En medio de la devastada economía de Afganistán, el tráfico de opio es uno de los negocios más florecientes.
El presidente interino Hamid Karzai ha dicho que ésa es realmente la principal amenaza para la seguridad del país.
A la ONU le preocupa el gran aumento del tráfico de opio.
|
Algunos expertos incluso se refieren a Afganistán como un "narco-Estado".
En ese marco, se teme que el poder pase a manos de los llamados "señores de la droga" y no del gobierno que resulte elegido el 9 de octubre.
Naciones Unidas estima que 1,7 millones de personas están involucradas en el tráfico de opio en Afganistán y que el cultivo de amapola alcanza a 28 de las 34 provincias del país.
La producción equivale al 50% del Producto Bruto afgano, o sea unos US$2.300 millones.
Antonio María Costa, director de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen, visitó el país en mayo y junio de este año para evaluar la situación.
El corresponsal de la BBC en Afganistán, Andrew North, recorrió el país junto a Costa. Éste es un diario de su viaje.
29 de MAYO, PUERTO SHER KHAN, frontera AFGANISTÁN-TAYIKISTÁN
Una llegada de bajo perfil para el encargado del control de drogas de la ONU: entró por uno de los puestos fronterizos más remotos, a bordo de un pequeño y magullado bote a motor.
Aquí, la frontera afgana significa las aguas enlodadas del río Amu-Darya.
Antonio María Costa venía de Tayikistán, donde estuvo evaluando el impacto de las drogas afganas sobre ese país.
Cada vez más opio y heroína proveniente de las plantaciones de amapola en Afganistán se trafica a través del país y de estados norteños vecinos, rumbo a Rusia y Europa.
"Bienvenido a Afganistán", le dijo el gobernador de la provincia de Kunduz al alto funcionario de la ONU, cuando llegó a la orilla.
No hay muelles de cemento. El puerto sigue en ruinas desde la guerra.
"Encantado de estar aquí", respondió Costa. Pero las amabilidades no duraron mucho.
Mientras servían un té verde, el visitante no tuvo reparos en decir a sus interlocutores que los esfuerzos por cortar el tráfico de droga habían disminuido.
"No sólo ya no hay logros, sino que la situación se ha deteriorado año tras año desde 2001", dijo.
Y Costa tampoco trajo saludos de los vecinos. "Les puedo decir que están enojadísimos con ustedes en Tayikistán", agregó con una sonrisa irónica.
Algunos campesinos dicen que están confundidos por las políticas gubernamentales.
|
"Las autoridades allí me dijeron que han confiscado seis toneladas de heroína y opio en la frontera en lo que va del año", agregó.
Sin embargo, parece que sus expresivos modales italianos le cayeron bien al general Daud, comandante de la milicia conocida como el Cuerpo 6, que ostenta el poder real en esta región.
Daud también tenía sus quejas. Una de ellas era sobre las políticas anteriores del gobierno británico, que encabeza los esfuerzos internacionales para combatir las drogas afganas.
Todo comenzó cuando ofrecieron dinero a los campesinos para que destruyeran sus cultivos de amapola.
Según Daud, a medida que se corrió la voz, muchos comenzaron a cultivar amapola de forma deliberada, esperando recibir dinero británico. Cuando no lo vieron llegar, cosecharon el opio.
"Y todo empeoró enormemente".
Este año ha habido mucha confusión sobre las políticas del gobierno afgano, agregó Daud.
Kabul decretó que se debe erradicar un 25% de las plantaciones de amapola, pero muchos campesinos lo interpretaron como que el 75% restante es legal.
Costa levantó las cejas.
29 de MAYO, PROVINCIA DE KUNDUZ
Después de almorzar, una visita a un campo de amapolas ilustró la escala del desafío.
Era un campo como cualquier otro, pero el año pasado no había amapolas sembradas en él.
Tampoco las había en la mayor parte del resto de la provincia de Kunduz.
Pero todo eso está cambiando, incluso en las zonas donde tradicionalmente la producción era baja. Los campesinos cosechan el opio, ansiosos por no quedar fuera de las ganancias.
 |
Todos lo están haciendo, ¿por qué yo no?
|
Un agricultor de 78 años de edad descansa en una cabaña cercana. "Sí, es la primera vez que la planté", admitió con recelo.
"¿Pero por qué este año?", preguntó Costa.
"Bueno, todos lo están haciendo, ¿por qué yo no?".
Risas de los funcionarios y soldados que nos acompañaban.
