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Especiales: Elecciones en Bolivia | |||||||||||||||||||||
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Jueves, 27 de junio de 2002 - 13:27 GMT
Testimonio desde el altiplano
![]() En la Bolivia de 1991, las comunidades indígenas carecían de servicios básicos.
La mañana siguiente al primer bombardeo aereo de Irak por parte de Estados Unidos en enero de 1991, James Painter, actual editor del servicio latinoamericano del Servicio Mundial de la BBC, se encontraba de viaje por el altiplano boliviano.
Una pequeña radio situada en el interior de la casa emergía la noticia del comienzo de la guerra del Golfo Pérsico. El indígena escuchó, confundido, y con creciente desesperación. -"¿Irak? -me preguntó- ¿dónde queda Irak? ¿Y por qué lo quiere bombardear Estados Unidos?" Le conté acerca de la invasión de Kuwait por parte de los iraquíes. -"¿Y cuánto cuestan esas bombas?", me preguntó. Me aventuré a adivinar una cifra de varios miles de dólares.
Hubo una larga pausa. El hombre procedió a contarme que su comunidad no había podido reunir los US$100 dólares al mes que le habrían costado los servicios de una enfermera itinerante, cuya presencia habría sido esencial para identificar los primeros síntomas de enfermedad en un bebé recién nacido como el que él acababa de perder. El hombre ingresó nuevamente en casa para seguir velando a su hijo. Yo me enteré después de que era el segundo bebé que perdía por causa de la desnutrición. Sin servicios básicos Este poblado era típico de Bolivia. No contaba con agua potable, electricidad o calles pavimentadas (de las cuales sólo existían en aquel entonces tres en todo un país del tamaño de Francia y España juntas). Allá en 1991, muchos bolivianos aún recordaban los caóticos días de la hiperinflación. En 1985 había alcanzado el 24.000 por ciento, uno de los niveles más altos alcanzados jamás en todo el mundo. El precio del pan -"pan de batalla", como le decían- podía aumentar diariamente.
Bolivia era el único país que yo conocía donde cinco dígitos, 21-0-60, se convirtieron en parte del lenguaje popular. Estos constituían el número del decreto con el que se introdujeron dramáticos cortes a la industria minera y se abrieron las puertas al capital extranjero. Inversión que nunca llegó Recuerdo haber preguntado a un experto tras otro cómo haría Bolivia para atraer a la inversión extranjera cuando tenía poca infraestructura, carecía de salida al mar y de una fuerza laboral capacitada y no contaba con reglas claras para las operaciones de potenciales inversionistas.
Aquellos a favor dicen que ha producido estabilidad económica y política, logro considerable en un país que sufrió 189 golpes de estado entre su independencia y 1982. Sus opositores, tanto de entonces como de hoy, arguyen, sin embargo, que el sistema sólo ha logrado estabilizar la pobreza. Los informes de la ONU siguen colocando a Bolivia en el peldaño más bajo de la liga de pobreza de Sudamérica.
De una cosa sí no cabe duda: Más de diez años después de la Guerra del Golfo de 1991 y de aquella mañana en el altiplano, el segundo Presidente Bush habla nuevamente de bombardear Irak. Y de ser así, con el costo de las bombas, incluso más avanzadas y modernas hoy que en aquel entonces, se podrían pagar los servicios de muchas enfermeras itinerantes para Bolivia. |
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