Niños a bordo del SS Habana. Foto: Manuel Moreno, Asociación de Niños Vascos del 37.
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En 1937, cerca de 4.000 niños vascos fueron traídos al Reino Unido para que escaparan de los horrores de la Guerra Civil Española.
Incluso antes de que llegaran, hubo una gran controversia sobre la operación, ya que muchas personas consideraban que una acción de ese tipo violaría la posición oficial británica de no intervención en esa guerra.
Sin embargo, después de la destrucción de Guernica por los bombarderos alemanes, crecieron los temores por la seguridad de la población civil de la cercana Bilbao.
El gobierno británico cedió y permitió la evacuación, pero no quiso dar ningún apoyo financiero.
El 21 de mayo, 3.800 niños, acompañados por maestros, asistentes y sacerdotes, embarcaron en el SS Habana para atravesar la tormentosa bahía de Vizcaya, rumbo al Reino Unido.
Separación
Las condiciones a bordo eran de hacinamiento, lo que multiplicó el sentimiento de angustia de los niños, después de haber dejado atrás a sus padres para partir a una tierra extranjera, como recuerda Bene González, quien entonces tenía 15 años.
El bombardeo de Guernica fue denunciado por Pablo Picasso.
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"De noche los niños lloraban, empezaba uno y le seguían los demás...todavía me acuerdo de cómo los niños lloraban y llamaban a sus familias", dice.
"Había un niño rubio, de ojos azules, con lágrimas en la cara, diciendo: 'Quiero ver a mis padres'. Yo le dije: 'No te preocupes, guapo, que tus padres te van a venir a buscar enseguida'. Muchos se dormían llorando, todos llamaban a sus familias".
Presión nacionalista
En el Reino Unido hubo una gran movilización de voluntarios para ayudarlos.
Un caso conocido es el de una joven que estudiaba en la Universidad de Oxford y fue a ayudar a los niños en una residencia de refugiados cercana. Allí conoció a un maestro que había escapado de España, Luis Portillo. Uno de los cinco hijos que tuvieron, Michael Portillo, llegó a ser ministro de Defensa británico.
Michael Portillo (centro), con "niños" vascos del 37.
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Cuando Bilbao cayó en manos de los nacionalistas, diversos periódicos y políticos de derecha comenzaron a decir que se tenía que devolver los niños a sus padres.
Por esa época muchos padres habían huido de España, mientras que otros habían sido apresados por las fuerzas de Franco o estaban tratando desesperadamente de sobrevivir bajo el nuevo régimen.
Peones de la política
Las discusiones entre políticos, organismos humanitarios y la iglesia católica española eran cada vez más mordaces y complejas, mientras debatían el cuidado y la repatriación de los menores.
Miles de refugiados fueron a parar a otros países de Europa y de América Latina.
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En medio del delicado clima político de finales de los años 30, mientras que las oscuras nubes del fascismo se extendían por Europa, los niños se convirtieron en peones de los juegos de la política nacional e internacional.
El comité que se había establecido para cuidarlos insistió en que no se debía enviar a ninguno a Bilbao sin una solicitud por escrito y verificable de sus padres.
Sin embargo, en momentos en que la guerra mundial parecía inevitable, en parte por conveniencia política y en parte por falta de fondos, muchos niños fueron repatriados sin la autorización de sus padres.
Devastación
Los niños que regresaron, se encontraron con un país devastado por la guerra civil, en el que Franco se estaba vengando de quienes le habían ofrecido resistencia, como recuerda Isobel Andrews.
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Él había sembrado el terror en todas partes. Todo el mundo tenía miedo
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"Estaba matando a mucha gente. No importaba que uno no hubiera hecho nada. Sus hombres, los hombres de Franco estaban matando a muchos", dijo.
"Él había sembrado el terror en todas partes. Todo el mundo tenía miedo. Uno nunca sabía a quién tenía al lado. Franco no fue nada bueno para el pueblo vasco".
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, todavía se estaba enviando niños de regreso a través del canal de la Mancha y de Francia, pero algunos no se fueron y en la actualidad cerca de 400 "niños" vascos siguen viviendo en el Reino Unido.