"¿Pero no sabe usted que es contrario al Islam", dijo Costa, con un bulbo de amapola en una mano.
El granjero lo miró lastimeramente. "Pero hay libertad ahora, hay una democracia ¿no es así?".
El grupo se retorció de la risa.
"No, yo entiendo, usted hace más dinero", respondió Costa, "si yo robo un banco, hago más dinero, pero es contrario a la ley. Regresaré el año próximo y quiero verlo mejor, sin amapolas, ¿de acuerdo?".
Tras una pausa el granjero dijo: "Muy bien, el año que viene las cultivaré sólo con su permiso".
Otra explosión de risas de los funcionarios y soldados cerró el diálogo. Muchos de ellos mascaban semillas de opio de bulbos que habían acabado de abrir.
30 de MAYO, CIUDAD DE KUNDUZ
En la sala de reuniones del amplio complejo del general Daud, Costa sostuvo diversos encuentros con comandantes de las milicias locales, gobernadores, jefes de policía, el director del servicio nacional antidrogas, Mirwais Yassini, la embajadora del Reino Unido, Rosalind Marsden, y funcionarios británicos que luchan contra el narcotráfico en Afganistán.
El representante de la ONU comenzó por elogiar a los presentes, con un tributo a la lucha del pueblo afgano contra la invasión soviética y más tarde contra el Talibán.
Antonio María Costa (izq.) y el gobernador de Kunduz.
|
"Es gracias a la valentía de luchadores como ustedes que creo que podremos ganar la guerra local contra los narcóticos".
Pero el mensaje bonito no duró mucho. "Seamos francos, este año los esfuerzos por erradicar el cultivo de amapola han fracasado".
Sin embargo, la reunión no fue exactamente un encuentro de ideas.
Mientras que el general Daud se comprometió a cooperar plenamente en la lucha contra las drogas, varios de los otros funcionarios emplearon su tiempo para dar explicaciones, en lugar de sugerir ideas para atacar el problema.
"¿Y por qué Occidente no hace más por reducir la demanda?", preguntaron.
Tanto Costa como la embajadora británica destacaron el hecho de que el cultivo de drogas se considera contrario al Islam y es oficialmente ilegal en Afganistán.
Sin embargo, un alto representante religioso admitió que en muchas zonas de cultivo de amapola los líderes espirituales les dicen a los campesinos que la producción de opio es "halal", o permitido en el Islam, siempre y cuando sea enviado a los infieles en el extranjero.
31 de MAYO, MAZAR-E SHARIF
Un breve vuelo llevó a Costa y a su pequeño equipo de Kunduz a la ciudad sagrada de Mazar-e Sharif, donde inmediatamente se reunió con otros gobernadores, jefes militares y de la policía.
Parecía que este grupo de funcionarios estaba más dispuesto a debatir francamente el tema de las drogas, siempre y cuando no estuviera presente ningún periodista.
Su principal preocupación, según nos enteramos luego, es la gran fuerza que todavía tienen los comandantes locales, quienes ostentan el poder real en muchas partes de Afganistán.
Reunión con funcionarios de la embajada británica.
|
De conformidad a un programa nacional, supuestamente se les está desarmando.
Pero el mensaje que Antonio Maria Costa recibió es que sólo cuando eso suceda se podrá realmente hacer algo contra el tráfico de narcóticos.
No se mencionaron nombres específicos, pero se comenta que algunos comandantes de la región participan directamente en el negocio.
Otros posiblemente se benefician mediante impuestos a quienes trafican drogas a través de sus zonas.
Y los policías, debido a sus bajos salarios, son blancos fáciles de la corrupción. Además, no cuentan con suficientes recursos para luchar contra el narcotráfico.
Al visitar la sede del llamado Equipo de Reconstrucción Provincial de los militares británicos, Costa les preguntó si pueden contribuir a suplir las funciones de los policías afganos.
El comandante dijo que no, que lo único que pueden hacer si se enteran de casos de narcotráfico es pasar la información.
Eso parecía una contradicción, tomando en consideración el importante papel del Reino Unido en la lucha antidrogas.
Pero el coronel Duncan Francis dijo que, como tiene tan pocos soldados, sólo puede cumplir su objetivo de ayudar a mantener la paz y la seguridad en la región: el "apoyo a la paz", como lo llamó, si cuenta con el "consentimiento" de la gente local.
 |
Mire todas esas nuevas casas enormes y todos esos autos 4x4 relucientes. ¿De dónde cree usted que sale el dinero?
|
Eso significa evitar conflictos "con elementos criminales" para que sus soldados, que patrullan con armas ligeras, no se conviertan en blancos.
