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Viernes, 7 de julio de 2006 - 20:25 GMT
"Aprendí a defender mis derechos"
Silvia
Uno viene del campo con la autoestima muy baja y a veces se conforma con migajas

Silvia Janet Oyanadel tiene 35 años y es de un pueblito del norte de Chile que se llama Artificio y es tan pequeño que ni siquiera aparece en los mapas.

Como muchas otras mujeres llegó a Santiago con la intención de estudiar. No ha podido hacerlo; lleva 14 años trabajando como empleada doméstica.


Cuando era niña soñaba con ser abogada, después quise ser asistente social y ahora último, entrenadora de fútbol. También me encanta la Psicología, la Pedagogía y la Educación Diferencial. Pero trabajar y estudiar al mismo tiempo es muy difícil, porque acá en Chile uno se tiene que entregar a la familia.

Condiciones
Si me saludaban en mi cumpleaños, eso ya era importante para mí porque me hacían sentir persona. Estaba bastante sola

Al principio estuve tres años con una familia que me fue a buscar al norte para que trabajara con ellos. No eran muy buenas condiciones, porque ni siquiera me hicieron contrato. Yo creo que duré ese tiempo porque uno como que confunde las cosas: lo laboral con lo afectivo. Así que yo me conformaba con poquito, porque uno viene del campo con la autoestima muy baja y a veces se conforma con migajas.

Si me saludaban en mi cumpleaños, eso ya era importante para mí porque me hacían sentir persona. Estaba bastante sola.

Pero era un exceso de trabajo horrible: a veces terminaba de planchar a las 12 de la noche y me iba a mi pieza y dormía como cinco o seis horas. Era explotación por explotación, pero yo no me daba cuenta. Tenía mucho temor a enfrentar a mis jefes, como que me sentía inferior. Además, los empleadores saben cómo manejarla a uno y eso es lo peor de todo.

No sé cómo empecé a tener conciencia. Creo que fue un proceso que comenzó con una pelea bien grave que tuve con la señora, que me dijo que todo lo que yo hacía en esa casa ella me lo pagaba. Y me pareció demasiado injusto porque era una miseria de salario. Ahí fue cuando dije 'no más'.

Una en cien

Traté de buscar otro tipo de trabajo, pero no me resultó. Llegué de nuevo a otra agencia de empleo y conocí a una familia con tres niños. Y ahí estoy.

Relaciones
Yo pensaba que el cambio tenía que venir de parte de los patronos, pero no es así. Nosotras también tenemos que aprender respetarnos, a subir la autoestima, a educarnos

Al principio tenía los mismos problemas. Yo no sabía cómo tomar las cosas, no sabía conversar con la señora, no sabía reclamar mis derechos. Creía que no me tomaban en cuenta, que para ellos era invisible. Me daba rabia, pero era incapaz de decirlo.

Como muchas nanas, pensaba que el cambio tenía que venir de parte de los patronos, pero no es así. Nosotras también tenemos que aprender respetarnos, a subir la autoestima, a educarnos. Formándome me di cuenta de que si uno hace un muy buen trabajo tiene derecho a reclamar sus derechos. No porque los jefes tienen dinero son más persona que uno.

Ahora ya llevo varios años con la misma familia y puedo decir que estoy bastante bien. Todo cambió cuando aprendí a hablar, a decir lo que me pasaba. Hago las cosas con más alegría y mis empleadores están tranquilos.

Antes los días lunes eran fatales para mí, pero ahora llego tranquila, sé que voy donde una familia que me acoge y valora mi trabajo. Sólo trabajo de lunes a viernes, tengo los feriados libres y un muy buen sueldo. Pero yo sé que la mía es una situación excepcional, soy una entre cien nanas.




 

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