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Miércoles, 15 de marzo de 2006 - 14:35 GMT
Cerca del palacio, sin agua

Luis Crespo
La Paz, Bolivia

Sandra, habitante de El Alto boliviano
No podemos lavarnos (...) la gente no entiende que no tenemos agua...
Sandra
Sandra vive a sólo 20 kilómetros del palacio de gobierno de Bolivia, pero pareciera que su vida y la de sus vecinos transcurren mucho más lejos.

Ella y sus cinco pequeños hijos habitan en una zona sin servicios básicos, donde el agua es una de las cosas más valiosas y la lluvia que inunda sus calles sin aceras es también un alivio para su sed.

El agua turbia, que durante la lluvia se escurre de las canaletas de la precaria casa de Sandra, es almacenada en botellas de plástico de las que sus niños beben ansiosos en las pausas de sus juegos.

Esto ocurre en la ciudad de El Alto, pero la misma situación afecta en Bolivia a dos millones y medio de personas que carecen del servicio de agua potable según los datos del viceministerio de Servicios Básicos.

Según otros datos estadísticos, sólo el 22,3% de la población recibe provisión de agua por cañerías.

El resto se aprovisiona de agua de lluvia o mediante grifos públicos, cisternas de distribución o la compra a vecinos que especulan con ella.

Guerra y ministerio

Estoy hasta asustado, porque la expectativa que tiene la gente es grande y el cambio que están esperando no va a ser fácil
Abel Mamani, ministro del Agua
El costoso y difícil acceso a este servicio ha provocado por lo menos una gran movilización social en Bolivia, que en la actualidad es recordada como "la guerra del agua".

En abril de 2000, los habitantes del departamento (provincia) de Cochabamba, paralizaron la región en protesta por una subida de las tarifas y el conflicto concluyó con la expulsión de la transnacional Bechtel, que gestionaba la distribución del recurso.

En enero de 2005, los habitantes de la ciudad de El Alto, vecinos de Sandra, salieron a protestar y lograron rescindir un contrato con la multinacional Suez, que tenía en concesión el servicio de agua potable.

El problema de acceso al agua, que ha logrado organizar a dos ciudades enteras para conseguir una mejora del servicio o el acceso, ha hecho que el nuevo gobierno de Evo Morales creara hace seis semanas un ministerio del Agua.

Abel Mamani, el principal dirigente de los vecinos de El Alto, ha sido nombrado ministro, con el encargo de solucionar este problema.

"Está bien difícil. Estoy hasta asustado, porque la expectativa que tiene la gente es grande y el cambio que están esperando no va a ser fácil", le dijo Mamani a la BBC.

"Lo que estamos haciendo es darle participación a las organizaciones sociales, porque este ministerio es consecuencia de las movilizaciones sociales. En verdad es el ministerio del pueblo", agregó.

Cuestión de dinero

El Alto, Bolivia
La falta de saneamiento es uno de los problemas en El Alto. (Imágenes: Luis Crespo)
Según el secretario de Estado, la principal tarea será ampliar el acceso al agua potable con tarifas razonables.

Sin embargo, también existen problemas de riego, lo cual afecta directamente a la producción, y de contaminación de corrientes de agua por actividad industrial.

El experto en recursos hídricos Juan Carlos Alurralde, señaló a la BBC que la falta de seguridad jurídica de las fuentes de agua, la contaminación y la cobertura son los tres grandes problemas que se deben solucionar en Bolivia.

La falta de seguridad jurídica afecta a las comunidades campesinas e indígenas, que con frecuencia sufren el impacto de industrias que no investigan si hay sistemas de riego o consumo en las zonas en que se instalan, explicó.

La inversión necesaria para ampliar la cobertura de agua potable, siempre según Alurralde, sería de alrededor de US$50 millones por año.

Para obtener estos recursos, existe una propuesta de cobrar por el uso del agua a los grandes operadores industriales, lo cual proporcionaría alrededor de US$ 40 millones anuales al Estado.

Una gran mina de plata que comenzó a funcionar hace poco, usa 250 mil metros cúbicos de agua diarios, sin pagar un solo centavo por ese uso
Juan Carlos Alurralde, experto en Agua
"Por ejemplo, una gran mina de plata que comenzó a funcionar hace poco, usa 250 mil metros cúbicos de agua diarios, sin pagar un solo centavo por ese uso", indicó el experto.

Mientras estos planes no se conviertan en realidad, en El Alto y otros lugares, la población sufre las consecuencias de la falta de agua.

Genara hace dos meses que tiene agua potable y está muy contenta, pero recuerda cómo era su vida hasta ahora.

"Sin comer dormían mis cinco guaguas (niños) cuando se acababa el agua. Lavaba mis ropas con agua estancada en la calle y nos daban alergias", recordó.

Pero Sandra aún no tiene agua en su casa: "en el colegio exigen higiene a mis hijitos, pero al cocinar se acaba el agua y ellos ya no se pueden lavar (...) los profesores no entienden, no podemos lavarnos (...) la gente no entiende que no tenemos agua...".

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