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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:36 GMT
Lavar el dinero del narco
Narcovida: testimonios

Redacción BBC Mundo

Jaime Beltrán
Era gente muy educada, casi todos con carrera, todos de traje y portafolio, que tenía negocios y empresas en sus países... Yo no andaba con sombrerudos botudos y armados
Desde muy joven, Jaime Beltrán se dedicó a la pintura. Pero el oficio no le redituaba lo suficiente para subsistir, por lo que lo abandonó para unirse a las filas del narcotráfico.

Sus habilidades administrativas fueron las que le abrieron la puerta para trabajar con presuntos carteles sudamericanos.

Estuvo recluido cinco años acusado del delito de lavado de dinero. En la prisión retomó el gusto por la pintura, y desde entonces vive de ella. Hace un año y medio salió libre con una nueva forma de ver la realidad.

En diálogo con BBC Mundo, recuerda cómo era su vida y sus dilemas como "lavador".


En estos días se habla mucho del combate al narcotráfico y al narcomenudeo aquí en Ciudad de México... Yo creo que castigar una forma de vida que se dejó ser durante 30 años, y ahora decir: "Ya no queremos que lo hagan", es un poco absurdo.

Porque tú dices: "Es que están envenenando a la gente", y ellos te van a decir: "Nosotros no obligamos a nadie". Y hasta cierto punto, tienen razón...

Yo viví durante media infancia y media juventud en Sinaloa, y tú veías como tú tomabas tu dinero y decías "me voy en camión [autobús] y me tomo un refresco", mientras los hijos de los narcos llegaban con camionetas del año y con cintas con hebillas de oro. Y ellos no habían hecho nada, simplemente su papá se los daba.

Empecé a ver gente conocida [del narco] que me decía "oye, ayúdanos, tú que eres muy inteligente". Y pues me dieron trabajo, en cuestión de administración y finanzas... ése fue mi vínculo con ellos realmente. Fue una situación rara, en la que de estar ganando 1.000 pesos cada dos meses pasé a ganar 1.000 dólares cada mes
De repente yo me cambié a Guadalajara, empecé a trabajar y me fue muy mal. Mis ingresos promedio eran de 1.000 pesos [US$100] cada dos meses en 1996. Y créeme que yo hacía todo el esfuerzo por trabajar honradamente y todo... y trabajaba, y mis ingresos no subían. Hacía escultura y artesanías, y la gente decía "pues está muy bonito", pero no me compraban.

Empecé a ver gente conocida [del narco] que me decía "oye, ayúdanos, tú que eres muy inteligente". Y pues me dieron trabajo, en cuestión de administración y finanzas... ése fue mi vínculo con ellos realmente. Fue una situación rara, en la que de estar ganando 1.000 pesos cada dos meses pasé a ganar 1.000 dólares cada mes.

Yo nunca tuve nada que ver con la cuestión del manejo de droga, jamás. Yo les ayudaba cuando me decían "oye, cámbiame estos dólares o llévamelos a México". No les preguntaba, la verdad...

Dentro de muchos rubros "negros", no te dicen de dónde viene el dinero. El dinero fácil es fácil de boca, nada más, como dicen, porque cuando tú estás manejando droga o dinero corres el riesgo de que te roben, de que te metan en la cárcel, o de que te maten.

Pintura de Jaime Beltrán
Beltrán recuperó el gusto por la pintura en la prisión, y ahora vive de esta actividad.
Y el riesgo de robo es por parte de las autoridades, por parte de narcotraficantes, por parte de ladrones, por parte de gente que se dedica a eso -o sea, especialistas en robar a gente que maneja estos negocios.

Pues sí, el riesgo es inherente al trabajo, cuando tu manejas US$1 millón que no es tuyo y dices: "OK, si me lo roban y no me matan, ¿me van a creer... que me lo robaron?"

Un total de US$1,5 millones, más o menos, fue la cantidad que tuve en custodia. Un día normal consistía en llevar el dinero a lugares como casas de cambio, billetes grandes por chicos, cantidades como de US$100.000, contarlos, ir a comer... Pues, yo creo que como en cualquier empleo bancario o de cualquier casa de cambio. Tu trabajo es manejar el dinero.

