Los años posteriores al fin de la Guerra Fría dieron pie a una transición política global sin precedentes.
El fin de la Guerra Fría trajo cambios sin precedentes.
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Estos son años de intensa actividad geopolítica en los que se producen desplazamientos, reacomodos y el surgimiento de nuevos poderes y protagonistas.
Uno de esos desplazamientos, tiene que ver con un nuevo eje de poder global.
Desde un punto de vista de bloques geográficos, diríamos que en los últimos 400 años, hemos vivido dos grandes cambios.
Los desplazamientos geográficos del poder
El primero, el ascenso de Europa, entre los siglos XVI al XVIII, donde se consolida su posición como un bloque rico, ambicioso y dominante.
El segundo, el ascenso de Estados Unidos a partir de fines del siglo XIX, hasta llegar a convertirse en la nación más rica y poderosa.
Tras la guerra Fría, EE.UU. quedó como la única superpotencia.
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Éste es un proceso que, según expertos, alcanza su cúspide en los primeros años posteriores al final de la Guerra Fría.
Tal era el halo de invencibilidad de Estados Unidos en ese momento, que un político francés llegó a hablar de Hiper-poder. Esto en referencia a que la capacidad económica y militar de esa nación estaba a años luz de sus más cercanos rivales.
Desafíos al poder unipolar
Pero al poco tiempo, ese escenario de invencibilidad empezó a cambiar, con una rapidez con la que muchas veces sólo los fenómenos naturales suelen sorprendernos.
La caída del muro de Berlín fue un potente símbolo. Con él cayeron las preocupaciones ideológicas y armamentistas que habían consumido el interés de un planeta dividido en dos.
Sobre sus escombros empezaron a avanzar otras huestes: los nacionalistas - que libraron las primeras guerras en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Los religiosos - que empezaron a obtener mayor protagonismo político. Los globalizadores - que tomaron el planeta como un gran bazar. Y la lista continúa creciendo.
Los atentados del 11S demostraron la vulnerabilidad de EE.UU.
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Los eventos del 11 de septiembre trajeron consigo otro tipo de simbolismo: la vulnerabilidad del gran poder.
Esto a su vez sentó las bases para un nuevo reacomodo ideológico del planeta que, todo parece indicar, no es más que una repetición del esquema elaborado durante la Guerra Fría: buenos contra malos.
Pero los desafíos no sólo se limitaron al poder político y a la influencia de Estados Unidos.
Desafíos económicos
La emergencia de las grandes economías de China e India, así como las de la Unión Europea y países como Brasil o los del Sudeste Asiático, impusieron sus propias limitaciones sobre la expansión del poder económico estadounidense.
El ascenso de China ya no es una predicción. No es el propósito aquí entrar en los detalles de esa economía, pero todos estarán de acuerdo que hoy, para hablar de esa nación, hay que hacerlo en superlativos.
Hay una lógica que hace creer que China será la próxima superpotencia. Pero no todos piensan que la ecuación sea tan inmediata.
El siglo asiático
China es vista como la próxima superpotencia.
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Hay expertos que ven a Asia como el nuevo eje de poder para el siglo XXI.
No sólo en relación al ascenso de China, sino a que las potencias emergentes de esa región puedan articular un tipo de organización que multiplique su poder e influencia global.
Según el profesor Zhu Feng, de la Universidad de Pekín, China llegará a ser la segunda economía más grande del planeta y la de más rápido crecimiento, pero sus dirigentes, dice, todavía necesitan solucionar deficiencias financieras y sociales antes de empezar a pensar en convertirse en una superpotencia.
Si bien se calcula que en los últimos 20 años, Pekín ha sacado de la pobreza a unos 300 millones de chinos, es también cierto que hay unos 800 millones de personas más que siguen siendo muy pobres.
Según estos cálculos, le dijo Zhu Feng a la BBC, el gobierno comunista pasará buena parte de las próximas décadas enfrascado en conseguir mejores estándares de vida para esa población.
El papel de Europa
Por otro lado, hay analistas que creen que el auténtico desafío para Estados Unidos será Europa. A pesar de sus problemas actuales, su economía conjunta se va consolidando.
La economía europea se está consolidando.
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De hecho, como un solo bloque, en el año 2004 ya se le consideraba la más grande economía del planeta - con un PIB de US$12 billones.
Pero el desafío aquí no sólo es económico. Su política exterior ha empezado a definirse en línea opuesta a la de Washington - como en los casos de Irak e Irán.
Y Europa, a pesar de sus diferencias políticas actuales, parece tener principios fundamentales que la diferencian de EE.UU. - como su posición contra la pena de muerte, la posesión de armas o el aborto.
Desafíos internos
Pero los desafíos al poder único no sólo provienen de agentes externos.
El déficit fiscal es uno de los mayores problemas de Estados Unidos.
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Expertos consideran que sus propias políticas fiscales han sido irresponsables. EE.UU. ha dejado de ser una nación acreedora, para convertirse en una nación deudora y su déficit comercial aumenta en records históricos.
Solamente la deuda externa de esta superpotencia es hoy de casi ocho billones de dólares. Es decir, ocho millones de millones de dólares. Lo que lo hace el país más endeudado del planeta.
Según datos publicados en la prensa de ese país, el endeudamiento externo ha venido aumentando a un ritmo de US$1.500 millones por día, desde septiembre de 2004.
¿Un poder en decadencia?
Si es verdad, como plantean algunos especialistas, que Estados Unidos ya no es el poder absoluto que pareció ser a principios de los 90, vale la pena preguntarse entonces si puede seguir siendo una superpotencia.
John Cavanagh, Director del Instituto de Políticas en Washington, es de los que cree que esta nación se encuentra en declive.
En conversación con la BBC, señaló que esto se debe, en gran parte, a su irresponsabilidad financiera y sus gastos militares no productivos.
Para los que como él, ven a Estados Unidos en decadencia, entonces calculan que en menos de una década dejará de tener ese estatus.
Pero hay que tener en cuenta su poder militar. Y a este nivel, nadie compite con Washington.
Su presupuesto en este sector, sin considerar los gastos en Irak por ejemplo, superan los US$400 mil millones al año. Esto es casi lo mismo que el presupuesto militar de todos los países del mundo juntos.
O, visto de otra manera, sus gastos militares representan cerca del 45% del total mundial. El segundo en gastos es Rusia - y su porcentaje del total es del 7%.
Entonces, a pesar de lo que consideran una disminuida influencia o autoridad moral, su capacidad económica y militar sigue siendo enorme e inalcanzable, por lo que habría EE.UU. para rato.
El futuro del poder
Pero en el futuro no bastarán las armas y el dinero para convertirse en una superpotencia.
Hay quienes como John Moore, de la Universidad de Harvard, que sostienen que es imposible ignorar la creciente fuerza de la sociedad civil globalizada.
Según le dijo Moore a BBCMundo, esto está llevando a un mundo que obliga a las superpotencias del momento a asumir el poder con una responsabilidad global.
Tampoco hay que descartar, como plantea otra posición, que avanzamos hacia un mundo multipolar. Y si esto sucediera, sería difícil contar con superpotencia que tenga todo el poder.
La única certeza del presente, es que continuarán los desafíos y reacomodos. De la sabiduría con que se enfrenten o resuelvan, depende el futuro que nos toque vivir.
¿Habremos visto el final del poder?