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Viernes, 21 de julio de 2006 - 15:31 GMT
El precio de cruzar México
Alejandra Noguez
Alejandra Noguez
BBC Mundo, Tultitlán, México

Eleodoro Erazo
Aquí en México hay unos (policías) que se portan bien y otros que se portan mal, han violado hasta a las mujeres en el camino
Eleodoro Erazo, hondureño

Golpes, robos y violaciones, es el trato que denuncian los ilegales centroamericanos por parte de las corporaciones policiales en su paso por México, trampolín obligado para alcanzar su sueño: llegar a los Estados Unidos en busca de una mejor vida.

Miradas desconfiadas, voces temerosas de ser oídas y pies cansados de tanto andar son los elementos que me reciben en la zona férrea de Tultitlán, un barrio humilde, desordenado y ruidoso que colinda con la Ciudad de México.

Este lugar es el paso obligado para miles de indocumentados centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos como polizontes a bordo de trenes cargueros procedentes, en su mayoría, del sureño estado de Chiapas.

Aquí los inmigrantes cambian de convoy rumbo a la línea fronteriza en el norte del país, donde buscarán a un "pollero" para que los ayude a cruzar a su destino final.

Según datos del Instituto Nacional de Migración (INM), durante 2005 fueron asegurados y repatriados a sus países de origen 240 mil centroamericanos indocumentados, de los cuales 45% eran guatemaltecos, 34% hondureños y 15% salvadoreños y el comportamiento de este flujo migratorio va a la alza.

Maltratos policiales

La desconfianza es lo primero que brota cuando me acerco a ellos, un grupo de alrededor de 20 indocumentados que se ubican a un lado de las vías del tren, no quieren ser entrevistados, y mucho menos fotografiados, temen que "la policía los reconozca en su próxima parada".

Vía férrea en Tultitlán
Tultitlán colinda con la Ciudad de México y es paso obligado para miles de indocumentados centroamericanos que van a EE.UU.
Cuando insisto ceden un poco y uno a uno me cuenta su historia, "de nada sirve si le digo que los policías me han robado", me dice Nicolás Orijuela, un guatemalteco maduro que viste ropas desgastadas y sucias como el resto de sus compañeros.

"Yo prefiero que me roben los 'mañosos', porque ellos tal vez nos dejan un cinco, si nos roban los policías todo le quitan a uno y si es posible hasta le dan su calentada", se lamenta Orijuela ante la BBC.

Un viento frío acompañado de sonoros truenos anuncia una tormenta durante mi visita a las vías de Tultitlán, lo que provoca que la mayoría de estos fugaces huéspedes se arremolinen debajo de un frondoso árbol para protegerse de la lluvia.

Ahí, Eleodoro Erazo, un hondureño de 32 años, de ojos vivarachos y sonrisa constante, me habla de lo que le ha tocado vivir en territorio mexicano durante este y sus otros dos intentos por lograr llegar a Estados Unidos.

"Aquí en México hay unos (policías) que se portan bien y otros que se portan mal, han violado hasta a las mujeres en el camino, hay policías que se las quitan a uno mismo de macho, lo que hacen es encañonarlas y violarlas enfrente de uno".

Ayuda en tierra ajena

Los habitantes de Tultitlán en su mayoría han sido testigos del deteriorado estado en el que llegan los indocumentados, así como del trato que reciben por parte de la policía local, aseguran que "los tratan como perros" pero ellos intentan ayudarlos en lo que pueden.

Detenidos y repatriados en 2005
240 mil centroamericanos indocumentados
45% eran guatemaltecos
34% hondureños
15% salvadoreños
Datos: INM
A través de una red informal de ayuda humanitaria que han creado, les regalan ropa, calzado y un poco de comida, sin embargo, esto les ha costado su propia tranquilidad.

Una vecina de este lugar famosa en el barrio por su activismo humanitario, accedió a hablar conmigo pero con la condición de no ser grabada, fotografiarda, ni tampoco identificada con su nombre real.

Me contó cómo en diversas ocasiones ha tenido que enfrentarse con los judiciales (policías locales) para evitar que siguieran maltratando a un centroamericano.

"Dora", como la llamaré para resguardar su identidad, asegura que ha tenido en su casa a varios de los indocumentados que han llegado enfermos o heridos y que por humanidad los ha ayudado "porque no quisiera que mis hijos sufran lo que ellos buscando una mejor vida."

Pero este altruismo ha sido frenado, pues asegura que en diferentes ocasiones ha recibido amenazas directas de los policías y también anónimas, por eso ya no quiere hablar y dice "quiero irme de aquí, así lejos sabré que la están pasando mal pero ya no veré lo que les hacen".

"Peor que en EE.UU."

Inmigrantes en un fallido intento por llegar a EE.UU.
El maltrato en México hacia los indocumentados es peor incluso que en EE.UU.
En diciembre pasado al presentar un informe especial dirigido a las autoridades del INM, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de este país, José Luis Soberanes, aseguró que "el maltrato en México hacia los indocumentados es peor incluso que en Estados Unidos".

Reveló que en 76% de las estaciones migratorias del país se violan las garantías de los inmigrantes, pues "se les trata peor que en las cárceles", a esto se suma "la corrupción policial y del maltrato a los indocumentados centroamericanos".

Por su parte, organismos no gubernamentales y de derechos humanos, entrevistados por la BBC como Karina Arias, de Sin Fronteras, consideran que "la política migratoria de México tiene una gran incongruencia".

"Es decir, una política exterior muy activa en la defensa de los derechos humanos de los migrantes, pero que está en contraposición con una política interna que limita los derechos humanos de los migrantes en nuestro país".

"No hay maltrato"

Inmigrantes latinos en EE.UU.
Aún así nosotros no tratamos mal a los centroamericanos
En respuesta, el Comisionado del INM, Hipólito Treviño, también en entrevista con la BBC, niega estos argumentos y defiende la postura del gobierno mexicano.

"Hacer esta comparación como que le es muy conveniente a alguien que en Estados Unidos le dé un mal trato a los mexicanos (...) pero aún así nosotros no tratamos mal a los centroamericanos".

Y asegura que lejos de eso, cuando los indocumentados son detenidos el gobierno mexicano invierte alrededor de 4.4 millones de dólares anuales en su estancia y repatriación.

"Nuestros agentes (del INM) no están armados y están entrenados para no atacar a la población y respetar sus derechos humanos".

Sin embargo, reconoce la posibilidad de que algunas corporaciones policiales "puedan estar utilizando su poder discrecional para entrar en el negocio del flujo de migrantes que va a Estados Unidos."





 

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