Varios colombianos conversaron con BBC Mundo sobre sus experiencias personales en torno a las barras bravas de Colombia.
A continuación podrá leer sus testimonios.
Hammer: Barra del Barón Rojo
Ricardo F. Giraldo: Gobierno de Manizales
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Padre Alirio: Sacerdote católico
Pipe Garcés: Barra del Barón Rojo
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Padre Alirio
El Padre Alirio, él mismo un hincha del fútbol, ha trabajado con todas las barras de Bogotá desde 2001.
Comencé a trabajar con las barras en 2001. Antes, no había una vinculación de las barras, ni un contacto directo de las barras con la alcaldía ni con la secretaría de gobierno, ni mucho menos con la policía.
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El 80% de los muchachos de estas barras intensas son muchachos desesperanzados
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Podríamos decir que el manejo de las barras hasta hace unos cinco años era un manejo eminentemente de represión.
Cuando llego a la alcaldía como consejero de Antanas Mockus (ex alcalde de Bogotá) en el programa "Vida sagrada" entonces integramos un programa que se llama "Goles en paz", que lo creamos para meternos de lleno al estadio, comenzar a pacificar el estadio y trabajar en tres frentes: una autorregulación, una creatividad y hospitalidad en torno a la convivencia de barras y en torno a que el estadio se convierta en escenario de paz.
Contexto social
Entonces me metí de lleno a estudiar el fenómeno cultural, filosófico, social, religioso, y yo diría psicológico de estos muchachos. Aquí no podemos hablar de barras "bravas" todavía, no nos podemos comparar con Inglaterra o Argentina. Aquí estamos trabajando con barras intensas.
Durante estos cinco años llevamos 225 partidos en cero problemas: porque nos metimos de lleno y los muchachos creen en nosotros. Y los convocamos y les ayudamos y les buscamos espacios de capacitación para que generen productividad. En estos momentos estoy viendo con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), buscando posibilidades de capacitación. Quiero que este programa sea a nivel nacional y no sólo en Bogotá.
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Las pandillas son producto de la indiferencia social pero también de la deserción escolar
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Durante esos 225 partidos, la violencia se salió del estadio y se proyectó en las localidades, y allí estamos interviniendo.
El 80% de los muchachos de estas barras intensas son muchachos desesperanzados, muchachos que no tienen oportunidad alternativa, son muchachos con un fenómeno de deserción escolar, muchachos de baja autoestima, de violencia intrafamiliar. Entonces queremos que se capaciten en diferentes áreas para que tengan la posibilidad de productividad.
Entonces me parece que la propuesta va a generar esperanza en las diferentes ciudades, porque quiero que tanto en Medellín, Manizales, Cali, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, se tenga un comité de seguridad, con un protocolo claro, donde se integren las barras, donde las instituciones de los diferentes equipos se integren y donde la policía entre a jugar un papel muy importante.
Responsabilidades
Las pandillas son producto de la indiferencia social pero también de la deserción escolar. Tiran el estudio, quieren el dinero fácil, pero también sienten la presión familiar de la "vieja" o del padrastro de que tienen que traer algo para acá, porque "usted no va a vivir de gorra acá, tiene que producir".
Entonces son muchachos con ese fenómeno social, cultural, psicológico, y también con una indiferencia religiosa: porque cuando usted ve las banderas o mensajes hay un trasfondo de satanismo y de anarquía impresionante.
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Si vamos a echar culpas tenemos
que mirarnos cada uno
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Entonces venimos trabajando en esto intensamente, nos integramos con ellos, nos reunimos... hay líderes muy buenos... y todo esto nos ha llevado a crear un comité de seguridad, a tener un protocolo, a tener un decreto de manejo de barras y a capacitar a la policía (ésta es la primera ciudad que tiene una capacitación de la policía para el manejo de barras), y especialmente a devolverle la seguridad al estadio, para que la gente vaya a apoyar a su equipo.
La responsabilidad es de todos, pero especialmente del estado. Falta una política pública juvenil. Una responsabilidad grave.
La responsabilidad es también, de las familias, de la educación -hay una pésima educación- y la responsabilidad es de los muchachos mismos.
Si vamos a echar culpas tenemos
que mirarnos cada uno.
