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Martes, 26 de marzo de 2002 - 21:04 GMT
"A la censura se sumó la guerra"
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Informar sobre una guerra siempre trae aparejadas presiones y limitaciones sobre el trabajo periodístico.
Pero para los profesionales argentinos, la cobertura del conflicto del Atlántico Sur se produjo en un marco de por sí poco propicio para la libertad de prensa: el de un gobierno militar. Eduardo Van der Kooy cubrió la guerra de las Malvinas o Falklands para el diario Clarín, de Buenos Aires. Cuando el conflicto terminó, escribió junto a dos colegas un libro sobre lo ocurrido en el archipiélago, "Malvinas. La trama secreta". La BBC dialogó con él sobre las dificultades que atravesaron los medios argentinos en la cobertura de aquellos meses de 1982.
"Desarrollamos la tarea periodística cotidiana en un momento en que un estado de guerra se había superpuesto a un estado de censura de prensa natural, propio de un gobierno de facto. "Entonces se estableció un sistema de censura muy rígido, muy estricto. "En lo que respecta al trabajo de investigación periodística y el libro 'Malvinas. La trama secreta', ocurrió lo contrario.
"De pronto nos encontramos incluso con protagonistas de la guerra, con militares que habían participado y habían tomado decisiones políticas, con un gran afán por contar lo ocurrido, quizá como modo de catarsis frente a lo que había sido una humillación profesional y una derrota muy dura". -Cuando ustedes se prepararon para escribir sobre la guerra en aquel abril de 1982, ¿habían recibido por parte de las autoridades militares algún tipo de instrucción, limitación o guía sobre la información que se podía publicar acerca del conflicto? -Existía una suerte de comando estratégico o comando de acción psicológica dentro del Estado Mayor Conjunto, que mantenía reuniones semanales con los responsables de los medios de comunicación. En esos encuentros se daban grandes trazos de cuáles eran las posibilidades o los límites de la publicación.
Entre los pronósticos que no se cumplieron yo recuerdo -porque asistí a esas reuniones- que el Estado Mayor Conjunto no creía que la flota del Reino Unido fuera a trasladarse al Atlántico Sur una vez producida la toma de las Malvinas. En segundo término, los militares dudaban de la capacidad operativa británica en zonas tan inhóspitas como las del Atlántico y, tercero, pensaban que la amenaza del desplazamiento de la armada británica tenía que ver con un objetivo de negociación, y no de confrontación. Y estoy hablando de sólo tres pronósticos entre una cantidad que se hicieron en esa época y que fracasaron. También había en cada arma una suerte de contacto diario sobre determinada información que venía del exterior a través de las agencias internacionales, en el que se establecía qué podía y qué no podía publicarse. Esto funcionó así prácticamente hasta el día de la rendición. Recuerdo que un día antes del fin, el 13 de junio, pese a los datos que uno manejaba sobre una derrota consumada y una rendición inminente, esos jefes militares seguían diciendo que las tropas argentinas mantenían la resistencia. -¿Recuerda especialmente alguna noticia premeditadamente falsa que haya sido suministrada por fuentes militares? -Recuerdo la del Invencible (uno de los portaaviones británicos). Fuente militares, de manera extraoficial, dijeron que las naves argentinas lo habían hundido. Se produjo una situación muy curiosa porque yo estaba dialogando en ese momento por teléfono con nuestro enviado en Washington, Oscar Cardozo. Le comenté la información que trascendía aquí y el me dijo: "Bueno, esto es imposible porque yo estoy viendo por televisión, en directo, la navegación del Invencible". Uno podía dudar en ese momento si la falacia estaba en la información o en la imagen, pero luego no quedó ninguna duda de que la mentira estaba en la información y no en lo que veía nuestro enviado en Washington. -¿Los medios de información argentinos contaban con enviados a las islas o sólo se autorizaban periodistas de los medios oficiales? -Había de medios oficiales, más allá de que, después de muchos años, se supo que en el desembarco hubo también periodistas de medios no oficiales. Pero la información que provenía de las Malvinas llegaba a través de la fuente militar o de medios de comunicación del Estado.
-¿Cómo era, en el nivel personal, manejar datos que llegaban por medio de las agencias internacionales, más verídicos, pero tener que escribir basándose en los parámetros dados por las autoridades? -No era peor que en los años durante los cuales se producían aquí secuestros y crímenes y no se podía publicar lo que ocurría. La guerra de las Malvinas, aún con la obligación de tamizar la información, permitía de alguna manera filtrar algunos elementos o, de forma muy sutil, sugerir cuál era la tendencia general que tenía el conflicto. Tratábamos de abrir un poco la interpretación del lector, no hacerle creer que todo iba tan bien, sobre todo porque había un contraste entre lo que reflejaba la prensa, que dentro de la censura tenían la intención de ser más equilibrados, y lo que difundían los medios de comunicación audiovisuales (en su mayoría en manos del Estado argentino en 1982), que eran más impactantes. No es un recuerdo agradable tener que repasar los años durante los cuales uno tuvo que trabajar en medio de una guerra, sujeto a normas de censura. Pero insisto: en lo personal y profesional fue mucho peor en los tiempos en que hubo que silenciar muertos y desaparecidos. |
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