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Lunes, 26 de enero de 2004 - 15:38 GMT
Nuestros lugares favoritos
London Eye
Los productores de la BBC cuentan cómo es vivir en la capital británica.

Quienes trabajamos en el Servicio Latinoamericano de la BBC siempre recibimos preguntas sobre nuestra vida en Londres: ¿hay mucha niebla? ¿Llueve siempre? ¿Son antipáticos los ingleses? ¿Sales de fiesta todas las noches? ¿Toman el té a las cinco?

Nosotros tenemos nuestra propia lista de lugares favoritos para pasear por Londres, olvidar que estamos lejos de los nuestros, y alimentar el espíritu.


Quien se aburre de Londres se aburre de la vida, dijo alguien cuyo nombre no recuerdo ahora. Pero la frase me es útil para hablar de mi lugar favorito: Londres. Sí, así, a secas. Londres, todo Londres, Londres en todo.

¿Qué tal los sonidos de la Torre de Babel de los buses nocturnos; los inolvidables asados turcos en la calle Arcola en el populoso Dalston y, un poco más al centro, la magia de la comida vietnamita en la calle Engelfield? ¿Y si hablamos de las siluetas movedizas del teatro Sadler's Wells? ¿O de la guitarra de Lou Reed en el Barbican? ¿O la estética de Merce Cunningham y John Cage en ese gran salón de las turbinas de la Tate Modern? No, quizás es mejor mencionar la extraña sensualidad de las calles hoscas de Brixton, o de la hostigante pero deliciosa Londres impecable de Hampstead o Kensington y Chelsea.

Ahhh, ¿y qué tal una noche fría en Highbury, al calor del fútbol magistral que por estos años juega el Arsenal? Ahhh, y el pan de aceitunas de DiLieto, el Bloody Mary de The Granadier, el Halloumi asado de los libaneses de Edgware Road y la inmejorable selección de cervezas por cualquier rincón. También está la terraza del Pub on Park de London Fields y el olvido majestuoso de la Battersea Power Station, aquel edificio de cuatro gigantes chimeneas que llegan al cielo y que quedó inmortalizado en la tapa de un disco clásico de Pink Floyd...

En fin, podría seguir lanzando imágenes y sentidos de esta Londres que cada día me seduce más... Pero entiendo que mi optimismo por esta ciudad gris, miserable y extremadamente capitalista (de la que muchos dicen que su mejor lugar es el aeropuerto de Heathrow, porque es de allí de donde se puede escapar) podría mortificar a más de uno. Porque, como dijo Samuel Johnson (ahora sí me acuerdo), "quien se aburre de Londres se aburre de la vida".

Hernando Álvarez


El cementerio de Old Brompton Road.

En Londres tengo muchos lugares favoritos, gracias a Dios. Entre ellos -y por esto quizá habría que agradecerle un poco más al Todopoderoso- está es el Cementerio de Old Brompton Road. Es un cementerio de esos de película. Un camposanto de fines del siglo XIX, del más puro estilo victoriano.

El cementerio de Old Brompton está lleno de lápidas ya borradas por el tiempo y los elementos. Está lleno de grandes y negros cuervos, dignos de películas de Hitchcock. Tiene nichos en los que todavía están intactas las urnas de pesado metal. Y tiene un pequeño templo redondo en su centro donde ya no se ofician ceremonias religiosas sino se hacen ocasionales exposiciones.

Es un lugar de muerte pero que está lleno de vida. No será por falta de parques -que sobran en la zona- pero a los parroquianos les gusta usarlo de lugar de picnic. Es un buen sitio para aprender a patinar en línea o montar en bicicleta. Y cierto público lo usa de lugar de encuentro, o de alterne. Sobre todo la comunidad gay de Earls Court, en el oeste de Londres, zona de residencia de Freddy Mercury y otros notables.

Cualquiera que se despoje de los prejuicios y temores -los terrenos o los trascendentales- puede usarlo para leer, hacer un picnic.

Carlos Chirinos


El puente de Hammersmith sobre el Támesis.

Los días de sol son escasos en esta ciudad, y el verano londinense es demasiado tibio para mi gusto. Por eso, cuando se presenta la primera oportunidad para dejar el paraguas y el abrigo en casa, mi camino obligado es hacia la ribera del Támesis a la altura de Hammersmith, el barrio en el que vivo, al oeste de la ciudad.

