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Martes, 26 de marzo de 2002 - 21:05 GMT
"Pocos sabían de Argentina o las islas"
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Escribe Andrew Thompson, jefe de la sección de las Américas de la BBC.
Cubrí el conflicto del Atlántico Sur como periodista en primer lugar desde Londres, donde trabajé hasta junio de 1982 para varios medios diferentes, incluyendo la BBC, y posteriormente desde Buenos Aires, donde fui corresponsal del diario británico The Times. Una de las primeras impresiones del trabajo desde Londres fue el bajísimo nivel de conocimiento entre mis colegas sobre la Argentina o las islas. Sólo exagero un poquito si digo que pasé muchas horas en la tarde del viernes 2 de abril de 1982 explicando a los investigadores de un conocido programa de televisión británico que las "Falkland" quedaban en el Atlántico Sur, y no al norte de Escocia, y que Argentina quedaba al sur, y no al norte de Brasil.
La prensa popular británica reflotó una vieja tradición del imperio en el siglo XIX: jingoism, palabra cuya traducción al castellano debe quedar en algún lugar entre el triunfalismo y el patrioterismo. Para mí esto era nuevo y preocupante: pienso en diarios como The Sun, que inventaron la palabra despectiva "Argie" y que, en obvia confusión con México, hablaban de soldados argentinos como "bean-eaters" (gente que come frijoles).
![]() La tapa del diario The Sun cuando fue hundido el Belgrano: "Les dimos".
Estoy convencido de que muchas de las notas periodísticas de esos días sobre muchísimos temas -sobre dónde estaba el Belgrano cuando fue hundido, cuántos misiles Exocet habían sido entregados a Argentina, los movimientos reales o imaginarios de las SAS y otras fuerzas especiales británicas- fueron plantadas deliberadamente por las autoridades o servicios de inteligencia (lo que en la jerga periodística argentina se llamaba "carne podrida"), y que nosotros en los medios éramos relativamente fáciles de ser manipulados.
Quizás lo extraño de mi tiempo como corresponsal en Argentina es que la situación en los medios de comunicación no era tan radicalmente diferente. Parecía la otra cara de una moneda muy similar. Encontré un bajo nivel de conocimiento de las motivaciones políticas británicas (se puede sostener que fue precisamente por ese vacío que el gobierno militar del general Leopoldo Galtieri, junto con los medios, pudieron creer que la señora Thatcher no reaccionaría ante la ocupación militar de las Malvinas). Como en Londres, en Buenos Aires encontré en los medios un feroz y muchas veces poco reflexivo nacionalismo, que a veces desbordaba esa línea sutil que existe entre el patriotismo y el patrioterismo. A veces pensé que, salvando todas las diferencias históricas, económicas y culturales, las dos sociedades enfrentadas en el conflicto, geográficamente tan lejanas, en realidad compartían muchas cosas: la Argentina de Galtieri y la Gran Bretaña de Thatcher eran dos sociedades muy frustradas, "bloqueadas" internamente, que aparentemente pensaban que una pequeña guerra les permitiría, como dijo Jorge Luis Borges, "escapar hacia adelante". Hubo una importante diferencia: en Argentina en ese momento no existía una genuina libertad de prensa, aunque ya se estaba comenzando a restablecer. Por último, en Londres nadie me amenazó de muerte por cosas que escribí, pero sí fui amenazado por esa razón en Buenos Aires. Esa es una diferencia que recuerdo muy bien. |
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