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Archivo BBC Discurso de Galtieri el 2 de abril
  Especiales
Martes, 26 de marzo de 2002 - 20:54 GMT
La Argentina de abril del 82
Manifestación en la Plaza de Mayo
El desembarco argentino en las islas Falklands o Malvinas, hace dos décadas, se produjo en un momento muy particular en la historia del país sudamericano.

Pocos días antes de aquel 2 de abril, el gobierno militar había cumplido cinco años en el poder. Ya se habían sucedido tres juntas diferentes.

Horas antes de aquella madrugada, la Plaza de Mayo había estado ocupada por manifestantes que protestaban contra el régimen. Ese mismo sitio se llenaría luego de miles de personas que celebraban "la recuperación de las Malvinas".

Para saber qué pasaba en esos días de abril, la BBC dialogó con Carlos Escudé, historiador argentino, especialista en las relaciones exteriores de su país y autor de "La Argentina versus las grandes potencias: el precio del desafío".


-¿Cuál fue el contexto en el que se produjo la ocupación de las Malvinas?

-Lo primero que hay que tener en cuenta es que en marzo de 1976 se había producido un golpe de Estado en Argentina, que dio lugar a la dictadura más represiva de todo el siglo en nuestro país.

Hubo un total de desaparecidos que, según cifras conservadoras, fue de 10 mil y, según cifras de gente más progresista, de hasta 30 mil.

Carlos Escudé
Escudé sostiene que el sentimiento antibritánico resurgió al diluirse los vínculos económicos.
Ese golpe de Estado, como todos los que se produjeron en Argentina, tuvo en un primer momento apoyo de las clases conservadoras.

Pero este respaldo se fue diluyendo a medida que el gobierno militar fracasaba en todo y a medida que se fueron conociendo los abusos a los derechos humanos.

Hacia marzo de 1982, el diario La Nación publicaba en primera plana las manifestaciones contra el gobierno. Se trata de un diario conservador, claramente representativo de los sectores que en 1976 habían apoyado el golpe de Estado.

Digamos que cuando La Nación se vuelve en contra de un gobierno militar, históricamente ha significado el principio del fin.

El contexto en que se produce la invasión de Malvinas es este contexto en el cual la junta había perdido sus apoyos "naturales" entre las clases conservadoras, es decir, estaba a punto de comenzar su camino hacia algún tipo de transición democrática.

Y para salvarse hizo una cosa que, pensó, iba a generarle mucho apoyo popular: ocupar las islas.

El archipiélago fue usurpado por Gran Bretaña en 1833, mucho tiempo atrás, incluso antes de que México perdiera Texas, California, Nuevo México, Nevada, Arizona, a manos de Estados Unidos.

Y mucho antes de que Argentina usurpara toda la provincia de Formosa, que era paraguaya antes de la guerra de la Triple Alianza (1865-1870).

Con esto quiero decir que la recuperación de un territorio perdido hacía 149 años en ese momento iba a ser extremadamente difícil.

Y el gobierno militar lo hizo, logrando el apoyo instantáneo de una población que hasta el día anterior lo había aborrecido.

-Señor Escudé, la BBC ha entrevistado al general Mario Benjamín Menéndez. En diálogo con nuestro enviado, él reconoció que tal vez el gobierno militar partió de ciertos supuestos que luego nunca se cumplieron. ¿Es posible que la junta no haya vislumbrado, por ejemplo, el apoyo casi seguro de Estados Unidos a Gran Bretaña?

Leopoldo Fortunato Galtieri
"Los militares no hubieran invadido Malvinas si no hubieran sabido que eso les traería popularidad".
-La Argentina está muy lejos del mundo. Estamos más cerca del Polo Sur que de cualquier centro de poder importante.

Y por otro lado, los textos educativos nos enseñaban hasta muy recientemente que los argentinos éramos la sal de la tierra. De ahí que haya tantos chistes latinoamericanos sobre nosotros, que ya son cliché.

Yo dediqué años enteros a estudiar los contenidos nacionalistas de los libros escolares y de las doctrinas educativas que generaron esos textos.

Por medio de ellos me quedaron muy claros la idea de la perfección de los títulos argentinos sobre las Malvinas, la noción de que nos asistía una razón irrefutable y que nadie razonablemente discutía, la creencia de que Estados Unidos tenía que estar de nuestro lado y de que nosotros podíamos derrotar a Gran Bretaña si Washington no la apoyaba.

Fue ingenuo no sólo pensar que Estados Unidos iba a dejar sin respaldo a los británicos, sino también creer que, si hubiera sido auténticamente neutral, nosotros podríamos haber derrotado al Reino Unido.

Todos los oficiales argentinos que lucharon en las Malvinas y luego regresaron nos han contado las diferencias abismales que existían entre ambas fuerzas armadas en materia de armamento y de logística.