El río allí es bien ancho, sin el glamour excesivo de los Docklands del este, ni el gentío del céntrico South Bank. Hay una rambla que invita a la caminata junto a caserones de grandes ventanales y clubes de remo, y un espacio verde en el que se improvisan batucadas con los tambores que siempre lleva algún vecino. La cerveza fría la proveen los pubs de la zona: al costado del parque nace una callecita donde se esconde el más antiguo, en una casa de techos bajos y paredes recubiertas de madera oscura donde en invierno se enciende un hogar a leña.

Valeria Perasso


La iglesia de Shoreditch, centro del triángulo.

Mi lugar favorito es el llamado "triángulo de Shoreditch" en el este de Londres, que es el equivalente al triángulo de las Bermudas del ambiente y la marcha, pues una vez allí no puedes escapar y quedas atrapado por los bares, clubes, galerías de arte y locales nocturnos donde se dan cita , la gente más moderna, los mejores DJS, en los lugares más originales.

Si la noche te gusta más que el día, Shoreditch es tu triángulo.

Rafael Estefanía


El invernadero del Horniman Museum.

Allá, en una de las colinas del sureste de Londres están el museo y los jardines Horniman, que Frederick John Horniman donó a la ciudad en 1901. Es mejor viajar en tren desde London Bridge y bajar en Forest Hill, caminar cinco minutos y llegar con el cuerpo y el alma preparados para un paseo fuera de lo común.

El museo tiene una vasta colección de instrumentos musicales, máscaras, y objetos inusitados que se agregaron en el último siglo a los especimenes animales y los artefactos que Horniman comenzó a reunir a mediados del siglo XIX sin otro ánimo que el de compartir sus descubrimientos y sus deslumbramientos de viaje con los londinenses y con cualquiera que visitara el lugar.

Los jardines son una amable extensión llena de luz, aun en invierno. Y aunque en la distancia se puede ver el centro de Londres, la tranquilidad del parque propicia otras sorpresas todavía desconocidas para la mayoría de los turistas. Sobre todo, hace que uno piense en la generosidad de alguien como el viejo comerciante de té, mister Horniman, y eso ya es bueno...

Miguel Molina


Las tiendas de Covent Garden.

La plaza de Covent Garden es sin duda mi lugar favorito. Y es extraño que diga esto porque siempre y en todo lugar los sitios turísticos me han parecido los menos atractivos. Sin embargo, hay algo en el ambiente que me hace sentir bien, que me da un bienestar interno cuando la visito. Puede ser su atmósfera medieval - o lo que percibo como medieval, donde encuentras joglares, músicos, malabaristas, vendedores, curiosos y gente como yo, que simplemente va y viene. Puede ser esa gran individualidad, mezclada con el característico anonimato con el que te inunda la ciudad.

Javier Lizarzaburu


Hay algo mágico en ese lugar que a mi nunca me cansa y nunca me aburre y que se llama Covent Garden. Muchos turistas lo visitan con la esperanza de encontrar a su propia Eliza Doolittle, la tierna vendedora de flores de "My fair Lady", pese a que el mercado de frutas y verduras se trasladó hace una década al otro lado del Támesis.

Un paseo por su mercado cubierto es un placer por la belleza y originalidad de las tiendas y los puestos callejeros, pero además porque se puede hacer a los acordes del Adagio de Albinoni o del último grupo de punk-rock, según la hora y el día. Los niños disfrutan en el Museo del Transporte y en las atracciones temporales que se instalan en el mercado, y siempre pueden acabar la jornada con unos dulces de la tienda de Peter Rabbit, un conejo muy querido en estas tierras.

Carmen González


El amplio y verde Hampstead Heath.

Uno de mis lugares favoritos es Hampstead Heath, un parque gigante ubicado en el norte de Londres. Tiene un bosque, lomas verdes para volar cometa y desde donde se puede ver toda la ciudad. Las luces de Londres se ven espectaculares y en el Heath se ven atardeceres geniales y las estrellas por la noche.

La gente viene a correr, a pasear al perro, a hacer un picnic, a tomar una copa de vino en medio de la naturaleza o simplemente a respirar aire fresco o a nadar en los estanques junto a los patos en verano. Ocasionalmente mientras caminas te cruzas con una ardilla o le das de comer a una paloma. Asi te escapas del ruido de la gran ciudad.

Natalia Tarnawiecki


Mi lugar favorito de Londres es la Colina de Primaveras - o sea Primrose Hill-. Hasta allí uno puede subir y sentarse con tranquilidad, con una vista de la ciudad desde las torres de Canary Wharf al este, y de los edificios corriendo desde allí por todo el camino del río Támesis. Y tras encontrar la paz interior... hay que bajar a uno de los pubs en el pueblito, donde se sirve cerveza excelente y comida no tan británica - es decir, sabrosísima...

