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Jueves, 21 de junio de 2001 - 18:36 GMT
El refugio: Rigoberta Menchú
Rigoberta Menchú.
Descendiente de la antigua cultura Maya-Quiche e incansable defensora de los derechos y valores de los pueblos indígenas de América, Rigoberta Menchú Tum fue blanco de persecución y debió dejar su nativa Guatemala para refugiarse en México en 1980.

La primera mujer de raza indígena en recibir el Premio Nobel de la Paz (1992) escribió estas palabras para los lectores de BBC Mundo.


Son millones de personas alrededor del mundo que siguen siendo despojadas de lo más valioso de la vida, que es tener una historia colectiva, una familia, un territorio y un país y, probablemente, volver a ello signifique cuantiosas pérdidas, que nunca volverán.

En mi caso, recordaré toda una vida los motivos por los que perdí todo. Días dolorosos de la guerra interna en Guatemala, el genocidio y el terrorismo de Estado que destruyó mi pueblo. Así como yo soy sobreviviente del último genocidio que vivió el pueblo de Guatemala, también soy una de las personas que no descansará mientras viva por una Justicia Universal.


Crucé la frontera amor,
no sé cuando volveré.
Tal vez cuando sea verano,
cuando abuelita luna y padre sol se saluden otra vez,
en una madrugada esclareciente,
festejados por todas las estrellas.

Anunciarán las primeras lluvias,
retoñarán los ayotes que sembró Víctor
en esa tarde que fue fusilado por
militares,
florecerán los duraznales
y florecerán nuestros campos.
Sembraremos mucho maíz.
Maíz para todos los hijos de nuestra tierra.

Regresarán los enjambres de abejas
que huyeron
por tantas masacres y tanto terror.
Saldrán de nuevo de las manos
callosas tinajas
y más tinajas para cosechar la miel...

... volveré mañana, cuando mamá torturada
teja otro hupil multicolor
cuando papá quemado vivo madrugue otra vez,
para saludar el sol desde las cuatro esquinas
de nuestro ranchito...

Patria Abnegada, Rigoberta Menchú
Hoy recuerdo día y noche ésa atrocidad que tiene responsables, los cuales no están siendo perseguidos penalmente, ni juzgados, ni mucho menos castigados por esos delitos, que afectaron a miles de guatemaltecos, entre ellos, niños, jóvenes y mujeres.

Recordaré siempre la generosidad y hospitalidad de muchas personas que a través de su acompañamiento y solidaridad, me dieron la perspectiva de luchar por una cultura de paz. Dentro de estas sensibilidades, quiero reconocer el aporte del pueblo mexicano, que prestó su casa y compartió su familia con todos los guatemaltecos que les tocó ser refugiados durante casi dos décadas. Así como reconocer el apoyo del gobierno de México y de la comunidad internacional.

Los refugiados guatemaltecos fuimos ejemplo de organización comunitaria y de coraje para contribuir a finalizar el conflicto armado en Guatemala e iniciar un nuevo milenio con esperanza. Esto fue así porque los Pueblos Mayas creemos en la tolerancia, el respeto mutuo y la capacidad de volver a soñar un futuro mejor para nuestras próximas generaciones.

Finalizar el conflicto armado interno de más de 36 años en Guatemala, fue nuestra mayor contribución a la paz mundial, durante el fin del siglo XX, pero construir una paz con justicia, equidad, desarrollo y respeto a la grandeza de las culturas milenarias de los pueblos mayas, sobre todo el respeto a la diversidad de todos los guatemaltecos, seguirá siendo un sueño, un anhelo, por el que muchos vivimos.

Cumplir esa misión significa mucho esfuerzo, mucho trabajo, y sobre todo garantizar que nuestros hijos sean actores sociales consecuentes con su memoria histórica.

Rigoberta Menchú con el Papa Juan Pablo II, 1999.
La defensora de los pueblos indígenas conoce al Papa.
Salir en busca de refugio para salvar la vida y la familia, significó romper con el ciclo de la vida. Pero lo más grande que tenemos es la naturaleza, donde existe el único espacio para soñar, vivir y sentirse realizado, como sitios sagrados, por lo que muchos refugiados, tendrán que aprender a amar las energías de la tierra donde quiera que lleguen y donde quiera que vivan.

Para enfrentar lo desconocido, se necesita aprender a vivir en un gran mundo intercultural. El planeta es multiétnico, multilingüe, diverso, por lo que ese testimonio de interculturalidad que viven los niños refugiados del mundo, debe ser una lección para la humanidad.

También quiero recordar a aquellos que no nacieron, que murieron en el vientre de sus madres a causa de la represión y que no alcanzaron a ser refugiados, así como a los menores huérfanos que en el refugio crecieron sin padres. Apelo a toda la humanidad para que el genocidio en Guatemala nunca se olvide.

Antes de que fuera refugiada, pensaba que mi cultura milenaria era un legado de mis ancestros mayas, pero hoy estoy convencida de que es un patrimonio universal, por lo que quiero compartir con todos los refugiados del mundo, un fragmento del primer poema que escribí, cuando apenas estaba aprendiendo uno de los idiomas universales que es el castellano, porque en mi pueblo solamente se hablaba el maya quiché...".

© Rigoberta Menchú, derechos reservados


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