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Viernes, 17 de agosto de 2001 - 16:07 GMT
Mijaíl Gorbachov: el revolucionario accidental

Gorbachov fue una pieza clave en el colapso de la URSS.
Escribe el periodista de la BBC, Stephen Mulvey.

La última década ha debido ser muy difícil para Mijaíl Sergeyevich Gorbachov -un personaje con una enorme ambición e importantes logros a sus espaldas, pero un auténtico cadáver político.


Gorbachov: el comunista convencido que mató al comunismo; el leninista que creía que el poder soviético podía ser democratizado; el utópico popular en Occidente pero odiado en casa.

Vivió una existencia irreal, entre discursos y conferencias por todo el mundo, firmas de libros y anuncios de Pizza Hut, pero fue incapaz de ejercer ningún tipo de influencia sobre el mandato errático de su gran rival, Boris Yeltsin -un hombre a quien no tiene ninguna simpatía y al que nunca respetó.

Ha tenido mucho tiempo para reflexionar sobre sus errores, desde los eufóricos primeros días de la "perestroika" hasta la crisis y el colapso de la Unión Soviética. Sus memorias, publicadas en 1995 fueron, entre otras cosas, un vano intento de repartir las culpas del fiasco.

Los historiadores han estado haciendo lo mismo: revisando con lupa cada uno de los movimientos del último líder soviético, y detallando sus errores. Desde su resistencia a someterse a una votación popular hasta su falta de visión al no haber reaccionado a tiempo ante las amenazas de los comunistas de la vieja guardia.

Legado paradójico

La mayoría coincide en que su papel se convirtió en una ironía: el hombre que debía revitalizar la bandera soviética acabó dirigiendo a la URSS hacia la destrucción.


A Gorbachov nunca le gustó ni respetó a su sucesor, Boris Yeltsin.
Uno de los más respetados historiadores de la Rusia de la década de los 90, Dmitri Volkogonov, habla de "paradoja" para describir el legado de Gorbachov: el comunista convencido que mató al comunismo; el leninista que creía que el poder soviético podía ser democratizado; el utópico popular en Occidente pero odiado en casa.

Su error fatal fue comenzar una revolución y creer que el estado soviético podría mantenerla bajo control.

Al mismo tiempo, subestimó la fuerza latente del nacionalismo en las repúblicas soviéticas y hasta dónde la revelación de los secretos sobre la sangrienta historia de la URSS deslegitimaría al Estado a los ojos de sus propios ciudadanos.

La perspectiva del tiempo demuestra que habría sido más sabio por parte de Gorbachov haber mantenido las estructuras soviéticas, a pesar de que a él se le recordará siempre como el hombre que terminó con ellas.

El contexto más amplio

Pero no fue el único que no supo calcular la fuerza de las fuerzas que constituían la URSS.

Por ejemplo, en el verano de 1991, el presidente estadounidense George Bush pedía a los ucranianos que no abandonaran la Unión Soviética.

Hasta ahora, los historiadores se han centrado en las estrategias de Gorbachov: sus dudas, su inefectiva búsqueda de consenso, su fracaso en unir las fuerzas de las facciones reformistas de la URSS.


Quizá Gorbachov precipitara el desmembramiento de la Unión Soviética, pero los problemas habían comenzado mucho antes de que él apareciera en escena y, probablemente, nadie hubiera podido salvarla

Menos se ha escrito, en cambio, del contexto en el que se encontraba: el prolongado declive de la Unión Soviética, en el que él fue sólo uno de los actores, seguramente el más interesante.

Desde esta perspectiva es importante subrayar que la URSS se encontraba en recesión económica desde incluso antes de que Gorbachov llegara al poder.

Ésta fue la razón decisiva para retirar sus tropas de Europa del Este y de Afganistán, y para dar la bienvenida al fin de la carrera armamentística.

Conscientes de la superioridad de los bienes fabricados en Occidente, o incluso en Europa del Este, los ciudadanos soviéticos comenzaron a dejar de creer en su sistema económico y político.

Conciencia nacional

La conciencia nacional de las repúblicas había comenzado a fortalecerse antes de la llegada al poder de Gorbachov.


La influencia de Stalin se había desvanecido ya en la década de los 80.
La investigación histórica sobre la época de Stalin y la represión bajo su régimen se abrió inmediatamente después de su muerte, en la década de los 50.

Aunque también se cerró pronto. El mero paso del tiempo sirvió para relajar los ánimos y suavizar el pasado. La generación de Gorbachov había superado el miedo al pasado de las anteriores.

Quizás Gorbachov precipitó el desmembramiento de la Unión Soviética, pero los problemas habían comenzado mucho antes de que él apareciera en escena y, probablemente, nadie hubiese podido salvarla.


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