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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:35 GMT
Hazañas narco con ritmo norteño
Narcocorridos

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Valeria Perasso
Valeria Perasso
BBC Mundo

Primero fue Camelia, la Texana, mujer de agallas y heroína al margen de la ley.

Escuche "Contrabando y traición"

Los Tigres del Norte. Foto: gentileza Los Tigres del Norte.
Con 30 años de trayectoria, Los Tigres del Norte son considerados pioneros del narcocorrido.
En plena ruta, y mientras traficaba su "hierba mala", Camelia, pistola en mano, puso fin a la vida de su compañero de andanzas, el Emilio Varela. Siete balazos. De Camelia y el dinero, ya nunca más se supo.

Lejos de morir, Camelia pasó a formar parte del imaginario popular. La canción que le dio vida, "Contrabando y traición", se convirtió en el punto de partida de un género musical: el de los narcocorridos.

Y fue también el primer éxito de ventas con el sello distintivo de Los Tigres del Norte, banda emblemática de la música norteña que ha sumado discos y adeptos por más de tres décadas.

Escuche la entrevista a Los Tigres del Norte

Los relatos heroicos al ritmo del acordeón no son una novedad: las baladas y los corridos, inspirados en valses y polkas, son parte del folklore mexicano desde hace por lo menos un siglo.

Se escuchan en cada cantina de las zonas rurales, y se repiten sus estribillos pegadizos mientras suenan estridentes los instrumentos de viento.

Como destaca José Manuel Valenzuela, académico especializado en el estudio del lenguaje, para la población mayormente analfabeta del México del siglo XIX, el corrido fue "crónica, diario, constancia e interpretación" de tragedias y eventos.

Cientos de ellos se han escrito para cantar loas a las figuras de la historia mexicana, como Pancho Villa y los líderes de la revolución.

A los narcohéroes

Luego, cuando los héroes comenzaron a jactarse de otra clase de hazañas, los corridos no hicieron más que reflejar esta realidad. Junto a los cultivos ilícitos y los traficantes de la frontera, el narco comenzó a tener su propia banda de sonido.

Para la población mayormente analfabeta del México del siglo XIX, el corrido fue "crónica, diario, constancia e interpretación" de tragedias y eventos
José Manuel Valenzuela, autor de "Jefe de Jefes: corridos y narcocultura en México"

Muchos dicen, incluso, que los mismos jefes de los carteles entregaron jugosas sumas para que alguna banda les compusiera una canción que eternizara sus fechorías.

Elijah Wald, autor del libro "Narcocorrido", relata que "lo primero que un traficante hacía tras una operación exitosa, era contratar a alguien" que escribiera sobre su hazaña.

Aunque, por cierto, la mayoría de las bandas musicales siempre ha negado todo vínculo con los jefes de los carteles y sus secuaces. Ellos, repiten, son juglares contemporáneos y, como tal, cuentan historias y chismes - entre ellos, los del narco.

Los corridos, otrora relatos rurales, se infiltraron así en la cultura urbana, como si el relato de los submundos de las drogas le diera un matiz "narco-chic" que los vuelve digeribles para nuevas audiencias.

El viraje temático, junto con la globalización acelerada de la industria discográfica, hizo del narcocorrido un género líder en las listas de "los más escuchados".

Según Wald, en los años 90, más de dos tercios de los discos de música latina que se vendían en Estados Unidos eran de narcocorridistas mexicanos, y Los Ángeles se convirtió en el epicentro del género más allá del Río Bravo. Todas las voces, un sólo estilo: hazañas narco con ritmo norteño.

"Chalino" Sánchez. Ilustración: Watchavato.
La muerte trágica de "Chalino" Sánchez, en 1992, disparó las ventas de sus discos.
La era post-Chalino

En 1992, la muerte de Rosalino Sánchez marcó, para muchos, el fin de una era.

Este corridista de voz áspera y sombrero eterno, conocido por su apodo de "Chalino", construyó un negocio basado en la composición de narcocorridos y su distribución en cassettes, allá por los años 80. Tenía 31 años cuando lo mataron, al terminar un concierto en Culiacán.

