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Daniel Viglietti Milonga de Andar Lejos (en vivo - marzo 84)
  Especiales
Jueves, 21 de junio de 2001 - 18:37 GMT
El caracol: Daniel Viglietti
Daniel Viglietti.
Daniel Viglietti, cantautor uruguayo y uno de los más importantes exponentes de la canción de protesta latinoamericana, tuvo que vivir fuera de su país durante la mayoría de los 12 años de gobierno de facto (1973 - 1985).

El autor de recordados temas como A Desalambrar, compartió con la BBC desde Montevideo las emociones del exilio y del regreso.


¿Qué sintió al tener que irse de Uruguay?

Mi primera salida en el 73 fue a trabajar a Buenos Aires. Esperaba regresar a una situación en Uruguay que ya era muy dura y me avisaron que otra vez había sido requerido. En ese momento me instalé en Buenos Aires. El destino parecía afincarme allí, con la ilusión, la esperanza, de estar tan cerca, en un lugar tan nuestro, en muchos sentidos.

Luego surgieron distancias mayores porque me contrataron para una gran fiesta del diario L'Humanité, en Francia e incidieron también factores familiares y pasé mi exilio muy lejos... ¿Qué sentí? Es una suma de sensaciones, de pérdida, de elaborar el duelo -como dicen los psicoanalistas.

Fue literalmente elaborar ese duelo o ese vuelo obligado, en un país donde yo no hablaba prácticamente la lengua, donde tuve que insertarme y donde también me nacieron otros impulsos. Pero sobre todo lo que sentí fue la falta de toda esa comunidad humana, de toda la gente: desde el primer nivel -la familia, por supuesto, los amigos -que son algo tan importante en la vida: no hay nada virtual que los pueda sustituir.


Qué lejos está mi tierra
y, sin embargo, qué cerca
es que existe un territorio
donde la sangre se mezcla.

Tanta distancia y caminos,
tan diferentes banderas
y la pobreza es la misma,
los mismos hombres esperan.

Yo quiero romper mi mapa,
formar el mapa de todos,
mestizos, negros y blancos
trazarlo codo con codo.

Los ríos son como venas
de un cuerpo entero extendido
y es el color de la tierra
la sangre de los caídos.

No somos los extranjeros,
los extranjeros son otros
son ellos los mercaderes
y los esclavos, nosotros.

Yo quiero romper la vida
cómo cambiarla quisiera
Ayúdeme, compañero
Ayúdeme, no demore
que una gota con ser poco...
con otra se hace aguacero.

Milonga de andar lejos, Daniel Viglietti
¿Cómo veía a su país desde el exilio?

Naturalmente lo veía con lentes oscuros porque las noticias que llegaban eran terribles y, desde lejos, el catalejo lo que muestra es aquello más vivo y más urgente, que era sobre lo que nosotros trabajábamos -toda una campaña de denuncias desde el exilio, a través de la canción, de actos, de comités, etc.

Uno se perdía el poquito de sol que dentro de todo podía tener el que estaba dentro de ese país-prisión, pero que podía respirar otras cosas. Nosotros recibíamos sólo la visión del catalejo. Siempre tuvimos claro que lo más grave ocurría dentro del país. Nunca hiperdramatizamos el exilio porque sabíamos que lo central era los presos, la tortura, la desaparición y el país prisionero de la dictadura.

¿Soñaba con volver a cantar y expresar sus ideas libremente en su tierra?

Sí. Siempre tuve la sensación de que se iba a producir el regreso, aunque ya por los españoles exiliados en Uruguay décadas anteriores yo había aprendido que no convenía levantarse todos los días con el boleto de regreso en la cabeza.

Soñaba con el regreso, con poder volver a cantar y sobre todo me nutrí mucho de los materiales culturales que fueron naciendo en esos años dentro del país: de alguna manera me los hacían llegar, escuchar A Los que iban cantando, la aparición después de otras figuras de la canción... Eso me demostraba que la canción estaba viva, que la gente estaba -a pesar de todo- viva y creativa.