Piers Scholfield


Las orillas del Támesis en la tarde.

Mi lugar favorito para pasar la tarde es el mercadito de libros de segunda mano a orillas del Támesis, frente al National Film Theatre. Allí hay bancos para ver morir la tarde en el río con el acompañamiento de uno que otro músico callejero.

A veces venden postales viejas y, en algunas, aún se pueden ver garabateados mensajes. Así te enteras que, en algún momento de la historia, una tal Ann le escribió a un tal John que el clima en Gloucestershire no estaba tan mal, y que esperaba verlo a su regreso en Londres.

Ana Lucía González


En una esquina del noreste de Londres está mi barrio, Walthamstow, conocido entre otras cosas por su mercado con más de 400 puestos al aire libre. Es más auténtico y barato que los de Notting Hill y Petticoat Lane, que se han hecho demasiado turísticos. Este es un verdadero mercado para londinenses, donde se escucha a los vendedores pregonar a grito pelado sus mercancías. La parte más antigua de Walthamstow está en el Village, un remanso en la vorágine urbana. Uno se siente como una verdadera vieja villa del campo inglés. Una casa de estilo Tudor, la iglesia y su cementerio aledaño, las callecitas, le dan ese aire. El tráfico parece detenerse un poco.

Del otro lado, en Forest Road, está la Galería Museo dedicada al más importante diseñador de la época victoriana, William Morris. Allí vivió el artista que dejaría su huella en las casas inglesas del siglo XIX. Un poco más allá, en la misma calle, está el Ayuntamiento, un imponente edificio modernista de finales de los años treinta. Walthamstow también tiene su sitio en el mundo del pop, créanlo o no, con el grupo de chicos que en los años noventa adoptó su código postal, E17, como nombre.

Fernán González


El cementerio de Highgate.

Mi elección es Highgate, un barrio encantador del norte de Londres desde cuya altura puede apreciarse gran parte de la ciudad. Allí, casas victorianas se alinean en calles serenas que frecuentemente se topan con amplios parques, donde en verano abundan los picnics. La serenidad contrasta con una fuerte identidad local, un activismo que se ha opuesto a la instalación de sucursales de McDonalds y Burger King...

Este desdén de un barrio acomodado hacia algunos símbolos del capitalismo hubiera sido festejado por Karl Marx, quien casualmente está enterrado en el cementerio-parque de Highgate, sitio gótico y misterioso, con mausoleos egipcios y otras curiosidades. Aunque, como dicen muchos, Marx se revolvería en su tumba si supiera que para ver su lugar de descanso... hay que pagar.

Max Seitz


La Tate Modern en su inauguración.

Mi lugar preferido en Londres es la cafetería del museo de arte Tate Modern, una antigua central eléctrica ahora convertida en un punto de conexión de artistas de todo el mundo.

La cafetería se encuentra en uno de los pisos más elevados del edificio y, desde su terraza, aunque siempre aceche el frío, tanto en verano como en invierno, son impagables las vistas a la cúpula de la catedral de San Pablo, al río y sus puentes, viejos y modernos. El material con el que reconstruyeron las salas del museo reproducen las originales bigas y suelos de madera de la central eléctrica. Incluso los mecanismos para la transformación de la energía o los utensilios de metal originales se mantienen en uno de los edificios más representativos del poderío industrial inglés.

Toni Cruanyes


La vista desde St Katharine's Dock.

St Katharine's Dock no puede ser descrito como una plaza, ni como las áreas abiertas de un conjunto residencial, ni como un puerto. Es un poco de los tres. Todavía sirve como marina de embarcaciones pequeñas, e incluso hay algún barco antiguo anclado que se alquila para eventos. Es un paseo fantástico con vista al Támesis y al puente de Londres, donde también hay un reloj de sol y una fuente.

De ahí se puede caminar bajo el puente hacia la Torre de Londres, pasando al lado de un lugar, sólo marcado con una placa, donde se recogían los cadáveres que eran lanzados al río en tiempos de "traidores" y decapitados. Hay un pub/restaurant de estilo antiguo, el Dicken´s Inn, varios cafés y tiendas, que hacen que el lugar tenga todo el encanto de lo moderno salpicado de historia.

Yolanda Valery


La vista del río desde Embankment.

