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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:36 GMT
Literatura de la violencia
Narconovelas

Leónidas Alfaro Bedolla
Leónidas Alfaro Bedolla
Especial para BBC Mundo

Las razones del ser humano para provocar la violencia son propias de su naturaleza. Muchos motivos ha tenido la humanidad para producir literatura cuya inspiración es la violencia -principalmente guerras, muchas guerras, provocadas por la conquista de territorios, de bienes, de tesoros, de poderes, y hasta por algo que me parece inverosímil, pero ahí está la historia que no miente: la guerra de opio entre China, Inglaterra y Francia, entre 1840 y 1860.

Cadáveres en México
En Sinaloa la violencia ha cambiado con los tiempos, y la literatura ha reflejado estos cambios.
Por esto, resulta oportuno incursionar sobre el principal motivo recurrente para que impere la violencia en Sinaloa desde hace al menos siete décadas: las drogas.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Hitler ordenó cerrar el suministro de goma de opio que partía desde Marruecos, Turquía y Afganistán hacia el mundo Occidental. La materia prima era necesaria para producir la morfina indispensable para atender a los heridos de los frentes de guerra.

En Estados Unidos, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió buscar otros lugares para producir la adormidera, y México fue el territorio elegido para resolver el problema de abastecimiento.

Concretamente, las zonas serranas de los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, territorio conocido desde hace tiempo como el "triángulo de oro".

El presidente estadounidense firmó un convenio con su par mexicano, en aquel entonces el general Manuel Ávila Camacho, para que se sembrara la planta en el triángulo, empleando agricultores de origen chino. Y con la amapola, llegaron los encuentros violentos a Sinaloa.

En marzo de 1941, el gobernador del estado, coronel Rodolfo T. Loaiza, ordenó al encargado de la fuerzas judiciales que destruyera y apresara a los narco-agricultores. En la misión, murió el jefe de la partida de judiciales: lo acabaron a balazos al intentar la destrucción del plantío.

El gobernador no abandonó su misión, y un año más tarde también a él lo mataron durante los festejos del carnaval de Mazatlán. Se dijo que el asesino había sido un matón al que apodaban "El Gitano". Nunca se supo, pero lo que sí quedó claro es que había sido la mafia del narcotráfico, que había sentado sus reales en la zona.

Y desde entonces se han escrito muchas historias, se han difundido al mundo notas periodísticas, y han surgido ensayos, cuentos, relatos, novelas y canciones que narran la historia del narco en estas tierras.

Violencia de cada era

En Sinaloa la violencia ha ido cambiando con los tiempos, y de esa misma forma también la literatura ha evolucionado.

Portada de la novela "Tierra Blanca", de Alfaro Bedolla
Los narconovelistas no intentamos el Nobel, sino dar a conocer la cara, ya no oculta, de este monstruo de la sociedad mexicana

Uno de los historiadores más importantes de nuestro terruño fue el maestro Antonio Nakayama: él nos describió, en su obra "Sinaloa, su drama y sus actores", aquel pasaje brutal de la conquista, de cuando el español don Nuño Beltrán de Guzmán llegó a tierras Culichis para conquistarnos.

Fue, según dice la historia, un 29 de septiembre de 1531. En esos relatos destaca el descuartizamiento de Ayapín, un indio que se reveló. Su sacrificio fue ante cientos de aborígenes, en el mero centro de aquel villorrio que entonces era Colhuacán.

Luego, Fausto Marín Tamayo nos relata la violenta historia de Heraclio Bernal, un bandolero que a finales del siglo XIX se rebeló contra los patrones que lo explotaban en una mina, allá en el estado de Durango, se convirtió en salteador de caminos y robó a los ricos para repartir entre los pobres, hasta ser fusilado en plena sierra sinaloense.

Mucha historia y mucha violencia han pasado desde entonces. En Sinaloa ha recrudecido desde hace tres décadas el promedio de muertes sangrientas al año, se dice que por motivos del narcotráfico.

Esta barbarie se ha relatado en la prensa, y todos los demás medios han dado cuenta de ello.

El mismo periódico "Noroeste" fue fundado en 1973 por Jesús Manuel Clouthier del Rincón, un político sinaloense que buscó mediante ese medio dar a conocer al mundo la maraña siniestra que tejía el monstruo del narco.

Desde tiempo atrás, los escritores de novelas fueron parte de esta tendencia, y el primero que incursionó en el tema fue el periodista Pedro Serrano. Su "Diario de un narcotraficante" se publicó en 1963, bajo el seudónimo de Nacaveba, nombre de un jefe indio de origen maya que se enfrentó al gobierno a finales del siglo XIX.

Ya en aquellos años, publicar sobre asuntos del narco era peligro mortal.

En primera persona

El que esto escribe, en el año de 1971 empezó a crear una historia sobre el tema.

Malverde (Foto: Notimex)
La obra de teatro "El Jinete de la Divina Providencia" está basada en Jesús Malverde.
La terminé cinco años después, pero no me atreví a publicarla: hacerlo era todavía un riesgo de muerte. Esperé hasta 1996 para publicar mi primera novela, "Tierra blanca".

Después de ésta, aparecieron "El asesino solitario", de Élmer Mendoza y "La amante de Janis Joplin". César López Cuadras publicó "La novela inconclusa de Bernardino Casablanca", y después "Cástulo Bojórquez".

Oscar Liera, que fue dramaturgo, puso en escena "El jinete de la Divina Providencia", basada en Jesús Malverde, el santo creado por la fe del pueblo y convertido por los traficantes en el santón de los narcos.

De la violencia ha surgido mucha literatura -una literatura que a veces es considerada por los sesudos que saben de finezas como de baja calidad.

Pero eso es lo de menos: los narconovelistas no intentamos el Nobel, sino dar a conocer la cara, ya no oculta, de este monstruo de la sociedad mexicana.


Leónidas Alfaro Bedolla nació en Culiacán, México en 1945. Estudió contabilidad en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha publicado ensayos y diversos artículos periodísticos en México. Alfaro es autor de novelas tales como "Tierra blanca", "Por amor a Feliciana" y "La maldición de Malverde". Acualmente es miembro del Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural del Municipio de Culiacán.





 

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