Su confusa muerte alimentó la crónica policial y el fervor de sus seguidores. Más allá de disparar las ventas de sus discos, el asesinato del Chalino fue una señal de alarma: algo no estaba saliendo bien en el encuentro explosivo de la música y el narco.

Desde entonces, varios cantantes populares norteños fueron amenazados. Otros, atacados, secuestrados, degollados... Entre noviembre y diciembre de 2007, los medios informaron de nueve muertes violentas en el mundo de la música grupera.

Acusados de idealizar la vida pandillera, y el tráfico y el consumo de drogas ilícitas, varios cantantes salieron a defender su música que, según alegan, está arraigada en la tradición y no hace más que reinventarse de acuerdo con los tiempos que corren.

Seguidores del grupo K-Paz reclaman por la muerte del cantante
Varios cantantes populares norteños fueron amenazados. Otros, atacados, secuestrados, degollados... Entre noviembre y diciembre de 2007, los medios informaron de nueve muertes violentas en el mundo de la música grupera

Otra vez se habló de los vínculos con los carteles, de composiciones a pedido, de conciertos privados para los jefes narco, y de enfrentamientos entre grupos musicales simpatizantes de carteles rivales.

Ya en 2002, durante el gobierno de Vicente Fox, los corridos fueron prohibidos en algunas radios locales, sobre todo en el norte y centro del país, como una medida para ayudar a erradicar la violencia creciente.

Pero, lejos de acallarse, la música siguió sonando. Millones de dólares en ventas, conciertos multitudinarios, clubs de fans internacionalizados y potenciados por internet. Hasta el escritor Arturo Pérez Reverte reivindicó públicamente el género, al asegurar que un narcocorrido fue la fuente de inspiración de su reciente novela "La Reina del Sur".

Otros, en cambio, destacan que la glorificación de la ilegalidad, aunque sólo sea con intenciones de crónica de una era, no tiene sino efectos dañinos para una sociedad jaqueada por la narcoviolencia.

En algunos clubes y cantinas de los estados fronterizos del norte, ya no se escuchan las andanzas de Camelia. Ni muchas otras historias que vinieron después, corridos con letras más explícitas y provocativas que celebran a los capos narco, desde los Arellano Félix al "Mochomo" Leyva.

Los dueños de los antros se autoimpusieron la veda, a pedido de un público que no quiere escuchar en ritmo bailable lo que ve en los periódicos y en las calles.

Jefe de jefes

Los Tucanes de Tijuana
Desde los años 90, Los Tucanes de Tijuana le cantan al narcotráfico y la inmigración ilegal.

Los Tigres del Norte, en tanto, siguen sumando discos y giras más allá de la polémica.

Junto a Los Tucanes de Tijuana, el quinteto de los hermanos Hernández es uno de los grupos de corridos de más larga trayectoria.

Así lo confirman sus 47 álbumes, 130 discos de platino y más de 32 millones de copias vendidas, más una larga gira por España y Estados Unidos durante 2008.

La banda de Sinaloa, que siempre se ha definido como simple cronista de la vida cotidiana mexicana, dice huir de la glorificación de los narcotraficantes.

Con ellos dialogó BBC Mundo para hacerles la pregunta que está en el centro de la polémica: ¿son los narcocorridos el reflejo de una sociedad o un instrumento de propaganda que glorifica a los criminales?

Asimismo, Los Tigres respondieron a las preguntas que nos hicieron llegar los lectores, en una jugosa entrevista interactiva para BBC Estudio Abierto.

¿Qué dijeron? Aquí, un anticipo:

Escuche un fragmento de la entrevista

Escuche la entrevista completa


Sinaloa, escenario de narcocorridos. Ilustración: Watchavato

Participe

¿Cree que se puedan contar otro tipo de historias al ritmo de la música norteña?

¿Tiene alguna idea de un corrido con diferentes contenidos?

BBC Mundo invitó a los lectores a escribir un corrido diferente, con una letra en contra del narcotráfico. Esta convocatoria ha sido cerrada pero puede ver las propuestas recibidas a través del siguiente vínculo.





 

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