La Academia de las Ciencias Sociales, uno de los centros de estudios más importantes de China, predice que la economía del país crecerá un 11% el año próximo, una tasa ligeramente inferior al 11,7% de 2007.
Y mientras muchos de los gobiernos del resto del mundo esperan poder dar un buen impulso a sus economías en 2008, Pequín debate la necesidad de pisar el freno.
La predicción de la Academia es, por sí misma, un dato impresionante, pero lo que resulta aún más asombroso es que la economía china lleva cinco años seguidos de expansión a una tasa de dos cifras.
Ese desempeño le está dando un fuerte dolor de cabeza a las autoridades chinas, que esperaban poder bajar el crecimiento a un 8%.
Preocupaciones
Les preocupa que si la economía china se expande demasiado en muy poco tiempo, el crecimiento podría hacerse insostenible y producir una súbita contracción.
También les preocupa la cantidad de dinero que está circulando en el país, parte del cual ya ha ido a parar a inversiones especulativas.
Además está el problema de la inflación, que llegó al 7% a finales de 2007.
Los consumidores se vienen quejando del alza en los precios de los productos, especialmente en los renglones alimentarios. Los salarios, reclaman, no suben al mismo ritmo que la inflación.
No obstante, la presión inflacionaria no es lo que más preocupa al gobierno chino.
El alza de los precios ha alentado a los productores agrícolas a aumentar su producción, lo cual tendrá un efecto positivo en la próxima cosecha.
Por otro lado, ya comienzan a surgir señales de una desaceleración de la economía debido al aumento de las tasas de interés y a la adopción de normas bancarias más estrictas.
No obstante, China enfrentará su próximo reto si se produce una recesión global y el resto del mundo decide que ya no puede seguir comprando productos chinos.