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Escribe: Alberto Souviron
  Especiales: Por un desarrollo sostenible
Miércoles, 21 de agosto de 2002 - 12:28 GMT
El desarrollo sostenible de una incomprensión
Medio ambiente
El paradigma del Desarrollo Sostenible se mantiene.
Escribe Alberto Souviron, para BBC Mundo.

Cursaba el cuarto año de la carrera de Periodismo cuando escuché por primera vez, sin comprenderlo mucho, el término de desarrollo sostenible.

En ese año, 1992, los periódicos ponían en sus primeras planas los resultados de la denominada Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, y se pensaba que estaba naciendo un hito en la historia de la humanidad.

George Bush, ex presidente de Estados Unidos.
Diez años después, el malo tiene el mismo nombre.
Parecía que esta vez los seres humanos estaban dispuestos a cooperar entre sí para lograr un mundo mejor.

El paradigma del Desarrollo Sostenible -satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las de las generaciones futuras-, que se había ido elaborando desde los años 60 y adquirido fuerza en 1987 con el Informe Brundtland, alcanzaba su apogeo en Río de Janeiro.

Sueño y desesperanza

No hay duda, Río fue el primero de una serie de grandes sueños e ideales. A esta cumbre, seguirían otros encuentros, como los de Pekín, Kyoto, Seatle, La Haya o Bonn.

Y a medida que se repetían, los ideales y sueños que planteaba el desarrollo sostenible -un mundo con menos pobreza, con un medio ambiente preservado, con un uso racional de los recursos naturales y una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones- parecían diluirse entre las discusiones, la falta de acuerdo y, quizá más, la poca comprensión.

Río de Janeiro, Brasil.
Río no fue el hito esperado.
Muchos expertos trataron de avanzar en la concepción del desarrollo sostenible, pero para la mayoría de la gente común, el concepto casi siempre se asociaba a la variable ambiental y aún esto sin comprenderlo demasiado.

En este contexto, la II Cumbre de la Tierra, la de Johannesburgo, parece celebrarse más bien con poca esperanza.

Un poquito mejor

Los datos de Naciones Unidas señalan, no obstante, que existe algún progreso.

En todos los países, o al menos en una gran mayoría, se están realizando o se han llevado a cabo esfuerzos para aplicar los principios del desarrollo sostenible.

Algo que en cierta medida es cierto. En mi carrera profesional, tuve la oportunidad de cubrir la creación del Ministerio de Desarrollo Sostenible en Bolivia, algo que no se había visto antes.

Molinos de viento.
Algo se ha conseguido.
Como Bolivia, aunque en forma menos explícita, muchos otros países creaban unidades dedicadas a la aplicación del concepto. Tal vez cabe destacar a Costa Rica, uno de los países considerados estrella en la aplicación del desarrollo sostenible.

Por ese entonces, en 1996, y después de la Cumbre de las Américas de Miami, me enteré que el concepto de desarrollo sostenible abarcaba algo más que la simple preservación del medio ambiente, y comprendía también el factor económico, social y político.

El chico malo

Pero el gran ideal, al parecer, no ha logrado un gran eco y por ello, muchos creen que la de Johannesburgo, será otra cumbre más.

Como en 1992, hay alguien que es apuntado como el chico malo de la película: Mr. George W. Bush.

Bosque de nubes costarricense.
Costa Rica es la estrella.
Como su padre en ese entonces, el presidente de Estados Unidos no muestra -a decir de sus críticos- un gran entusiasmo por estos temas o, al menos, parece tener una idea distinta.

Su salida del Protocolo de Kyoto es una muestra de ello y su concepción de cooperación para el desarrollo, mostrado en México, no siempre coincide con el que se manejan en otras partes del mundo.

Pero ese es sólo el caso de Estados Unidos. En otras regiones, también existe desazón o, al menos reconocimiento, de que no se ha hecho lo suficiente.

Los golpes de la realidad

Durante una reunión preparatoria a la Cumbre de Johannesburgo, a principios de este año, los ministros y representantes de gobiernos de América Latina y el Caribe reconocían en un documento que -a pesar de los avances- "las condiciones para el desarrollo sostenible no son mejores que las prevalecientes en 1992".

"La población mundial en condiciones de pobreza se ha incrementado de manera dramática... el deterioro del medio ambiente se ha agudizado y el ritmo acelerado de la globalización plantea nuevos retos de sostenibilidad, pero sobre todo de equidad", señalan en el documento.

Los hechos parecen darle la razón. Tomemos un caso: Argentina, un país que en 1992 era considerado un ejemplo. Hoy se debate en una de sus crisis más profundas y más de la mitad de la población ha caído por debajo de la línea de la pobreza.

La pobreza es tema de la Cumbre Johannesburgo 2002
El concepto abarca más que la preservación del medio ambiente.
¿En el campo ambiental? Basta recordar al Huracán Mitch, que asoló Centroamérica o los recientes desastres naturales en Europa, que muchos científicos consideran parte del fenómeno del calentamiento global. Aunque otros todavía se niegan a creer que aquello esté realmente sucediendo.

Los conflictos armados y sus consecuencias, parecen que se extienden por doquier y la hambruna se cierne sobre regiones o continentes enteros, como África.

En 1992, se afirmaba que la gravedad del estado de nuestro planeta nos obligaba a tomar una acción conjunta y buscar una forma de desarrollo sostenible en el tiempo.

Diez años después, esta gravedad parece más vigente que nunca, pero la comprensión de qué es un desarrollo sostenible, parece todavía alejada.


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