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Martes, 26 de abril de 2005 - 13:40 GMT
Muñoz Molina y El Quijote chamuscado
Antonio Muñoz Molina.
El escritor, en un acto reciente realizado en el Pen Club, en Estados Unidos. (Foto: Beowulf Sheehan/PEN American Center.).

Antonio Muñoz Molina es uno de los escritores españoles más destacados de las últimas generaciones.

Se dio a conocer con obras como Beltenebros y el Invierno en Lisboa, en las que mezclaba de manera particular la novela negra con literatura de alto vuelo.

Luego se embarcó con novelas de más envergadura, como El Jinete Polaco, Plenilunio y Sefarad, que cimentaron su prestigio como narrador.

Su última obra es Ventanas de Manhattan, una visión personal de Nueva York, ciudad en la que vive desde hace algunos años y en donde dirige el Instituto Cervantes.

Desde allí conversó con Juan Carlos Pérez Salazar de la BBC sobre El Quijote, lecturas y relecturas.


-¿Recuerda su primera lectura del Quijote?

Pues mire, lo recuerdo perfectamente, porque se da la paradoja feliz de que en la casa en que yo nací, que pertenecía a una familia de agricultores en la que no había muchos libros, pero mi abuelo materno durante la Guerra Civil, en el incendio de una biblioteca había salvado unos cuantos libros y uno de ellos era un Quijote.

Lo leí con perfecta inocencia, sin saber que era El Quijote, que era una obra maestra

Un Quijote que tenía los bordes quemados. Él no lo había leído nunca, porque apenas sabía leer, pero lo guardó en casa por ese amor que la gente trabajadora tenía hacia los libros, ¿no?

Y yo lo encontré cuando era un niño muy lector, que leía todo lo que caía en mis manos. Lo leí con perfecta inocencia, sin saber que era El Quijote, que era una obra maestra ni nada.

Para mi fue una de mis primeras grandes experiencias de lectura.

-¿Recuerda qué impresión le causó?

Sobre todo me reía mucho. Me reía mucho y reconocía... Porque para un niño el lenguaje es un problema, pero el lenguaje del Quijote se parecía bastante al del mundo rural en el que yo vivía.

Es muy curioso, pero una parte de ese lenguaje que para una persona de ciudad es más hermético, para mí era familiar.

-Eso era en Úbeda, ¿no?, donde usted nació.

Si, en Úbeda provincia de Jaén, que por otra parte es muy cerca de La Mancha. Las aventuras de Don Quijote en Sierra Morena suceden a 50 kilómetros de mi casa.

-Me imagino que usted ha releído el Quijote...

Muchas, muchas veces.

-...¿Se acuerda si en distintos momentos le ha dicho diferentes cosas?

Sí, según me he ido haciendo mayor. Después he encontrado su parte de melancolía, ¿no?, su parte de profundidad. Siempre encuentro cosas que me digo, bueno ¿y esto como no me di cuenta antes?

Siempre encuentra uno algo pertinente

Recuerdo la pasada primavera, que estaba releyendo la primera parte y era en la época en que se habían descubierto aquellas imágenes terribles de las torturas en Abu Graib, en Irak, y estaba leyendo un pasaje en el que Don Quijote, insensatamente, libera a los galeotes, a los presos y dice una cosa que se me quedó clavada: "no está bien que unos hombres se hagan verdugos de otros hombres no yéndoles nada en ello". Siempre encuentra uno algo pertinente.

Otra cosa que he encontrado cada vez más es la conciencia de su sutileza narrativa. La cantidad de juegos narrativos que tiene, la meta literatura que hay dentro. El modo en que crea la novela y se burla de ella.

-Si ese es un tema que quería tocar, el de qué le dice El Quijote a un lector contemporáneo

Hablando sin retóricas, sino como lector apasionado de literatura: El Quijote es la primera novela. Y al mismo tiempo parece la última, porque es una novela que tiene otras novelas dentro, en la que se juega con el punto de vista, con la falta de credibilidad del narrador... Es decir todo esos artificios que ahora se consideran postmodernos...

-Exactamente.

...Y que son tan beneficiosos para el bienestar de tantos académicos, están ya ahí. Todos esos juegos que parecen lo último, lo más propio de estos tiempos en que dicen que han terminado los grandes relatos, en que todo está sometido a la ironía, a la parodia, todo eso está ahí. ¡Entonces no será tan propio de estos tiempos!

-Es extraordinariamente moderno

Si, esa es la sensación más poderosa que me da.

-¿Le es posible rastrear en su obra la influencia del Quijote?

Eeeh... Yo creo que sí. Hay una influencia que me parece formativa e importante que es un cierto sentido de la ironía y de nombrar las cosas sin llegar a nombrarlas del todo. De sugerir.

Otra paradoja: El Quijote se supone que es la obra máxima de la literatura española, pero no es nada española, en el sentido en que en muchas cosas no se parece a lo que se considera propiamente español.

Es una novela que tiene otras novelas dentro, en la que se juega con el punto de vista, con la falta de credibilidad del narrador... Todo esos artificios que ahora se consideran postmodernos

Y por otra parte tiene un sentido del humor tan delicado, tan respetuoso, que no es muy propio de lo que se llama humor español, que a mi me molesta mucho.

Es decir: es mucho más español Quevedo, con su risa fuerte, con su burla abierta de los débiles, ¿no?

En El Quijote siempre hay una delicadeza, una ironía muy esquinada y sutil, que a mi me hubiera gustado haber aprendido no ya para mi escritura sino para mi vida.

Y luego hay muchas cosas que he aprendido de él. Una cosa muy importante es que en El Quijote siempre somos concientes de que la historia la está contando alguien.

Cuando uno empieza a leer, por ejemplo... la Educación Sentimental de Flaubert, empieza "El día tal de mil ochocientos cuarenta y tantos, el buque tal salió de no se dónde", parece que quien está contando es Dios.

-El narrador omnisciente

Exactamente, un narrador, además que está por encima de las cosas y aparte de ellas. En Don Quijote siempre se sabe quién está contando y eso, claro, pone muchas cosas en duda, porque ese que está contando, puede estar mintiendo, inventando.

La gran broma de El Quijote es que se supone que viene de un morisco, del Cide Hamete Benengeli, que es un artificio tomado de las novelas de caballería, pero que también tiene un sentido político.

Se supone que estamos leyendo una historia que procede de la narración de un embustero, porque como dice alguien dentro del mismo Quijote, según la propaganda de la época, de quien menos se puede fiar uno es de un morisco.

-¿Hay algo más que le llame la atención especialmente?

Hay una cosa también llamativa y es que la gran herencia del Quijote no ha estado exactamente en la literatura en español. Yo creo que en la literatura española el único gran heredero del Quijote es (Benito) Pérez Galdós.

En cambio una gran parte de la literatura inglesa y de la literatura en inglés no se podría entender sin El Quijote. Fieldings, Sterne, Dickens. Lo dicen además abiertamente.

Hace unos meses estaba leyendo parte del Ulises y vi que había como ese juego, esa cosa ambulante, ese relato que se va desgranando. Lo vi muy cervantino.

-Ahora, en el mundo anglosajón, se comenta mucho una traducción reciente de Edith Grossman, que también ha traducido a varios autores latinoamericanos

Si, si. Efectivamente su traducción, que yo he mirado con cuidado, me parece muy buena. Ella decía una cosa muy importante: que se planteó traducir El Quijote en su contemporaneidad, no como una obra arqueológica. Y creo que lo ha conseguido.



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