La complicación, casi siempre, era que te entregaban el dinero y salían corriendo. Y a la hora de contarlo, faltaba. Donde se manejan cosas de valor, siempre está la rapiña. Siempre hay robo hormiga. Dicen: "Ah, es un millón, no se nota que saquemos US$4.000 ó US$5.000". La sustracción era un problema.

La complicación, casi siempre, era que te entregaban el dinero y salían corriendo. Y a la hora de contarlo, faltaba. Donde se manejan cosas de valor, siempre está la rapiña.
A mí me reclutaron por honesto, por decirlo así, porque son puestos muy difíciles... tanto en la custodia de mercancía como en la custodia de dinero, no puedes poner a cualquiera. De cierta manera todo el mundo sabe que algo no está bien, pero es trabajo.

Y yo siento que, aunque no era un trabajo lícito por la supuesta procedencia del dinero, yo tenía una honradez que siempre tuve y me mantuvo en alta estima de muchas personas.

Me lo aguantaba, la verdad, ya cuando me llegaba mi chequecito me lo aguantaba (risas)... pero sí estaba consciente de que lo que hacía no era correcto.

El 1% nada más, era lo que nos daban a nosotros. Todo el mundo piensa que porque alguien trabaja en el narcotráfico gana grandes cantidades de dinero, pero eso es un mito.

Casi toda la ganancia se la llevan los que traen el producto, los que venden al mayoreo y al menudeo. Todas las personas que están en el camino no ganan grandes cantidades.

Casi siempre hay una persona a la que le pagan por llevar [el dinero], y si lo detienen le van a dar de cinco a diez años de prisión por ganarse 100.000 pesos [unos US$10.000]. Y no creas que es diario el trabajo... si te lo ganas una vez al mes, es mucho. Así que, comparado con sueldos de trabajos de alto riesgo, no es tanto...

Yo no trabajé con ningún mexicano ni tuve nexos con ningún cartel de México, sino que toda la gente eran extranjeros que querían llevarse su dinero y que lo pasaban por México por necesidad.

Manos de Jaime Beltrán
El 1% nada más, era lo que nos daban a nosotros. Todo el mundo piensa que porque alguien trabaja en el narcotráfico gana grandes cantidades de dinero, pero eso es un mito
Era gente muy educada, casi todos con carrera, todos de traje y portafolio, que tenía negocios y empresas en sus países... Yo no andaba con sombrerudos botudos y armados.

Yo llevaba dinero a Bogotá y a Lima, a oficinas de empresas en edificios corporativos... Llegaba yo a un hotel normal, todo el mundo andaba de traje, no veía gente armada, ni el estereotipo que uno tiene del narcotraficante.

Y creo que el dueño del dinero era administrador de empresas, y administraba una empresa de un producto ilícito, pero que al fin y al cabo se comercializa y se vende.

Me detuvieron con US$400.000, en el aeropuerto de Ciudad de México. En primera instancia [los narcos] se comunicaron con un amigo mío, dijeron que no había problema, que pagaban abogados, todo... obviamente no por mí, sino para recuperar el dinero también.

Pues fui a la cárcel, cinco años. Ahí te vuelves más maduro, porque piensas las cosas antes de hacerlas. Es que cuando uno está en la calle tiene la opción de salirse con la suya en muchos sentidos, no en uno o dos.

Pides prestado y no pagas y te vas a otra parte, dejas a la novia y te escapas... o sea, cosas que cuando estás tan restringido de espacio no puedes hacer. En un lugar como la cárcel, si tú pides prestado y no pagas puedes perder hasta la vida. No puedes huir, estás ahí.

Cuando salí procuré no volver atrás. No los busqué aunque algunos de ellos me mandaron saludos, me dijeron que qué bueno que había salido. Yo no los busque para otra cosa. Me dicen: "Cuando quieras te ayudo" ¡No, no, así está bien, déjenlo así! (risas).

A mí me gusta cumplir mi palabra y yo dije: "Si alguna vez llego a tener un problema, debut y despedida", y trato de mantenerlo así.


Jaime Beltrán dialogó con BBC Mundo en Ciudad de México.





 

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