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Martes, 24 de enero de 2006 - 21:48 GMT

Gas y política en la periferia rusa

Diego Merry
BBC, Moscú

Vladimir Putin y Robert Kocharyan

El alza de los precios de los combustibles está provocando un visible cambio en los equilibrios geopolíticos del espacio post-soviético.

A través de la "diplomacia del gas", Rusia ha comenzado a recuperar paulatinamente una parte de la influencia perdida a expensas de Occidente en las áreas que formaron parte de su desaparecido imperio.

El proceso genera fricciones entre Rusia y sus vecinos y también con países de Occidente.

Sólo en lo que va de semana, Rusia se ha visto envuelta en un agrio intercambio de descalificaciones con Georgia y Ucrania y también en un nuevo escándalo de espionaje con el Reino Unido, continuación de la larga saga que data desde los tiempos de la Guerra Fría.

Tensiones

Gasoducto afectado cerca a frontera con Georgia.

La tensión a flor de piel entre Rusia y Georgia ha quedado de manifiesto tras los atentados del pasado domingo contra un gasoducto y una torre de distribución de fluido eléctrico.

Estos atentados han dejado momentáneamente sin gas y sin luz a algunas regiones de la república caucásica en un invierno particularmente frío.

Aunque el suministro empezó a reanudarse dos días después del incidente, que Moscú atribuye a separatistas chechenos, las autoridades de Tbilisi no han dudado en acusar a Rusia de estar detrás de los atentados, que califican de "medio intolerable de chantaje".

En el trasfondo está la decisión rusa de subir el precio del gas a los países de la región, de la misma forma que hizo con Ucrania a principios de año, aunque el monto siga siendo muy inferior al del mercado mundial.

Al mismo tiempo, Rusia ha vuelto a acusar a las autoridades de Kiev de robar gas destinado a la Unión Europea, lo que pone de manifiesto la precariedad del acuerdo provisional alcanzado por los dos países este mes para poner fin de forma temporal a su disputa energética.

Algunos gobiernos de la UE han protestado ante Moscú por las deficiencias en el suministro y Ucrania ha reconocido haber incrementado su consumo debido a la persistente ola de frío en la región.

Medios y analistas rusos presumen que la guerra del gas va a reanudarse más temprano que tarde, y, por descontado, cuando se plantee la negociación de los precios para el año 2007.

Influencia en Ucrania

Habitante de Georgia cargando un cilindro de gas.

El próximo mes de marzo, Ucrania celebra unas cruciales elecciones parlamentarias en las que los partidos pro-rusos que resultaron derrotados durante la "Revolución Naranja" de 2004 podrían tomarse su desquite.

Rusia emplea sin tapujos el arma del gas para influir en el proceso político de su vecino y favorecer el regreso de los dirigentes que le son más favorables.

Precisamente, en esta misma semana ha tenido lugar una visita a Moscú del presidente turkmeno Saparmurat Niyazov, quien le ha solicitado a su homólogo ruso, Vladimir Putin, una subida en los precios de las compras rusas de gas turkmeno, que constituyen la totalidad de las exportaciones del país centroasiático.

Rusia y Turkmenistán tienen un acuerdo a veinte años para el suministro de gas turkmeno al reducido precio de US$65 el metro cúbico.

Esta es la clave de la resolución del conflicto con Ucrania, ya que según el acuerdo firmado en enero, los turkmenos van a vender ahora gas a Ucrania a través de la empresa mixta ruso-ucraniana Rosukrenergo.

Putin no ha prometido ninguna subida del precio, pero Niazov ha garantizado que la cooperación va a continuar y ha expresado la "gratitud" de su pueblo hacia Rusia.

Fricción con Occidente

Saparmurat Niyazov y Vladimir Putin

Aunque no tan ventajosos, Moscú está firmando acuerdos de suministro a largo plazo con otras repúblicas centroasiáticas.

El refuerzo de las posiciones rusas en Asia central se debe en cierta medida a la relativa decepción de los gobiernos de la región tras las enormes expectativas de recompensas estadounidenses por la colaboración en la operación contra Bin Laden y sus asociados.

Esta situación le permitiría a Moscú elevar el tono en sus relaciones con sus dos vecinos contestatarios, Georgia y Ucrania, a quienes desea meter en cintura y los que cuentan con mayor apoyo de Occidente.

En este contexto, la decisión sin precedentes de la televisión estatal rusa de airear con gran escándalo el caso de los cuatro diplomáticos británicos acusados de espionaje y de financiar a ONG rusas viene a marcar un nuevo punto de desencuentro entre los muchos que se han producido desde la llegada de Putin al poder.

El conflicto ya es viejo y existen agravios por los cuales Moscú no considera que Londres haya dado una respuesta satisfactoria.

Entre ellos está la negativa a extraditar al dirigente separatista checheno Ajmad Zakayev, o al millonario Boris Berezovski.

Occidente debe esperar a medio plazo una política más asertiva de Rusia en todas sus esferas de interés, al menos hasta que bajen los precios de los combustibles.



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