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Viernes, 22 de abril de 2005 - 10:35 GMT
Tras las huellas de Dulcinea

Diana Zileri
BBC Mundo

Rincón de El Toboso
Las calles tenían un ambiente un tanto romántico. Estaban vacías. Sensación que da en otros pueblos de La Mancha
A El Toboso fuimos una tarde sin haber hecho ningún contacto para averiguar sobre Dulcinea, la amada de Don Quijote. Al fin y al cabo, todo ese amor por el cual sufría el hidalgo era imaginario.

Las calles tenían un ambiente un tanto romántico. Estaban vacías. La misma sensación que dan otros pueblos de La Mancha y que, como descubrimos después, pueden llegar a ser unas verdaderas cajas de sorpresa.

Nuestra ilusión de encontrar a Don Quijote y Dulcinea se fue materializando de a poco, conforme fuimos conociendo el lugar.

Lo primero que escuchamos fueron los cascos de un caballo. Fuimos tras él, con la ilusión de encontrar al Quijote, pero nos chocamos con la realidad. Era un lugareño más parecido a Sancho Panza, pero con un caballo blanco que bien podría haber sido Rocinante.

Seguimos rodando sin rumbo por las calles que en su mayoría tienen nombres de poetas, y encontramos el primer indicio de esa relación platónica del caballero.

Estatuas de El Quijote y Dulcinea frente a la catedral.
Declaración de amor del caballero a la pastora.
Una gran estatua de hierro frente a la catedral de El Toboso donde suponemos que Don Quijote, de rodillas, declara su amor eterno a Dulcinea, quien muy digna se mantiene de pie.

Esta relación es la principal razón por la cual las personas visitan el lugar. La casa de Dulcinea, bueno Ana Aldonza Lorenzo, la campesina de la cual se enamoró Don Quijote e idealizó, no queda muy lejos de ahí.

Y como comprobamos, su espíritu sigue presente.

El legado de una pastora

Muchas mujeres de El Toboso se llaman Dulcinea y las niñas crecen jugando a que ellas son las amadas de Don Quijote. Este es el caso de Maria Isabel, Arantxa, Patricia y Montserrat.

Para ellas leer pasajes de la novela de Cervantes con un megáfono desde la ventana del colegio para compartir su lectura, es parte de su formación.

Además la ilusión que tienen de que alguien, algún día, les mande una carta "tan bonita" como la que le manda Don Quijote a Dulcinea.

Esa tarde, las Dulcineas de El Toboso se desviaron de su clase de música para llevarnos a conocer a uno de los Quijotes de su pueblo, quien trabaja en un bar llamado como la heroína de la literatura: Dulcinea.

Juan junto a María Isabel, Arantxa, Patricia y Montserrat.
El Quijote de hoy junto a un grupo de dulcineas que viven y crecen en El Toboso.
Juan es un actor de 20 años que dice que "se estrella habitualmente con algunos molinos por tratar de hacer el bien y empequeñecer algunas injusticias de la sociedad actual".

A pesar de sus esfuerzos, Juan considera que los molinos son los mismos gigantes a los cuales se enfrentó Don Quijote. Y aunque es difícil conseguir algo, "es importante intentarlo".

Por lo pronto, Juan considera que gracias a Cervantes "tenemos algo tan bonito y ahora nos toca a nosotros devolver su parte, actuando el libro y movilizándolo por las calles".

Los idiomas del Quijote

Esto es algo que hace Isabel Fernández, dueña de la Casa de La Torre, unas cuadras más allá del Bar Dulcinea.

Hace diez años, Isabel dio un cambio radical en su vida para crear lo que podría haber sido en la época la casa de Dulcinea o del hidalgo.

Su idea es que quien se hospede en su casa entre de la mano de Don Quijote para conocer la historia, la gente y las costumbres de La Mancha.

Una parte es posible encontrarla en las hojas de la novela "si lee despacito el Quijote", señaló Isabel.

Isabel, quien trabajó como directora de ventas de cosméticos, dejó los lápices de labios y el rubor por coleccionar el libro Don Quijote de la Mancha en todas las lenguas del mundo.

Isabel Fernández
La intención de Isabel es que El Quijote disfrute con sus historias en cada uno de los 37 idiomas a los que ha sido traducido.
Hasta ahora tiene la novela en 37 idiomas. Desde español, inglés y chino hasta árabe y noruego. En los anaqueles del Aposento de los libros de Don Quijote también hay una edición en alfabeto Braille.

Isabel se ha convertido en una especie de ama de los libros de Don Quijote. A esta colección de la novela se suman también los libros de caballería que se escribieron en la época.

La razón de esta afición es que para Isabel unos de los pasajes más tristes de la novela es cuando en el capítulo VI, la ama y sobrina de Don Quijote, con complicidad del barbero y el cura, le queman sus libros y le tapean su aposento.

Esta habitante de El Toboso busca "devolverle a Don Quijote" sus libros para que pueda disfrutar de ellos todos los días de la eternidad.

Algo que nos inspira hacer lo mismo a nosotros después de haber pasado una tarde en El Toboso. Nunca imaginamos encontrar en este pueblito de La Mancha no sólo a Dulcinea, sino al Quijote y sus libros.

ESCUCHE/VEA
Carta a Dulcinea
Serie Especial



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