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Jueves, 12 de febrero de 2009 - 11:29 GMT
Los 19 días que cambiaron al mundo
Tomás Ciuffardi.
Tomás Ciuffardi
Desde las Islas Galápagos para BBC Mundo

Isla Dafne Mayor, en Galápagos.

Charles Darwin estuvo a bordo del HMS Beagle durante cinco años y en ese tiempo realizó observaciones alrededor de todo el mundo. Sin embargo, los 19 días que pasó en las islas Galápagos fueron decisivos para desarrollar sus ideas sobre evolución.

Un tiempo que -en términos de observación científica- resulta sorprendentemente escaso, pero para Darwin fue suficiente.

Incluso algunos guías naturalistas de Galápagos aseguran que la posibilidad de viajar entre isla e isla con relativa facilidad hizo que las diferencias físicas que tienen los animales entre sí sean más notorias para el joven naturalista.

De todas maneras, la idea sobre la evolución no salió de la mente de Darwin como un "¡Eureka!", ni fueron las Galápagos las únicas responsables en proporcionar evidencia para estos fines.

La evolución de las especies era un tema que ya se venía discutiendo en algunos círculos científicos antes de que Darwin siquiera tenga intenciones de dedicarse a la ciencia.

Su propio abuelo, Erasmus Darwin, ya sugirió en su libro Zoonomía -publicado entre 1794 y 1796- algunas inquietudes sobre un ancestro común al escribir si "será muy atrevido preguntarse si todos los animales de sangre caliente han surgido de un único filamento".

Asimismo, las observaciones previas que Darwin realizó antes de llegar a Galápagos, como el hallazgo de algunos fósiles de mamíferos extintos en Bahía Blanca en Argentina, poco a poco fueron generando dudas en el joven naturalista acerca del origen de las especies.

Confusiones

¿Qué fue entonces lo que vio Darwin en las Galápagos que revolucionó su manera de pensar y lo empujó a desarrollar una teoría que iba en contra de las más profundas convicciones religiosas de la época?

Esqueleto de ballena en Galápagos.
Galápagos, un laboratorio: un esqueleto de ballena descansa en una costa.

De acuerdo a las anotaciones realizadas en su diario de viaje -que luego fuera publicado como un libro y titulado El viaje del HMS Beagle-, las Galápagos en un principio no impresionaron a Darwin como impresionan ahora a cualquier viajero que pisa por primera vez el archipiélago.

Lógicamente muchos de los animales que vio en este lugar le causaron curiosidad, más por su aspecto "desagradable" y por su comportamiento "estúpido" -como en el caso de las iguanas marinas- que por su fisiología.

Las tortugas gigantes, por ejemplo, impresionaron al naturalista por su tamaño, por el sabor de su carne y por la "dificultad de montarlas".

Y fue gracias a otro inglés, Nicholas Lawson -quien actuaba como gobernador encargado de las Galápagos- quien hizo notar a Darwin que las tortugas se podían diferenciar e identificar por la forma de su caparazón, que era distinto en cada isla.

Así mismo los famosos pinzones de Darwin, unos pequeños pájaros cuyos picos tienen notables diferencias entre isla e isla, pasaron un tanto desapercibidos para el naturalista en su paso por las Galápagos.

Darwin se llevó algunos especimenes de pinzones como parte de la colección de animales disecados que trasladó a Inglaterra.

Pero -aparentemente- no los marcó adecuadamente o los confundió durante el viaje de regreso, lo que causó posteriormente que muchos ornitólogos modernos tengan que resolver un verdadero rompecabezas con respecto a sus anotaciones.

Cuenta la historia que fue el ornitólogo inglés John Gould quien entendió y explicó al propio Darwin acerca de la importancia de sus recolecciones, y fue él quien clasificó a estas aves como especies distintas, además de bautizarlos como los "pinzones de Darwin".

Póngase a prueba

Méritos

Pero no se trata de quitar méritos a Charles Darwin.

Lava petrificada en Galápagos.
Tierra y lava petrificada en Galápagos.

Su estadía y observaciones en las Galápagos fueron determinantes para cambiar su punto de vista sobre temas vitales como la herencia, la adaptación al medio y las diferencias físicas entre animales con ancestros comunes.

Si los pinzones no lo impresionaron en un principio, sí lo hicieron en cambio los pájaros "cucuves" -conocidos en otros países como "sinsontes" o "cenzontles"- ya que esta especie fue la que dio la clave a Darwin sobre la "estabilidad de las especies".

Al llegar a Galápagos Darwin observó que los cucuves de la isla San Cristóbal eran similares a los que colectó en el continente, pero en las siguientes islas se encontró con una diferencia notable en la forma de los picos de estas aves y pudo identificarlas el origen de cada una de acuerdo a su forma, algo que no pudo hacer por su cuenta con los "famosos" pinzones.

Darwin fue vital en la teoría de la evolución porque él proporcionó las evidencias, las pruebas tangibles de algo que se discutía sólo en teorías. Esas evidencias se reúnen en un solo lugar llamado Galápagos.

Lo que vio Darwin

Darwin pisó cuatro de las trece islas que componen el archipiélago de Galápagos: San Cristóbal, Floreana, Isabela y Santiago.

En cada una hizo anotaciones sobre la geología y la dramática formación volcánica de las islas, característica que en lugares como la Isla Fernandina es reconocible a simple vista, con plataformas de roca fisuradas y flujos de lava petrificados.

Tortuga en Galápagos.
Las tortugas, uno de los símbolos de Galápagos.

Las iguanas marinas, mimetizadas con la roca negra, siguen tan pasivas en la tierra como lo registró Darwin, y las tortugas gigantes todavía se pasean en total libertad por las altas tierras galapagueñas, aunque muy reducidas en número por la acción de balleneros y piratas en el siglo XIX.

Así mismo, los piqueros, fragatas, albatros, pinzones, gavilanes y búhos rondan los cielos de estas islas y todavía no se sienten amenazadas por la cercanía del ser humano.

La vegetación, que también fue objeto de estudio para el naturalista inglés, sigue siendo precaria, primitiva y rala, pero suficiente para sostener un "universo en sí mismo", como lo dijo el curioso Charles.

En definitiva, Galápagos es un sitio que causa un impacto peculiar en el viajero que pisa por primera vez sus agrestes costas.

Un lugar en el que se puede ver en pocos días- incluso menos que 19- el origen y el destino de la vida.

Pero nada de esto estuviera aquí intacto, como lo ha estado durante millones de años, si no fuera por el genio de un joven de 26 años, que venciendo sus convicciones religiosas, entendió que el milagro de la vida tuvo su origen en un ancestro común.





 

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