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Escribe: Andrew Marr
  Especiales
Jueves, 26 de julio de 2001 - 15:15 GMT
Tony Blair: primer ministro

El actual Primer Ministro británico no es inglés. Tony Blair nació en Edimburgo, Escocia, hace 48 años.

Casado, con cuatro hijos, Tony Blair dirige al Partido Laborista desde 1994, llevándolo al poder en 1997, luego de más de una década en la oposición.

Andrew Marr, editor político de la BBC, nos relata algo del perfil del principal líder laborista.

La historia es para los historiadores. Hoy en día, es extraordinariamente difícil evaluar a Tony Blair.

Para sus admiradores, ya es uno de los grandes primeros ministros de la historia moderna británica.

Es el hombre que no sólo hizo elegible nuevamente al Partido Laborista, sino que cambió el rostro del Reino Unido con el proceso de devolución (una forma de descentralización) y que está llevando a Gran Bretaña, con una visión de largo plazo, irrevocablemente al corazón de Europa.

Tony y Leo Blair
Blair y su hijo Leo.
Para sus críticos más severos, es un frívolo, cuyo talento teatral para la auto-promoción y su pelotón de cortesanos lo llevaron al gobierno, pero no dijo nada profundo una vez que llegó allí.

Entre estas caricaturas está un político enigmático y apasionado, todavía fácilmente subestimado por sus oponentes, pero con muchos de sus objetivos todavía por conseguir.

En privado, ha expresado una profunda frustración por la lentitud de los cambios que quiere implantar y las dificultades para superar el conservadurismo de Whitehall y de su propio Partido Laborista.

Más y menos

Tony Blair puede, como ya lo ha hecho, nombrar los logros de su gestión, como la estabilidad económica, la devolución en Escocia y Gales, un mayor impulso al proceso de paz en Irlanda del Norte, la guerra de Kosovo, la introducción de un salario mínimo vital, un millón de nuevos trabajos y mejores escuelas, particularmente en el sector primario.

Sin embargo, no quiso lanzar un referéndum sobre el euro al inicio de su gobierno, cuando todavía había una luna de miel y el estricto control de gastos en los primeros dos años de gobierno laborista han hecho casi inevitable que se produzca más tarde una decepción pública por el estado de los ferrocarriles y los hospitales.

El actual primer ministro británico siempre se sintió más cómodo con un pequeño círculo de amigos y su familia más cercana.

La sorpresiva llegada de un cuarto hijo, Leo, lo ayudó a mantenerse alejado de la atmósfera social de Westminster y de su partido.

Estación de servicio
El impuesto a los combustibles causó problemas a Blair.
Una vez que ingresa a su departamento de Downing Street, en la noche, la puerta se cierra y sólo se permiten muy pocas intrusiones no planeadas.

Esto probablemente lo ayudó a cultivar la imagen de un ser humano común y corriente.

También podría, sin embargo, haber ayudado a que perdiera de vista los problemas de la administración que más tarde dañaron su reputación de sagaz.

Electorado tolerante

La victoria de Ken Livingstone en la lucha por la alcaldía de Londres, los escándalos Mandelson y Ecclestone, la rebelión por el impuesto a los combustibles, el incremento de 75 peniques en la pensión básica estatal, interpretadas por muchos como un insulto, y la tortuosa historia del Millennium Dome, todas estas historias lo dañaron.

Ésta ha sido una administración con su cuota justa de errores, y Blair debe asumir la responsabilidad.

Pero también ha sido una administración que, de acuerdo a los sondeos, permanece casi misteriosamente popular. Blair puede tomar mucho del crédito por ello.

Parece que en tiempo de bonanza económica, las crisis recientes y los feudos familiares del gobierno de Blair son vistos tolerantemente por los votantes como saludables distracciones, más que escándalos políticos; posiblemente le han perdonado episodios que hubieran destruido a un líder en tiempos de recesión.

Ciertamente, después de cuatro años ya no es más "Teflón Tony" y ha sido tan objeto de burla como lo fueron otros primeros ministros en tiempos pasados.

Fortalecido

Por lo menos unos cuantos en el país, los defensores de la caza de zorros, muchos granjeros y los opositores al euro, lo odian abiertamente.

Su reserva natural de lealtad en el Partido Laborista es más baja de lo que sería para un líder laborista tradicional.

Y ha descubierto que la prensa es inconstante, a pesar de lo que uno haga por conquistarla.

A pesar de todo lo dicho, Blair parece disfrutar su trabajo más que nunca y se ha fortalecido claramente en la oficina.

Su círculo está compuesto más por funcionarios del servicio público y neo-laboristas leales no electos, que por políticos convencionales.

Una de las personas que lo conoce bien dijo: "Lo más importante que Tony aprendió es que no necesita ser amado. Es suficiente ser respetado".


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