La inestabilidad política sigue imperando en Afganistán debido a las numerosas contiendas étnicas, religiosas y a las rivalidades regionales.
La existencia de comandantes locales, el tráfico de drogas y la constante insurgencia del Talibán amenazan el mantenimiento de la ley y los proyectos de desarrollo.
En los últimos años, millones de personas han abandonado sus hogares para huir de la violencia y a raíz de desastres naturales.
Desde 2002, programas de repatriación voluntaria respaldados por Naciones Unidas han contribuido al retorno de 3.725.000 personas desde el extranjero, principalmente de Pakistán e Irán.
Otros miles son desplazados internos, especialmente en el sur del país a causa de la insurgencia, que se ha intensificado desde 2006.
En 2006, más de 3.000 afganos murieron por la violencia -dos veces más que en 2005- y más que en ningún otro año desde la caída del Talibán en 2001, señala la organización Human Rights Watch.
Años de conflicto y los desplazamientos de la población hacen muy dificil llevar a cabo un censo.
Los últimos estimados sugieren que los pastunes representan más de la mitad de la población. Los tayikos representan el segundo grupo en número seguidos por los uzbecos y los hazaras.
Cerca de un 99% de los afganos son musulmanes y más de las tres cuartas partes de ellos son sunitas.
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