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Viernes, 18 de noviembre de 2005 - 16:12 GMT
Víctor Pey: España y Chile
Manuel Toledo
BBC Mundo

Víctor Pey en su casa en Santiago. Foto: Manuel Toledo
Víctor Pey en su casa en Santiago.
Víctor Pey fue uno de los miles de españoles que tuvieron que partir al exilio al final de la guerra civil.

Pey, quien entonces era un joven ingeniero catalán, se había alistado como voluntario en el lado republicano.

Ahora vive en Chile, a donde llegó en 1939 gracias a la intervención de Pablo Neruda.


¿Qué recuerda usted del 20 de noviembre de 1975?

Hacía más o menos un mes que Franco estaba condenado a muerte. Se trataba de un día más o un día menos. De manera que era una noticia esperada.

Hombres leen sobre la muerte de Franco.
Para muchos, la pregunta era qué iba a pasar después.
Respecto a cuáles iban a ser las consecuencias, recuerdo muy bien que se estaban tratando de tomar posiciones para el momento en el cual Franco muriese.

Las dudas no estaban en el hecho de que se pudiesen producir movimientos revolucionarios -era otra etapa, ya no sólo de España, sino del mundo y de Europa, sobre todo - sino en cuáles iban a ser las formas de desarmar eso que Franco decía que había quedado "atado y bien atado".

¿Y cuán bien atado quedó?

La realidad demostró que fue desatado con mucha facilidad. Ahí participó fundamentalmente Adolfo Suárez, quien había sido ministro del Movimiento.

La realidad demostró que fue desatado con mucha facilidad
En la historia ha habido muchos procesos políticos en los cuales se ha querido dejar la cosa cristalizada, para que no se pudiese mover.

La historia, las sociedades, son algo dinámico y naturalmente no hay dos procesos iguales, pero no se puede parar el tiempo ni la historia.

En el caso español, la cosa fue mucho más sencilla de lo que se había supuesto porque simplemente fueron acciones de índole político-administrativa las que deshicieron todo lo que parecía que estaba cristalizado.

Se produjo esa transición en la cual hubo arreglos políticos que todavía no están totalmente clarificados, pero todas las fuerzas, prácticamente, cedieron en lo que se refería a los espacios de influencia que pensaban tener en los gobiernos que siguieron de inmediato.

¿Cuál fue su participación en la guerra civil? ¿Cómo fue su vida en esa época?

Víctor Pey durante la Guerra Civil Española, 1938.
Víctor Pey durante la Guerra Civil Española, 1938.
Yo estaba en Barcelona y estuve en el frente de Huesca, pero por muy escaso tiempo.

Se puso de manifiesto la necesidad de transformar la industria civil, especialmente la metalúrgica, a una industria que pudiese abastecer material de guerra para los frentes, en las cosas más inmediatas, como el blindaje de camiones y la fabricación de municiones.

En el transcurso de unos meses, tuvimos movilizada toda la industria metalúrgica y química catalanas para las necesidades de esta guerra que se hizo estable y prolongada.

Participé a través de la comisión de industrias de guerra de la Generalitat de Cataluña.

Después usted tuvo que escapar de España.

Barcelona cayó el 26 de enero de 1936. El derrumbe del frente de Aragón fue vertiginoso. Se suponía que Barcelona podía resistir más, pero su caída fue muy rápida.

En ese momento, yo pertenecía a la subsecretaría de armamentos del Comité de Defensa Nacional y recibí la orden de dirigirme a Olot, donde teníamos una fábrica de material de guerra, con el objeto de resguardarla para la provisión de la resistencia que se suponía que iba a hacerse en Barcelona.

Cuadro del "Winnipeg" regalado por el capitán Gabriel Pupin a la hermana de Víctor Pey.
Barco "Winnipeg" en el que Pey y su familia viajaron a Chile.
Pero todo se precipitó y, en cuestión de días, tuvimos que abandonar Olot e ir hacia la frontera para escapar por los Pirineos, en invierno, y llegar a Francia.

Así llegamos al campo de concentración francés de Levolou y de ahí nos trasladaron a Perpiñán, de donde con ayuda de la masonería española y francesa -mis padres habían sido masones- nos llevaron a Lyon.

De Lyon, me fui por mi cuenta a París para tratar de gestionar mi salida y la de mi familia de Francia porque se veía llegar la Segunda Guerra Mundial.

Fue ahí donde supe que Pablo Neruda había llegado como cónsul especial para los refugiados españoles, lo conocí y conseguí ser incluido en su cupo de elección personal para venir a Chile en el barco "Winnipeg".

Usted llegó a ser un amigo muy cercano de Salvador Allende. Cuando el presidente Allende muere y usted tiene que volver a convertirse en refugiado, ¿pensó en algún momento que se podía establecer un paralelismo entre lo que estaba pasando en Chile y lo que había ocurrido en España?

Ese paralelismo estuvo presente durante todo el proceso de la Unidad Popular en Chile.

Salvador Allende, presidente de Chile
Allende lo tenía muy presente, me preguntaba muchas veces. Yo le conté reiteradamente toda la experiencia de España
Allende lo tenía muy presente, me preguntaba muchas veces. Yo le conté reiteradamente toda la experiencia de España.

Se hacía también paralelismos entre personajes de los socialistas y de los comunistas en Chile y en España, etc.

No hay que olvidar que, durante las postrimerías de la Guerra Civil Española, en Chile se llevó a efecto una elección presidencial cuya campaña estuvo muy marcada por lo que estaba ocurriendo en España y en Europa entera, con el fascismo y la defensa contra el fascismo.

La campaña electoral que llevó a Pedro Aguirre Cerda a la presidencia de Chile, en 1938, se hizo con discusiones sobre la Guerra Civil Española.

De manera que en Chile permanecieron muy vigentes los paralelismos entre los procesos políticos chileno y español.

¿Y usted cuándo regresó por primera vez a España?

Cuando ocurrió el golpe de Estado en Chile en septiembre de 1973, me asilé en la embajada de Venezuela en Santiago. De Venezuela fui a Francia, de ahí a Perú.

Funeral de Franco en Madrid.
En los años siguientes, la evolución del pueblo español y de la sociedad española fue vertiginosa
Regresé a España inmediatamente después del fallecimiento de Franco.

El cambio que había sufrido la sociedad española -desde que yo tuve que irme en 1939- era muy profundo: en la manera de ser, la manera de enfocar los problemas.

Todavía existía un temor muy grande, como resultado de 40 años de franquismo.

Me encontré con un pueblo bastante adormecido, temeroso de hacer cualquier pronunciamiento, no había confianza en los amigos todavía, a pesar de que Franco acababa de morir.

Después, en los años siguientes, la evolución del pueblo español y de la sociedad española fue vertiginosa.

Y, por último, ¿qué cree usted que Franco diría si levantara la cabeza?

Yo creo que Franco hoy día está ponderado en su verdadera dimensión o en una bastante cercana, ya que nunca se tiene la verdad absoluta.

Franco significó un peso trágico y terrible, un atraso muy grande
El pueblo español está consciente de que el papel de Franco significó un peso trágico y terrible, un atraso muy grande.

Representó un enorme alejamiento de lo que significaban los movimientos liberadores, de justicia social y de avance cultural.

Y creo que hoy día, para el pueblo español, es un referente de lo que no debe ocurrir y lo que no se debe hacer.

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