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Viernes, 29 de abril de 2005 - 17:48 GMT
"Morir lo daba como un hecho"
Diego Carcedo.
Diego Carcedo cubrió la guerra de Vietnam para la televisión española.

El periodista de Televisión Española, Diego Carcedo, estuvo en Vietnam los últimos meses de la guerra, desde principios de febrero, hasta el 30 de abril por la noche. Desde España, donde todavía trabaja para TVE, nos relató sus vivencias del día en que cayó Saigón.

"Fue un día horrible, verdaderamente horrible.

En medio de una situación caótica total, un grupo de periodistas que quedábamos allí, unos 40 o 50, habíamos ya combinado con la embajada de Estados Unidos que cuando escuchásemos una clave (que incluía dar la temperatura que había en Saigón en grados Fahrenheit, además de poner la canción Navidades Blancas, cantada por Bing Crosby) teníamos que ir a un lugar de concentración desde el cual seríamos evacuados.

Esto ya era una evacuación a la desesperada. Las fuerzas de EE.UU. llevaban varias semanas evacuando a los extranjeros que había en Saigón.

Nosotros estábamos por esperar hasta el final. Era lo que se llamaba la evacuación en rojo.

Fue un día horrible, verdaderamente horrible

Escuchamos esta señal hacia las siete de la mañana, después de una noche en la que no habíamos dormido, porque fue bajo permanente fuego de artillería.

Intentamos llegar al punto hacia el que nos habían convocado, cerca del ministerio de Marina, pero no pudimos, aquello ya estaba en llamas.

Fuimos hacia otro lugar y los marines nos metieron en autobuses. Eran tres, yo me metí en el último. No pudimos llegar a la zona del aeropuerto desde donde pensaban hacer la evacuación de los extranjeros, casi todos periodistas.

Estuvimos todo el día dando vueltas por Saigón. A disparo limpio. Muchas veces los marines tenían que impedir a tiros que las multitudes se abalanzasen hacia el autobús.

En fin, fue algo terrible, en medio del pánico, del nerviosismo, al final se logró alcanzar la embajada estadounidense que estaba rodeada por miles y miles de vietnamitas que querían también ser evacuados".

Desmayo en la embajada

"Los periodistas conseguimos entrar por la puerta de atrás después de trepar una valla muy alta y que nos ayudasen los marines desde lo alto.

Allí esperamos gran parte de la noche y ya en la madrugada, en los últimos helicópteros que despegaron de la embajada, salimos los últimos periodistas de radio televisión española, hacia un barco que estaba anclado en la bahía de Buntau, para recoger justamente a refugiados o a personas que huían de aquella situación verdaderamente caótica y dramática que se estaba viviendo.

Un tanque del Vietcong entra al palacio presidencial el 30 de abril.
Saigón cayó en manos del Vietcong el 30 de abril.

Indudablemente, morir lo daba por casi, casi hecho. Yo viví ese día muchas contradicciones. La primera fue un deseo casi instintivo de quedarme, de ver qué iba a pasar con el Vietcong. Pero los otros miembros del equipo y otros corresponsales extranjeros me disuadieron.

Después, cuando subíamos por las vallas que rodeaban la embajada, en medio de una multitud enorme -yo era el último- en aquel momento hubo un movimiento de gente que casi nos aplasta y en ese momento vi a una mujer mayor que estaba muy cerca de mi con un niño muerto en los brazos.

Sentí una impresión enorme y entre el cansancio, la tensión y el nerviosismo sufrí un pequeño desmayo y sólo recuerdo que en aquel momento me dije: "bueno, yo me quedo aquí a ver qué pasa o me muero aquí igual que este niño" y casi me derrumbé.

Pero desde lo alto de la valla, que sería como de dos metros y medio o tres, uno de los compañeros, un camarógrafo, me gritó: "¡Diego, Diego, Diego!!!". Me hizo reaccionar, me agarraron de las manos, empezaron a tirar de mi hacia arriba y conseguí saltar al interior de la embajada, donde también reinaba un caos impresionante".

Destino Filipinas

"Había varios centenares de personas refugiadas, los funcionarios, personas de otras embajadas y algunos vietnamitas que se ve que eran colaboradores del gobierno norteamericano y que estaban esperando la evacuación.

Helicópteros artillados de EE.UU. en Vietnam.
La evacuación desde al embajada estadounidense se realizó en helicópteros de guerra.

Allí enseguida nos pusieron en filas, nos dieron un número y a los periodistas nos dejaron prácticamente para lo último. Fue de madrugada. Se oían permanentemente ráfagas de ametralladora, helicópteros estadounidenses sobrevolaban la embajada, protegiéndola, disparando continuamente.

Sobre las cuatro y media de la mañana, las cinco, nos embarcamos en uno de estos helicópteros gigantes y nos sacaron, primero hacia un barco de la flota norteamericano. Recuerdo que desayunamos con los oficiales. Y poco después nos pasaron a un carguero puertorriqueño, en el cual no había nada, era un cascarón vacío.

Éramos prácticamente los primeros, pero en las horas siguientes se fue llenando con la gente que llegaba en embarcaciones pequeñas de todo tipo.

Estuvimos allí anclados día y medio hasta que el barco se llenó a rebosar, eran unas cinco mil personas. Luego inició la navegación hacia Filipinas. No comimos nada, nada, nada y prácticamente no bebimos en cinco días y medio. Aquello también fue desesperante, bajo un calor impresionante hasta que llegamos, también de madrugada, a una base norteamericana en Filipinas".

Treinta años después

Han pasado 30 años y tengo que decir que cuando recuerdo muchos hechos que ocurrieron, no solamente en esas horas finales sino en los tres meses que estuvimos allí tomando imágenes, a veces metiéndonos en medio de los combates, viviendo en una tensión permanente, permanente, con un nerviosismo enorme, viendo las mayores calamidades que pueda uno imaginarse.

Recuerdo una vez que en una pradera enorme vi decenas y decenas de cuerpos esparcidos, consecuencia de los bombardeos. También un día, el helicóptero en que viajaba fue ametrallado.

Que todavía siga habiendo guerras, me parece terrible. Me parece lo peor que se puede decir de la condición humana

En fin, todo aquello me traumatizó bastante. Lo recuerdo y todavía me estremezco. Cuando regresé estuvimos cuatro o cinco días en Manila. Pasamos reconocimientos médicos. Dos de los compañeros del equipo de televisión se pusieron enfermos, uno de ellos francamente grave. No regresamos a España hasta que estuvo bien.

Tengo que decir que tardé muchos meses en poder dormir con tranquilidad. Fui a un psiquiatra y me recetó algún tranquilizante porque las noches se volvían terribles. Me dormía enseguida porque estaba agotado, pero cuando menos esperaba empezaba a pegar saltos en la cama, con unas pesadillas enormes. Sentía que me caían bombas por todas partes.

Me hizo ver la vida de otra manera. Luego volví a muchas otras guerras, pero siempre me las he tomado con mucho rechazo. Yo creo que la guerra es una bestialidad del hombre que hay que intentar evitar por todos los medios.

Lo triste es que con el paso de los años, el aumento de la cultura, el aumento de nuestra capacidad económica, que todavía siga habiendo guerras, me parece terrible. Me parece lo peor que se puede decir de la condición humana".



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