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Escribe Rodrigo Fernández
  Especiales
Viernes, 17 de agosto de 2001 - 16:20 GMT
Una década sin la Unión Soviética
Esculturas de líderes soviéticos.
Los antiguos líderes de la Unión Soviética son sólo fantasmas del pasado para las nuevas generaciones.
Han transcurrido diez años desde el intento de golpe de Estado que marcó el principio del fin de la Unión Soviética. El mundo ha sufrido dramáticas transformaciones y, aún más, la sociedad rusa.

Desde Moscú, el periodista Rodrigo Fernández nos descubre una Rusia en la que el pasado se difumina cada vez más.

Hace diez años, en julio de 1991, un grupo de personalidades de la izquierda rusa publicó en el diario Soviétskaya Rossía su "Llamamiento al Pueblo", manifiesto que se convirtió un mes más tarde en acción: los golpistas formaron el GKChP -siglas rusas del Comité Estatal para una Situación de Emergencia- y asumieron el documento como su plataforma política.


Una reciente encuesta mostró que el 49% de los participantes no recuerda el apellido de ninguno de los golpistas

Hoy la izquierda, en el décimo aniversario del fallido golpe de Estado, vuelve a publicar un nuevo llamamiento en el mismo periódico bajo el título "Detener las Reformas Mortales".

Famosos escritores, científicos, actores y políticos piden al presidente Putin "liberarse del odiado entorno yeltsinista",y "quitar el timón del Estado a los diletantes como Kudrin y Gref, que empujan la economía hacia una caída en picada".

Los firmantes -43 en total- hoy prefieren dirigirse al máximo dirigente del país y no al pueblo. Es natural: saben que la gente, especialmente los jóvenes, no los seguirán.

Amnesia

Una reciente encuesta mostró que más de la mitad de los moscovitas es ahora incapaz de nombrar ni tan siquiera a un miembro del GKChP.

Yazov.
Yazov sigue defendiendo la necesidad del golpe de estado en 1991.
Otra encuesta, realizada a nivel nacional, dio resultados similares: el 49% de los participantes dijo no recordar el apellido de ninguno de los golpistas.

El resto nombró en primer lugar a Yázov y a Lukiánov, pero también incluyó en la lista a personajes que, en realidad, estuvieron al otro lado de la trinchera, como Rustkói -vicepresidente de la república federativa de Rusia- que organizó la defensa de la Casa Blanca donde estaba Yeltsin, o al propio Gorbachov.

Los diez años transcurridos transformaron el mundo, pero cambiaron mucho más profundamente la realidad de las repúblicas que formaban la URSS.

Bandera soviética.
Los viejos símbolos ya no impresionan como antes.
Los jóvenes rusos desconocen las realidades de lo que fue la sociedad soviética y ni siquiera comprenden el lenguaje que la definía.

El saxofonista Gueorgui Garanián recordaba esta semana ante un grupo de jóvenes que la música de jazz, transmitida por las radios extranjeras, entre ellas la BBC, era censurada por el Estado soviético mediante la "glushila", que se puede traducir como "ensordecer".

¿Eso qué significa?

Svetlana, una muchacha de 23 años, preguntó al músico qué significaba eso, y hubo que explicarle que el gobierno gastaba grandes sumas de dinero en crear ruidos que hicieran imposible escuchar emisoras internacionales como Radio Libertad, la Voz de América o la BBC.


Existían prohibiciones estúpidas de leer ciertos libros, tener ciertos equipos, como copiadoras, o incluso dólares. Ahora hay libertad de elección, desde la profesión hasta el lugar donde quieres vivir.

Joven ruso.

La juventud tampoco sabe qué significa el infame "triángulo": las firmas de los jefes del partido comunista, de los sindicatos y de la empresa necesarias para que una ciudadano soviético pudiera viajar al extranjero.

Los jóvenes no entienden o desconocen muchas cosas del pasado.

Como dice Denís Abrámov, de 23 años, "existían prohibiciones estúpidas de leer ciertos libros, tener ciertos equipos, como copiadoras, o incluso dólares. Ahora hay libertad de elección, desde la profesión hasta el lugar donde quieres vivir. Puedes trabajar donde quieras o no trabajar, y nadie te llevará a los tribunales, como hicieron con el poeta Iósif Brodski".


Los soviéticos querían tener acceso a los bienes occidentales.
Alexéi Uliánov, de 24 años, cree que salió ganando con el desmoronamiento del régimen comunista. "No podría haber estudiado en el Instituto de Relaciones Internacionales, porque sólo aceptaban a los recomendados por el PCUS. Tengo libertad de elección política y puedo ir al extranjero y compartir con jóvenes de otros países, algo que no podría hacer si hubiera triunfado el GKChP", opina.

Prácticamente lo único que los jóvenes rusos todavía envidian a los países europeos es la estabilidad. "Asusta la inestabilidad. Puedes ganar dinero y vivir bien, pero sólo pensando en el presente; no puedes planificar el mañana", resume la angustia de muchos rusos el joven empresario Alexandr Salantái.


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