El arte de la guerra es una profesión como cualquier otra: si uno no tiene práctica, uno es malo. Los británicos participaron en casi todas las guerras importantes que hubo en el siglo XX y los argentinos no participaron en ninguna

Nuestras tropas no habían peleado una guerra desde el conflicto contra el Paraguay, en 1865. El arte de la guerra es una profesión como cualquier otra: si uno no tiene práctica, uno es malo.

Los británicos participaron en casi todas las guerras importantes que hubo en el siglo XX y los argentinos no participaron en ninguna.

Otra ingenuidad argentina fue pensar que los británicos no iban a reaccionar, que iban a permitir que se invadieran las Malvinas, lo cual era una especie de bofetada a la OTAN, cuyo prestigio hubiera mermado enormemente.

Eso también fue un error de apreciación. Pero, bueno, aquí se contaban chistes absolutamente idiotas y reaccionarios, como por ejemplo que los militares ingleses eran homosexuales y, por consiguiente, no podrían ganar nunca un combate.

Y el mismo general Menéndez decía: "Que venga el principito (el príncipe Andrés)". Esta ingenuidad condujo a una decisión catastrófica, que necesariamente tenía que terminar mal, como sucedió.

-Muchos argentinos entrevistados en estos días por los 20 años de la guerra dicen que el conflicto fue básicamente una decisión absurda de un gobierno militar. Pero como usted marcaba, la guerra contó con un gran apoyo popular.

-Esto se explica por el adoctrinamiento nacionalista ingenuo que tuvieron los argentinos -mi generación incluida- por medio de la educación.

Es muy fácil comprender cómo una población adoctrinada de esa manera pudo creer que el máximo hecho de patriotismo fuera invadir esas islas, aunque quienes las ocuparon fuesen autores de crímenes de lesa humanidad en nuestro propio país.

La junta militar nunca hubiera hecho lo que hizo si no hubiese contado con que eso iba a generar popularidad.

Y por eso, precisamente, la posibilidad de invadir las Malvinas estuvo durante décadas en el menú de opciones de diversos gobiernos argentinos. Fue contemplada y desechada hasta que se adoptó en 1982.

Marcha en Plaza de Mayo tras la ocupación de las islas
"Los argentinos hemos tenido un adoctrinamiento nacionalista ingenuo".
Fíjese usted que las islas de Saint Pierre & Miquelon son una posesión de ultramar francesa cerca de la costa de Canadá. Y porque los canadienses no han vivido ese adoctrinamiento nacionalista ingenuo, a ningún gobierno en apuros se le ocurriría salvarse políticamente invadiendo las islas francesas.

Los canadienses tampoco piensan en invadir Groenlandia, que está pegada a su territorio y pertenece a Dinamarca.

-Las relaciones entre Argentina y Gran Bretaña son muy anteriores al conflicto del Atlántico Sur. ¿Cómo cree usted que continuarán en el futuro y qué pasará con las islas?

-La historia de las relaciones anglo-argentinas es muy larga e interesante. Más interesante que las relaciones entre Gran Bretaña y otros países latinoamericanos, porque a partir de 1870 los vínculos entre estos dos países fueron muy intensos.

Habiendo estudiado la historia de los reclamos argentinos sobre las Malvinas, yo diría que estas pretensiones fueron absolutamente débiles -casi una ceremonia que se repetía ritualmente-, mientras que los vínculos económicos entre Argentina y Gran Bretaña fueron muy intensos.

Pero a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando la interdependencia económica empezó a diluirse, la potencia hegemónica en el Río de la Plata pasó a ser Estados Unidos y las empresas de propiedad británica fueron nacionalizadas durante el gobierno de Perón. Entonces resurgió el discurso antibritánico y la reivindicación de las Malvinas.

Mirando hacia el futuro, creo que las relaciones entre Argentina y el Reino Unido dependen del desenlace de la actual crisis argentina, porque ese desenlace va a determinar también los vínculos con Estados Unidos y el resto del mundo.

Se trata de una cuestión que está por resolverse y todavía no se sabe para qué lado va a "disparar" el Estado argentino.

Sí podemos decir que, desde el restablecimiento de las relaciones entre ambas naciones, a comienzos de los 90, los vínculos fueron mejorando sin pausa durante toda la década.

¿Y cuál es el futuro del litigio de las Malvinas? Bueno, ésa es una cuestión independiente. A mí me parece clarísimo que Argentina tenía una oportunidad de recuperar diplomáticamente las islas antes de 1982. Después de la invasión y la derrota, las probabilidades prácticamente han desaparecido.

Con respecto a la vía militar, es más imposible aún.

Portaaviones Hermes
"Fue ingenuo no sólo pensar que Estados Unidos iba a dejar sin respaldo a los británicos".

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