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Jueves, 18 de diciembre de 2008 - 13:18 GMT
Entre artesanías y salamis
Gabriela Torres
Gabriela Torres
Namche Bazar, Nepal

Cestas de porteadores.
El transporte y el comercio de todo tipo de productos queda sujeto a la capacidad de carga de los porteadores.

Las características geográficas de la región del Khumbu, donde descansa el Everest, dificultan la creación de carreteras. Sus empinadas subidas y bajadas hacen prácticamente imposible que por allí circule tan siquiera una carretilla.

Es por este motivo que el transporte y el comercio de todo tipo de productos queda sujeto a la capacidad de carga de los porteadores.

Si bien la economía nepalí se nutre de la agricultura, con cultivos de granos, azúcar y tabaco, esa producción se encuentra lejos de esta región, aislada hasta de su propio país. La altura es directamente proporcional a la escasez de insumos o de centros de comunicación.

Durante el ascenso al campamento base del Everest, el tráfico de porteadores, cargando desde botellas de agua potable hasta tablones de madera maciza, es constante.

Sólo se interrumpe con el paso de los yaks (bovino típico del país) cargados de cocinillas, aceites y mochilas de excursionistas. Ellos también muestran señales de agotamiento en las subidas.

Con un ingreso per cápita anual de US$1.100, la población local busca en los casi 80.000 turistas que visitan la región cada año una fuente extra de dinero. Para ello, la oferta en el trayecto debe estar ajustada al mundo occidental.

Es decir, agua potable, productos de higiene personal, papel higiénico, comidas empacadas... deben ser llevados a cuestas desde Lukla hasta lo más alto de la región. Esto sin contar los enseres imprescindibles para el ascenso a un pico de más de 8.000 metros, como por ejemplo, bombonas de oxígeno.

Por la comodidad

Restaurante.
Los pequeños agricultores de la zona han dejado el campo para convertirse en empresarios.
Además, los pequeños agricultores de la zona han dejado el campo para convertirse en empresarios dueños de lodges (posadas), restaurantes o bodegas.

Si bien en el pasado los excursionistas se quedaban en casas típicas nepalíes, éstas han sido transformadas y cuentan ahora con 5, 10 ó 20 pequeñas habitaciones cuyo precio varía de acuerdo a su espacio y a las comodidades del catre en que se duerme.

Si el viajero es renuente a olvidarse de sus hábitos del hogar, entonces puede pagar por una ducha de agua caliente, que en muchos casos consiste en calentar el líquido en una olla y limpiarse con la ayuda de un cubo de plástico.

En otros albergues más modernos, el agua calentada es vertida en un mini tanquecito, con una manguera que sale de su base hacia un baño exterior improvisado con madera o láminas de plástico.

En cualquier caso, el precio que hay que pagar por estos lujos aumenta con la altitud.

Reactivación de la artesanía

Puesto de artesanías.
Otro rubro en en el Khumbu son las artesanías de Nepal y Tíbet.

Otro rubro que ha tomado auge en el Khumbu son las artesanías y los productos tibetanos, que llegan hasta aquí tras largas jornadas atravesando el Himalaya por pasos de hasta 6.000 metros.

Dicky Dolma es propietaria de una tienda en Namche Bazaar, una localidad a 3.440 metros de altura ideal para la aclimatación de los montañistas. También es el centro de intercambio comercial más importante del Khumbu.

Hasta aquí llegó Dicky hace 19 años cuando ella y su familia huyeron de la represión china. "Sólo tenía US$70 en el bolsillo para empezar una nueva vida aquí. Poco a poco fui ahorrando dinero y hace 12 años abrí mi primera tienda", explica mientras termina de fijar las campanas de bronce a una tira tejida a mano por ella.

"Ojo de Buda", y señala el diseño del tejido. "Es para la buena fortuna en la casa. Debe colocarlo en una ventana".

En un instante, la tienda que ocupa una esquina de las estrechas calles empedradas de Namche se llena de turistas ávidos de comprar sombreros, campanas, cinturones, tapices, tallas de madera, artículos de orfebrería. Todos quieren saber el precio para poder empezar a negociar un buen descuento.

Cuando Dicky empezó a vender artesanías, apenas si lograba ganancias, pero "poco a poco vinieron más y más turistas" y con ellos, el dinero. "Lo que más se llevan son cinturones, sombreros y campanas", hace un último comentario antes de interrumpir la conversación. Tiene que atender a sus clientes.

Un poco de todo

Tienda.
Namche también es el último lugar donde el excursionista puede comprar algún equipo de escalada o acampada.
La tienda de Dicky queda justo al frente de un café de internet y una calle más arriba de una pastelería alemana, donde el sándwich de salami puede llegar a saber a gloria después de una semana a base de lentejas, papas, queso de yak y huevos, muchos huevos.

Namche también es el último lugar donde el excursionista puede comprar algún equipo de escalada o acampada que se le haya olvidado o perdido, porque además de artesanías, a este centro comercial llegan todo tipo de productos elaborados en China, aun cuando su gobierno tenga cerradas las fronteras.

Además, en el paisaje de Namche se pueden observar las antenas satelitales y placas solares que les permiten tener una conexión con el mundo, además de ofrecer otros lujos antes impensables como poder recargar las baterías de cámaras, videocámaras y portátiles.

En esta zona del Khumbu existe una pequeña pista de aterrizaje de tierra para quien quiera acortar el camino hacia los ochomiles. Sin embargo, más allá de la dificultad que puede tener el piloto para aterrizar en esta zona montañosa, al volar aumenta el riesgo de sufrir mal de altura.

A 3.440 metros sobre nivel del mar sólo tenemos el 64% de oxígeno. Delante todavía nos quedan 2.000 metros hasta los pies del techo del mundo.



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