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Viernes, 19 de octubre de 2001 - 13:16 GMT
Tayikistán: hambre en un país olvidado
![]() Las tormentas de arena son el pan de cada día en un país azotado por la sequía.
Desde el sur de Tayikistán, escribe el corresponsal de la BBC para asuntos internacionales, David Shukman
Hasta hace poco, habría costado bastante trabajo encontrar a alguien que pudiera localizar Tayikistán en el mapa. La más pobre de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética, perdida en las montañas y los desiertos del Asia Central, es un país que nunca quiso la independencia devuelta en 1991. Alejado de la mirada pública desde entonces, este olvidado territorio conocido como "el techo del mundo" por la espectacularidad de la cadena montañosa del Pamir, tiene sus ojos clavados en lo que se avizora como un inminente desastre.
Allí encontraron a Tayikistán recorriendo la frontera norte afgana, pero lo que no vieron de inmediato fue la tragedia humana de ese escenario: cerca de un millón de tayikos amenazados por la hambruna. Por razones que nadie podría predecir, esta tierra que alguna vez montaba a horcajadas del famoso "Camino de la Seda" desde China, se encuentra ahora en la mira internacional. Pero, el hecho de ser vecinos de la zona de conflicto afgana, no es la mejor de las razones para captar la atención del mundo. Rampa de lanzamiento El Pentágono ve a Tayikistán como pista para lanzar sus ataques aéreos y las misiones de sus fuerzas especiales.
Pero no hay que esperar a tanto. Lo que ya ocurre dentro de Tayikistán es por sí mismo catastrófico. Este país de seis millones de personas se despeña hacia el colapso económico. Privado de inversiones, apenas tratándose de recuperar de una devastadora guerra civil, mutilado por la falta de ayuda internacional, ésta es una nación que pasó de formar parte de una superpotencia a tener una imagen similar a la de las regiones más desfavorecidas de África. Si agregamos a esto los efectos de dos años de sequía, tenemos todos los ingredientes para lo que la Cruz Roja denomina "desastre".
Pero alrededor de la ciudad Kulyab, vi miles y miles de kilómetros de campos desiertos. La tierra parecía escombros, cascajos. Gigantescas nubes de polvo giraban con fuerza endemoniada entre los valles. Por primera vez escuché la expresión "cosecha negativa", para significar la obtención de menor cosecha de grano, en comparación con la cantidad de semillas plantadas. Enfermedad y malnutrición Para un agricultor como Karim Shapirov, el efecto es devastador. Sus siete hijos viven descalzos y con hambre. Sólo comen una vez al día. Por su languidez, podría aventurar que están al borde de la malnutrición y la enfermedad. Karim me contó cómo había plantado 500 kg. de trigo, pero sólo había logrado cosechar 200 kg. La situación se tornó tan difícil que debió vender varios pedazos del techo de metal de su casa para poder comprar comida que sólo alcanzó un mes y medio, nada más. Sus hijos me mostraron cómo buscan raciones adicionales, robándoles a las ratas. Fue un espectáculo realmente deprimente. Centros de alimentación Nada podría ser más espantoso como imagen del colapso del antiguo imperio soviético. Aquí, en una granja colectiva, que alguna vez la propaganda comunista publicitaba como la respuesta a los problemas de todos los campesinos, la gente literalmente muere de hambre. Sólo ahora hay esperanza de ayuda exterior. La Cruz Roja está tratando de reunir fondos para comprar alimentos para ellos.
La fundación "Acción contra el hambre" ha instalado varios centros especiales de alimentación para niños con severa malnutrición. En principio las autoridades, que siguen la vieja tradición soviética de orgullo y contención, se resistieron a admitir que necesitaban ayuda. Pero la jefa de enfermeros Cecille Versavel me mostró los pequeños rostros demacrados recién llegados de las granjas desiertas. Cecille tiene a su cargo 20 niños, en este momento, pero habrá miles a los que no podrá llegar la ayuda. Corrupción e incompetencia La sequía no es el único problema. La maldición de Tayikistán es su administración que no sólo es corrupta sino incompetente. Los únicos sistemas de irrigación son usados para el algodón (el único producto de exportación) cuando el trigo necesita del agua desesperadamente. Las tuberías aparecen rotas y abandonadas. Una nueva línea ferroviaria conecta la capital, Dushanbe con (¡adivine!)... con la ciudad donde nació el presidente.
La guerra civil puede que haya acabado, pero gran parte del país todavía está afectado por la inestabilidad. Enormes cargamentos de heroína procedente de Afganistán, pasan hacia Europa con la ayuda de bandas tayikas y la vista gorda de las autoridades de Tayikistán. No es de extrañar entonces que sólo pocas organizaciones de ayuda humanitaria estén operando en la región. Muchos de estos organismos ven la zona demasiado difícil e inestable. El tayiko común está quedando a la deriva y con la sensación de que el mundo simplemente lo ignora. La crisis podría cambiar todo esto. O bien podría hacer evidente el problema del pueblo de Tayikistán o bien golpearlo con la hambruna como nunca antes. |
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