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Jueves, 24 de junio de 2004 - 18:00 GMT
Quién es quién en Irak
Heather Sharp
BBC

La tarea de la coalición liderada por Estados Unidos para construir una nueva estructura política en Irak ha requerido negociar una compleja red, plagada de luchas de poder y de una potencialmente explosiva mezcla de grupos religiosos, étnicos y políticos.
Ayatolá Ali Sistan
El ayatolá Ali Sistan es el mayor clérigo chiita en Irak.

A esto se agrega el aumento del resentimiento hacia la ocupación.

Muchos de los iraquíes comprometidos con el proceso político organizado por EE.UU., vieron su credibilidad dañada y debieron enfrentar la amenaza de ataques violentos.

Desde la caída de Saddam Hussein, la anteriormente oprimida mayoría chiita ganó influencia, acorde con el 60% de la población del país que representa.

Muchos chiitas, que son en su mayoría musulmanes, adoptaron como líder un popular clérigo chiita: el ayatolá Ali Sistani.

Hay además dos grandes partidos religiosos chiitas: el Consejo Superior para la Revolución Islámica en Irak (Sciri, por sus siglas en inglés) y el Partido Daawa.

Joven radical

Como Sciri y Daawa trabajaron con la coalición en el Consejo de Gobierno Iraquí -designado por EE.UU.-, una considerable minoría chiita, en su mayoría de origen humilde y marginal, se agruparon en torno al joven clérigo radical, Moqtada Sadr.

Moqtada Sadr
Moqtada Sadr es popular entre la población humilde y marginada.

El Ejército Mehdi, la milicia vinculada a Sadr, protagonizó levantamientos en Bagdad y las ciudades sagradas chiitas de Nayaf y Karbala, en marzo de 2004.

Pero una serie de enfrentamientos ocurridos en las cercanías de algunas de las mezquitas más veneradas provocaron divisiones entre los chiitas. Los seguidores del ayatolá Sistani afirmaron mantener una posición en contra de la violencia.

El ayatolá Sistani pidió tanto a los seguidores de Sadr como a las fuerzas de la coalición que se retirasen de las ciudades sagradas.

Finalmente, Sadr negoció, en marzo, una frágil tregua con la coalición.

Mientras tanto, la minoría sunita -de donde ha surgido históricamente la élite política-, ha visto disminuida su influencia.

Los antiguos miembros del partido Baath, de Saddam Hussein -muchos de ellos sunitas-, fueron despedidos de sus puestos de maestros, soldados y empleados estatales.

Voces emergentes

Se sospecha que militantes sunitas están detrás de muchos de los peores episodios de insurgencia, muchos de los cuales tuvieron lugar en zonas residenciales de mayoría sunita.

Ghazi Yawer
Ghazi Yawer, el presidente interino de Irak, es sunita.

Las medidas tomadas por la coalición para controlar la rebelión y el retraso en el proceso de reconstrucción, aumentaron el descontento y la marginación entre la población sunita.

Algunos miembros del Consejo de Gobierno Iraquí, eran sunitas moderados, incluido Ghazi Yawer, quien se convirtió en el presidente del nuevo gobierno interino.

Regreso de exiliados

Los líderes emergentes en Irak han tenido que enfrentar la competencia de los dirigentes opositores a Hussein que se habían refugiado en Washington o Londres.

Ahmed Chalabi, del Congreso Nacional Iraquí, y Iyad Allawi, del Acuerdo Nacional Iraquí, eran poco conocidos en Irak.

Los dos dirigentes han luchado para lograr credibilidad frente a las sospechas que se levantaron a raíz del apoyo estadounidense que ambos recibieron.

Chalabi fue una vez el candidato favorito del Pentágono para convertirse en líder Irak.

Pero su reputación con la Administración Bush se arruinó tras las acusaciones que lo vincularon a iraníes extremistas y al tráfico de información en los prolegómenos de la guerra en Irak.

Ahmed Chalabi
Chalabi era visto por el Pentágono como el preferido para dirigir Irak.

En contraste, Allawi, fue designado primer ministro del gobierno interino.

Allawi ha sido crítico con la coalición pero se le adjudica una relación cercana con la Central de Inteligencia Estadounidense (CIA).

Esperanza kurda

Los iraquíes kurdos, que representan entre un 15% y un 20% de la población, estuvieron luchando para defender la autonomía que gozaron en los 90, bajo protección estadounidense y británica.

Aunque el deseo final de muchos kurdos es la independencia total, sus líderes se han comprometido a actuar en favor de la protección de sus derechos en el marco de un Irak unido y federal.

Los kurdos ganaron poder cuando los dirigentes chiitas los respaldaron en un conflicto alrededor de una cláusula en la Constitución provisoria iraquí, que les dio poder de veto sobre la Constitución permanente.

Los kurdos estuvieron representados en el Consejo de Gobierno Iraquí y lograron varios cargos en el gobierno interino, incluido uno de los vicepresidentes y el canciller.

Pero, tras una larga historia de persecución por parte de los gobiernos iraquíes, aún piden mayores garantías de autonomía y es poco probable que su milicia sea totalmente desarmada en forma inmediata.

Las minorías turcas y asirias también se han organizado políticamente. Estuvieron representadas en el Consejo de Gobierno Iraquí y tienen cargos adjudicados en el gobierno interino.



 

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