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Jueves, 26 de febrero de 2004 - 16:34 GMT
La afeitadora: utopía de incógnito
Yolanda Válery
Yolanda Valery
BBC Mundo

King Camp Gillette (foto: cortesía Gillette)
De Gillette se dice que nadie ha hecho tanto por cambiarle el rostro a la Humanidad (foto: cortesía Gillette)

Acaricia el rostro de los caballeros y las piernas de las damas. Se vende por millones en el mundo entero y, sin embargo, es fruto de la misma imaginación que deploraba el capitalismo. Es un poco de utopía que está de incógnita en su baño.

Desde tiempos remotos el hombre se ha sometido a toda clase de rigores para lograr una barba arreglada, sea corta, rasa, en candado, estilo "inglés", "garibaldi" o "fu manchú".

Como muestran pinturas rupestres, el hombre de las cavernas se ocupaba de estos menesteres del mismo modo que su par contemporáneo. En diferentes sitios arqueológicos se han encontrado "hojillas" rudimentarias que datan del neolítico.

Otros métodos más masoquistas existen desde la prehistoria misma: se sabe que nuestros antepasados practicaban, como el hombre moderno, la depilación a punta de pinzas. Y en algunas culturas los hombres se quemaban las puntas de los bigotes con herramientas candentes

El sílex afiliado fue el primer material de que echó mano para deshacerse del vello feo. Luego experimentó con hierro, bronce e incluso oro.

Otros métodos más masoquistas también existen desde la prehistoria misma: se sabe que nuestros antepasados practicaban, como el hombre moderno, la depilación a punta de pinzas. Y en algunas culturas los hombres se quemaban las puntas de los bigotes con herramientas candentes.

Una colección, en fin, de opciones para una suave afeitada.

Corta-gargantas

En tumbas egipcias del año 4000 AC se han hallado modelos más sofisticados de hojillas y pinzas.

En Mesopotamia y en Sumeria se cortaba finamente la obsidiana para obtener las primeras.

En Grecia y en Roma se utilizaron hojas largas de metal unidas a un mango a guisa de rasuradoras. Eran las afeitadoras de hoja abierta o "corta gargantas", con las que la persona ponía, literalmente, su vida en manos del barbero.

Cronología sin cortaduras
Neolítico. El hombre se afeita desde que tiene barba.
Civilizaciones antiguas. En Mesopotamia, Sumeria, Egipto, se confeccionaban hojillas. En Grecia y Roma comenzaron a usarse las afeitadoras de hoja abierta o "corta-gargantas".
1762. El francés Jean-Jacques Perret inventa la "afeitadora de seguridad.
1904. King Gillette recibe la patente por la afeitadora de seguridad de hojilla desechable.

No fue sino hasta 1762 en que, por fin, alguien ideó un método para proteger la integridad del afeitado.

El francés Jean-Jacques Perret inventó la "afeitadora de seguridad", con la que la sólo el borde de la hoja, fijada en forma perpendicular a un mango, estaría en contacto la piel.

Experto en la materia, Perret también escribió un libro: "El arte de afeitarse uno mismo". Una técnica que estaba a punto de convertirse un arte de lo cotidiano.

La idea en la mano

Ocurrió en algún lugar de Estados Unidos, en un vagón de tren. King Gillette era un joven de Wisconsin, a quien el incendio de la casa familiar obligó a buscar trabajo cuando tenía 16 años.

Gillette consiguió empleo con el empresario e inventor William Painter, quien le ofreció un sabio consejo: fabrica algo que se use y se tire, le dijo, y los clientes siempre tendrán que volver por más.

Aquella mañana de 1895 Gillette hacía las maromas de costumbre para afeitarse en el baño del tren y salir entero.

Gillette consiguió empleo con el empresario e inventor William Painter, quien le ofreció un sabio consejo: fabrica algo que se use y se tire, le dijo, y los clientes siempre tendrán que volver por más.

Entonces se dio cuenta de que la solución la había tenido todo el tiempo en la mano. La primera afeitadora práctica, de seguridad y de hojilla desechable, era la puerta a la fortuna.

Desarrollar la idea tomó seis años. Le aseguraron que era imposible fabricar una hojilla tan delgada, a un costo razonable.

En 1901 un ingeniero del Técnico de Massachussets, William Nickerson, dio con el material y la técnica apropiados. Poco después se otorgó la patente, y en 1903 salieron la venta las primeras unidades.

Para 1905 ya eran 90.000 las afeitadoras fabricadas y Gillette, un millonario... inconforme.

Trasquilado

Gillette era un socialista utópico, que soñaba con la creación de un sistema de cooperación universal, en el que no existiera el egoísmo.

Reproducción de la patente original otorgada a Gillette en 1904 (ilustración: cortesía Gillette)
El diseño que volvió la afeitada un "arte de lo cotidiano" (ilustración: cortesía Gillette)

Imaginaba a sesenta millones de estadounidenses viviendo en una gran metrópolis, servida por una sola gran empresa, de la que todos serían accionistas.

El fabricante de afeitadoras escribió varios libros, entre ellos "La Humanidad a la deriva", que dedicó a los seres humanos, "pues para todos la esperanza de que escapen de un ambiente de injusticia, pobreza y crimen es igualmente deseable".

De Gillette se dice que "nadie ha hecho tanto por cambiarle el rostro a la Humanidad", pero no precisamente porque hubiera logrado algo en el campo de la ingeniería social.

Sus ideas convencieron a pocos, y la gran depresión de 1929 se llevó su imperio económico a la quiebra. El inventor murió frustrado en 1932.

Su nombre, sin embargo, quedó, hasta convertirse casi en sinónimo de la hoy imprescindible afeitadora.



ESCUCHE/VEA
Historia en su baño: la afeitadora
BBC Vía Libre 27.02.04



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