Y cuando sí tuvo ese boleto de regreso, ¿qué expectativas tenía?

¡Uy! Eso fue una emoción imponente, tanto que yo no quise hacer el viaje directo hasta Uruguay sino que hice puerto en Argentina, como para llegar bien fresco, habiendo dormido bien... estar súper despierto para reencontrar todos esos círculos: la familia en la puerta del aeropuerto, los amigos, hasta compañeros de escuela que me saludaban cuando íbamos en el ómnibus. Fui recibido por cantidad de gente: me tocó entrar junto a -entre otros- Atahualpa del Chopo, un gran valor del teatro latinoamericano y mundial.

¡Aquello fue una emoción brutal!

Daniel Viglietti.
El hombre nuevo debió buscar al viejo.
Llegamos a una conferencia de prensa y de allí me fui a descansar a casa de un músico un ratito para poder llegar al concierto ese mismo día. Después de la caravana, entré al estadio Luis Franzini -un estadio de fútbol de Montevideo-, canté para 25.000 personas... Todo aquello lleno de banderas que habían salido quizás hacía pocos días de estar escondidas o que habían sido hechas el día anterior... Imágenes de figuras de la historia uruguaya y latinoamericana que estaban prohibidas: no hay que olvidar que todavía estaba la dictadura -ya negociando su retirada- pero todavía estaba.

Más allá del regreso puntual, del concierto ante una multitud, del abrazo, ¿qué esperaba del Uruguay?

Yo creo que después de ese abrazo entrañable, el cuerpo del país y el de uno tomaron la distancia lógica de la vida cotidiana. Mi reinserción fue lenta, la fui haciendo pausadamente -también por razones familiares. Pero yo diría que a partir del '85/'86 yo ya estaba con mi cabeza y mi corazón en Uruguay, aunque el cuerpo siguió viajando.

La reinserción se fue dando de una manera muy natural: fue como reencontrar a un viejo amigo con el que, después de la emoción inicial, no necesitas hablar demasiado, no tenés zonas de desencuentro. Yo lo viví así. Sé que en otros casos, la cosa fue más compleja.

¿Era realmente el país que esperaba?

Sabes que sí... era el país que yo esperaba. Había cosas que habían cambiado, podía sentir a veces un poco más de egoísmo en alguna gente o una concentración en sí mismo -uno analizaba que eso era el efecto de la dictadura-, pero sin embargo era el país que yo había dejado. Y reencontré una cantidad de gentes y de seres que estaban en su lugar, cuyo pie, cuyo corazón estaba en esa huella que uno recordaba en el exilio.

¿Qué marcas dejó esa separación forzada -no solamente en Daniel Viglietti sino en su generación?

Daniel Viglietti.
Su caracol camina sobre un ombú.
Tuvimos nuestra cuota de dolor y eso llevó también a reflexionar y a profundizar mucho. Yo creo que eso apareció en mis canciones: después de haber cantado que había que desalambrar tierras y que había que crear el hombre nuevo, hubo también que buscar adentro de uno el hombre viejo, el hombre golpeado que todos teníamos dentro después de todo lo que había ocurrido y también desalambrar los interiores de uno... sin olvidar lo otro: sigo pensando en sentido global lo que pensaba hace 30, 40 años -con los cambios necesarios.

En algún momento definía su casa durante el exilio básicamente como la de un caracol, porque no tenía raíces. ¿Pudo volver a echar raíces de nuevo en el Uruguay de hoy?

No hay que olvidarse que el caracol camina sobre plantas que sí tienen raíces. Yo creo que mi caracol caminaba sobre un ombú y yo no me daba cuenta. Además, el caracol se movía gracias a todo ese sistema de comunicación con las acciones solidarias a través del mundo: yo hago la autocrítica de que hemos olvidado un poco responder a la solidaridad que recibimos del extranjero.


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