Londres es sin duda una ciudad llena de historia. No importa por cuál recoveco uno se meta, siempre se podrá encontrar un vestigio de nuestro pasado. Recuerdo un día que caminaba sin apuro entre calles estrechas cerca de la estación de Embankment. Ese día andaba sin destino fijo y mi caminar respondía a la simple necesidad de hacer tiempo.

Así, sin más, casualmente terminé pasando justo frente a la casa en la cual vivió Benjamin Franklin. Sí, el estadounidense Benjamín Franklin, quien por casi diez años, por allá por el siglo 18, fue embajador no oficial de su país en el Reino Unido. En ese momento me imaginé a ese genio que descubrió la electricidad, paseando por Trafalgar Square, al igual que yo lo hecho varias veces.

Rafael Chacón


Temple, un oasis de silencio.

El barrio de Temple está situado entre el Támesis y Fleet Street, y fue el antiguo terreno de los caballeros templarios. Hoy en día está ocupado por los bufetes de abogados (Inns of Courts) cuyo origen remontan al siglo 13.

Según antiguas costumbres, todos los estudiantes de derecho en Gran Bretaña, además de pasar los exámenes, tenían que ingresar al Inns of Court y cenar ahí 24 veces para obtener su título.

Las plazas y los callejones del Inns of Courts proveen un refugio del tráfico y bullicio del centro de Londres. Es un poco como retroceder en el tiempo. Aquí los abogados, con sus pelucas y togas evocan a un cuento de Charles Dickens o Agatha Christie. Especialmente durante la noche, dado que la gran parte de este laberinto de patios y pasillos se iluminan con faroles de gas.

Carolina Thwaites


Todos los mediodías, en esas escasas diez cuadras que van desde la estación Blackfriars hasta el edificio del Servicio Mundial de la BBC en The Strand, recorro uno de los paseos que más disfruto de Londres. Es un laberinto de arcadas, jardines, plazoletas y callejuelas conocido como el London Temple.

Este fue alguna vez el cuartel general de los Caballeros Templarios en Gran Bretaña, una orden militar-religiosa creada para proteger a los peregrinos en su camino a Jerusalén y guardar los lugares sagrados del cristianismo en Tierra Santa. Aquí levantaron en el tardío siglo XII su iglesia, la Temple Church, un recinto circular y abovedado diseñado a imagen y semejanza de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

Tras haber sobrevivido un bombardeo alemán en 1941, la Temple Church aún conserva el poder de sobrecogernos apenas traspasamos su entrada. De camino por allí y con algunos minutos de más, nunca dejo de pasar a contemplar las efigies de nueve caballeros, que señalan sus propias tumbas irregularmente tendidas en el piso desde hace 800 años. Trato de imaginar los pensamientos de estos monjes guerreros antes de partir a las Cruzadas y siento que mi pequeña aventura personal, de haberme venido a esta ciudad desde tan lejos, me parezca menos definitiva.

Carlos Ceresole


Uno de mis lugares favoritos es Oxleas Wood, en Shooters Hill, cerca de Greenwich. Un bosque salvaje en el interior de una ciudad cosmopolita, un lugar donde uno respira aire y siente la tranquilidad que ofrece la naturaleza pero sin tener que irse muy lejos. Un sitio precioso tanto en verano como en invierno.

Idoia Larrañaga


En Wimbledon Common, un elegante hotel.

Durante los fines de semana, cuando quiero escapar de las masas, no hay mejor lugar que el Wimbledon Common, un gran parque natural en el sur oeste de Londres, donde puedo perderme entre los árboles y olvidarme de la ciudad. A veces me recuerda a una caminata por el campo, en Argentina. ¡Excepto cuando veo a un inglés, armado de sus clásicas "wellies" (botas), paseando a un perro embarrado de pies a cabeza!

Verónica Smink


Vista desde el puente de Waterloo.
El puente de Waterloo nos recuerda que vivimos en Londres.

Mi lugar favorito en todo Londres es el centro del puente de Waterloo, por el que cruzo el Támesis todos los días. Fabuloso sitio para hacer una pausa entre el trajín del trabajo y los deberes domésticos. Se recomienda respirar profundo y mirar primero de un lado a otro y luego alrededor: enfrente, el Teatro Nacional; a un lado, la gran rueda del "Ojo de Londres" y, más allá, el parlamento británico, con la torre del Big Ben. Del otro lado, la catedral de San Pablo, recuerdos imaginarios del Globo de Shakespeare y de las calles de Dickens, y, a lo lejos, las siluetas de varios puentes y de los rascacielos de la City. Londres de un solo vistazo y llena de vida y recuerdos, todos los días.

