cómo hace para emprender un proyecto así, tan amplio y ambicioso?

    A mi la historia siempre me fascinó y creo que debí haber estudiado eso porque buena parte de mis novelas son en cierta forma históricas o tienen personajes históricos.

    Es quizás una necesidad la de hacer que la ficción ayude a interpretar los acontecimientos de manera tan valiosa o tan profunda como la propia historia, lo que me animó a utilizar las herramientas de la novela para comprender el siglo XX.

    Después de todo el esfuerzo de investigación y narración que usted invirtió quizás se preguntará ¿para qué le sirve a América Latina o al lector un libro así?

    " Hay quienes piensan que la literatura es arte y que el arte no sirve para nada, salvo para disfrutarlo como un placer estético. Yo creo que, por el contrario, la literatura sí sirve para algo. Sirve para interpretar la realidad, tratar de comprender, plantearnos preguntas nuevas y nuevos desafíos. A la larga también sirve para transformar la realidad. "

    Espero que este libro anime nuevas preguntas sobre cómo ha sido el comportamiento de nuestras sociedades en los últimos años. En América Latina, una visión del paso de las dictaduras de derecha a los movimientos revolucionarios y el surgimiento de la democracia.

    Hay quienes piensan que la literatura es arte y que el arte no sirve para nada, salvo para disfrutarlo como un placer estético. Yo creo que, por el contrario, la literatura sí sirve para algo. Sirve para interpretar la realidad, tratar de comprender, plantearnos preguntas nuevas y nuevos desafíos. A la larga también sirve para transformar la realidad. Creo que para eso se inventó la literatura y esa sigue siendo su función.

    Entonces siguiendo el dicho de que hay que recordar la historia para no repetirla, ¿usted cree que la locura realmente llegó a su fin en América Latina?

    Lamentable y afortunadamente no. Yo diría que no ha llegado ese proclamado fin de la historia donde, a partir de la guerra fría todos los regímenes democráticos, particularmente en América Latina inician un ascenso vertiginoso hacia el bienestar. Pero lamentablemente eso no es cierto tampoco. El triunfo del neoliberalismo no ha significado la erradicación de los grandes problemas de América Latina.

    La región sigue padeciendo una enorme desigualdad e injusticia social y eso es lo que provoca que sigan existiendo grandes tensiones en toda la región. Eso es lo que sigue provocando que hayan constantes atentados contra la propia democracia.

    Usted habla del triunfo del neoliberalismo, pero en América Latina parece que esa es una historia que viene de vuelta o que no echó raíces. Movimientos de izquierda han resurgido desde la Patagonia hasta el Río Bravo.

    A eso me refiero. Yo me considero un hombre de izquierda y a mi me parece muy bien que resurja la izquierda.

    El problema es con una izquierda que en lugar de buscar la justicia social, lo que hace es dividir las sociedades irreconciliablemente entre ricos y pobres. Esa división ya la hizo el propio neoliberalismo así que no es necesario que la izquierda no haga otra cosa que aprovecharse de ella.

    Lo que debe hacer la izquierda es tratar de solucionar esa zanja que existe entre los pobres y los ricos en América Latina.



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