Este enfoque pasivo refleja la política actual en Afganistán de las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos, algo que muchos dicen que se debe reconsiderar.
Todo parece indicar que la amenaza de las drogas va en aumento.
Desde esta provincia, Balkh, se está traficando grandes cantidades de opio y heroína procesada a través de la vecina Uzbekistán.
Muchos creen que las ganancias están ayudando a fomentar un boom en Mazar-e Sharif.
Una vez más, aunque no se mencionaron nombres, un funcionario afgano dijo: "Mire todas esas nuevas casas enormes y todos esos autos 4x4 relucientes. ¿De dónde cree usted que sale el dinero?".
1 de JUNIO, HERAT
Desde el aeropuerto de Herat, Costa viajó a la ciudad en un gran convoy.
En el otro extremo de Herat, en una imponente casa de huéspedes situada en una colina, desde la que se veían la ciudad y muchos de sus edificios antiguos, el poderoso gobernador de Herat, Ismail Khan, vestido con su acostumbrada camisa negra y un pañuelo blanco en la cabeza, salió a recibir al funcionario de la ONU.
Los dos hombres entraron a una sala de reuniones, adornada con jarrones gigantescos, armas antiguas y murales relacionados con la invasión soviética.
Gran parte de Herat sufrió graves daños en esa época.
El gobernador de Herat, Ismail Khan (izq.), mantiene una línea dura contra las drogas.
|
Pero sorprende ver lo limpia y bien cuidada que está Herat ahora, si se compara con Kabul y otras ciudades afganas.
A diferencia de la capital, la mayoría de sus calles están pavimentadas y hay muy pocos baches.
Herat también es diferente por otro motivo: según estudios de la ONU, apenas hay campos de amapola en la provincia que la rodea.
El gobernador se opone con fuerza a las drogas y tiene los medios para imponer su voluntad.
Se cree que pequeñas cantidades de opio y heroína procesada todavía se trafican a través de su territorio hacia Irán, que sigue siendo el principal país de tránsito de las drogas afganas, pero mucho menos que en otras provincias situadas más al sur.
Mientras nos servían enormes trozos de melón y otras frutas, Costa encomió a Ismail Khan por su trabajo.
2 de JUNIO, HERAT
El gobernador quería mostrar el progreso que se estaba haciendo.
Llevó a Costa y a su personal a la inauguración de una nueva carretera. Se habían sacrificado varios corderos.
Al regresar a la casa de huéspedes, Costa tuvo su última reunión con los gobernadores provinciales, los jefes de policía y otros funcionarios.
La situación está contribuyendo al aumento de la adicción en el propio país.
|
Su mensaje fue el mismo.
"El problema sigue creciendo. Ustedes tienen que hacer algo para proteger su propia reputación y la de su país. Aunque Ismail Khan tiene el problema de las drogas bajo control, muchos de sus vecinos no pueden decir lo mismo".
El gobernador de la provincia de Ghor admitió que estaba pasando mucho trabajo en este sentido. Se estima que, sólo este año, se ha sembrado opio en unas 20.000 hectáreas de tierras de su provincia.
Otro gobernador reiteró la queja de que el gobierno central y algunos líderes religiosos emiten mensajes confusos.
Según él, en algunas provincias del este del país, en las que el cultivo de amapola está bien establecido, durante los rezos de los viernes se les dice a los fieles que es legal cultivar la planta, pero no usar la droga.
Uno de los estudiosos del Islam invitados a la reunión, un hombre de avanzada edad, dijo que no hay dudas de que el cultivo y la producción del opio se oponen a la religión.
Admitió que se debe hacer más por propagar ese mensaje.
La última actividad del día fue una visita a una clínica para el tratamiento de drogadictos, situada en el centro de la ciudad. A pesar de la línea dura del gobernador, no deja de crecer el número de adictos a la heroína.
Es una señal de cómo el problema de las drogas afganas está afectando cada vez más al propio país.
Hay más de 250 pacientes y, según el personal de la clínica, la demanda no cesa.
Muchos de los pacientes provienen de otras provincias y de lugares tan lejanos como Kabul, donde hay una clínica similar que sólo tiene diez camas.
El tratamiento que reciben los pacientes no es sofisticado: se encierra a los adictos y se les obliga a tener una abstinencia completa.