Julia Zapata


La mejor silla para ver Londres en pleno.

Para mi el lugar favorito en Londres es el primer asiento del segundo piso del autobús. A pesar de que el tráfico puede hacer crear demoras en el trayecto, uno sentado aquí puede llegar a conocer Londres bastante bien. Y además, si es temprano por la mañana -cuando hay menos tráfico- se puede recorrer más y ver como la ciudad se va despertando. Algo imposible si uno va en el subterráneo.

Diana Zileri


Un pub para góticos.

El Intrepid Fox es un pub con mala pinta pero uno de los más legendarios y populares está en el centro de Londres. Si alguien gusta de hombres de pelo largo o totalmente rapados, féminas con pronunciados escotes, ropa ajustada, rock pesado, goth y decoración que hace pensar en eterno halloween, este es el lugar adecuado para tomarse una cerveza.

Por todos lados cuelgan telarañas, gárgolas, murciélagos, partes de automóviles y esqueletos de resina y de metal. Los baños son un desastre, las puertas no sirven y normalmente están inundados. No se venden cocteles "de moda" sino solamente tradicional cerveza, licores y refrescos. Pero todo esto junto es la magia de este lugar situado en una de las calles célebres por sus asociaciones con la industria del sexo y el auge del rock en los ochenta. The Intrepid Fox es uno de los pubs más populares en toda gran Bretaña, si se trata de rock y goth, la visita es obligada.

Araceli Uriarte


El museo de Sir John Soane.

Lincoln´s Inn Fields es una pacífica plaza cuadrada (la más extensa de Londres) llena de árboles, jardines y un par de canchas de tenis. En épocas antiguas fue el lugar de ejecución de los traidores de la monarquía tudor. Hace más de doscientos años fueron construídas las residencias georgianas que todavía rodean la plaza y que comparten el espacio con uno de los tradicionales Colegios de Abogados de Londres. El destacado arquitecto, Sir John Soane, construyó su casa allí, la número 13, que luego convertiría en un museo privado con las instrucciones de no cambiar el decorado.

Entrar al 13 Lincoln's Inn Fields es transportarse al pasado. Un tour por los corredores, salones y estudios rococó inspirados por la monarquía hannoveriana que ocupaba el trono británico. Los jardines de la plaza son un oasis de paz en medio de la ruidosa Londres. Admirar la serie "Una elección" es ver el presente en un pincel del siglo XVIII.

William Márquez


Greenwich al atardecer y el domo del Milenio.

Greenwich es un lugar donde, literalmente, puedes tener un pie en Occidente y otro en Oriente. Seguramente el nombre debe sonar a todos por aquello de la "Hora del Meridiano de Greenwhich" (aunque todo el mundo, aparte de los británicos claro, ahora conozca el principal horario de referencia como "Tiempo Universal Coordinado").

A orillas del Támesis aguas abajo del centro de Londres, este antiguo pueblito de marineros fue devorado por la metrópolis, y hoy, ya como barrio residencial, queda a apenas 45 minutos de viaje desde Trafalgar Square.

Allí está el Cutty Sark, barco protagonista de tantas aventuras reales y ficticias en la época en que Inglaterra era una potencia marítima.

Greenwich es todo esto y mucho más: el mercado lleno de curiosidades, las casitas con reminiscencias de su pasado marino, los pubs y una tienda que vende pasteles ingleses servidos a la inglesa, algo que, aunque no lo crean, no es tan fácil de conseguir.

Roberto Belo


Memorias de un siglo bajo el puente.

No es mi lugar favorito. Hasta hace poco ni sabía que existía. Pero es uno de los sitios de Londres que más fuerte impresión me han causado en los muchos años que conozco esta ciudad. ¿Cuántas veces habré pasado por su frente sin notarlo? Debajo del puente de Hungerford, a medio camino entre el Royal Festival Hall y la estación de Waterloo, en una sala mal iluminada, con un guardián soñoliento y el ruido incesante de los trenes, está el gran mural de Feliks Topolski "Memorias de un siglo".

Periódicos amarillentos en las paredes. Andamios aherrumbrados. Imágenes de muchos de los principales acontecimientos del siglo XX. Retratos de sus grandes personalidades. Y de las pequeñas y más duraderas. Todo distorsionado por Topolski, a quien George Bernard Shaw comparara con Delacroix. El pintor murió en 1989. En el palacio de Buckingham también hay dos grandes murales suyos. Pero no están debajo de un puente y falta el ruido de los trenes.

Manuel Toledo



 

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