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Miércoles, 29 de noviembre de 2006 - 16:12 GMT
Fábrica adentro en Venezuela
Carlos Chirinos
Carlos Chirinos
BBC Mundo, Caracas

Genaro Paladino
Genaro Paladino, de Calzado Paladino, ha tenido que lidiar con una fuerte competencia extranjera.

En Venezuela resulta más barato importar que producir y por eso el creciente consumo beneficia a los importadores y no a la industria.

En un edificio industrial de Caracas se ven los carteles de varias fábricas de zapatos. Algunas han cerrado, otras ya no fabrican zapatos, sólo los importan y distribuyen.

"Entre todas las empresas aquí teníamos alrededor de unas 250 o 300 personas y ahora entre todas no llegamos a 100", le explicó a BBC Mundo, Genaro Paladino, accionista de Calzado Paladino, empresa fundada en los años 50 por inmigrantes italianos.

La industria local de calzado, hasta hace poco internacionalmente competitiva, ha cedido mercado a productos brasileños, colombianos y asiáticos, estos últimos mayoritariamente a través del contrabando.

Calzados y textiles están entre los sectores que a causa de lo relativamente baratas que resultan las importaciones, no han podido beneficiarse del alza del creciente poder de compra de los venezolanos.

"Básicamente lo que hemos tenido es un equilibro. Ha habido un aumento de producción en comparación con el 2003, pero si vamos a los años antes del paro (2002) las cifras de producción están en la mitad" asegura Paladino.

Paladino sostiene que con el dólar a cambio fijo resulta más sencillo importar un producto terminado que fabricar en Venezuela, que lidiar con los 80 componentes e insumos que, asegura, intervienen en la fabricación de zapatos.

Importar la solución

La situación de empresas como Calzado Paladino ilustra un problema doble: la industria local no puede satisfacer la demanda, ni puede competir con el producto importado.

Según datos de la Confederación Venezolana de Industriales, Conindustria, en la última década la planta industrial venezolana se ha reducido a la mitad. De los 12.771 establecimientos industriales registrados en Conindustria en 1996 quedaban 6.756 en 2005. La mayoría de las pérdidas se dieron en la pequeña y mediana industria.

La lógica económica indica que la demanda debería ayudar a reactivar la estancada industria nacional y sin embargo no parece ser el caso.

Según Eduardo Gómez Sigala, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, Conindustria, "el sector privado productivo industrial se ha visto beneficiado en el sentido de que las empresas que existen han tenido mucha más actividad pero no se han abierto nuevas empresas".

Global, local

Una conjunción de factores internos y externos determinaron la desaparición de esas empresas. Desde la globalización y la competencia, hasta la desconfianza hacia la política económica del presidente Hugo Chávez.

Eduardo López Cigala
No hay una estrategia económica de largo plazo (...) los inversionistas no ven claro cuál es la política económica
Eduardo Gómez Sigala, presidente de Conindustria

Esa desconfianza generó crecientes tensiones que culminaron en el paro nacional de diciembre del 2002 a febrero de 2003, que buscaba forzar la salida de Chávez del poder.

Pero quienes intentaron perjudicar al gobierno terminaron perjudicándose a sí mismos y ese fue un golpe que muchas compañías no pudieron superar.

Con el empresariado aparentemente fuera de las disputas políticas, la pregunta es por qué no logra recuperarse la producción nacional.

"En primer lugar porque no hay una estrategia económica de largo plazo (...) los inversionistas no ven claro cuál es la política económica" aseguró Gómez Sigala, para quien lo que define como "vocación intervencionista del Estado" inhibe la inversión.

Adicionalmente muchos productos tienen precios controlados, lo que según la queja del empresariado, le resta maniobrabilidad a la producción.

Es el caso de sectores de la agroindustria, que al estar en la lista controlada, terminan desapareciendo del mercado. Ocasionalmente el gobierno ha tenido que recurrir a importaciones de emergencia para garantizar la oferta.

Fábrica Adentro

El gobierno, por su parte, explica que la intención no es eliminar al sector privado empresarial, aunque sí habla de un nuevo modelo de desarrollo que el presidente Hugo Chávez ha bautizado como el "Socialismo del siglo XXI".

"Venezuela cambió para siempre con una gran ofensiva industrial" dijo recientemente la ministra de Industrias Ligeras y Comercio, Cristina Iglesias, durante el acto de lanzamiento del nuevo programa de fomento industrial Fábrica Adentro.

Años atrás sería absolutamente impensable un acuerdo marco entre trabajadores, empresarios, gobierno y pueblo soberano, porque los acuerdos se realizaban tras bastidores
Cristina Iglesias, ministra de Industrias Ligeras y Comercio

El Acuerdo Marco de Corresponsabilidad para la Transformación Industrial, nombre oficial del programa, busca incentivar la mediana y pequeña empresa mediante asociaciones entre los empresarios, el Estado y los trabajadores, estos últimos agrupados en torno a cooperativas.

"Años atrás sería absolutamente impensable un acuerdo marco entre trabajadores, empresarios, gobierno y pueblo soberano, porque los acuerdos se realizaban tras bastidores", aseguró la ministra Iglesias, quien habló del surgimiento de una "nueva comunidad empresarial".

Esa "nueva comunidad" se formará con las empresas "cogestionadas" con cooperativas de trabajadores, las "autogestionadas" cuya operación es entregada a los trabajadores en caso de quiebras o intervenciones, y las llamadas Empresas de Producción Social.

Al final el objetivo y la esperanza de todos, independiente de su filiación política, parece ser el que se logre revertir el proceso de desmantelamiento industrial que vive el país desde mediados de los años 90.

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