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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:46 GMT
Culiacán con ojos colombianos
Con ojos colombianos

Juan Carlos Pérez S.
Juan Carlos Pérez Salazar
Enviado especial de BBC Mundo a Culiacán

I

Si Culiacán de verdad está en medio de una guerra, su inicio tiene fecha, hora y lugar precisos: la madrugada del 21 de enero de 2008, en la colonia Burócratas.

Ese día, unos cien efectivos de las fuerzas especiales detuvieron a Alfredo "Mochomo" Beltrán Leyva, uno de los capos del cartel de Sinaloa, el estado del cual Culiacán es la capital.

La guerra -coinciden ex militares, políticos y periodistas con los que hablé- se desató porque el jefe principal del cartel, Joaquín "Chapo" Guzmán, no aceptó un plan de los hermanos del Mochomo para rescatarlo de la cárcel.

Los muertos de lado y lado se cuentan por decenas, entre ellos un hijo del Chapo Guzmán, asesinado por un comando armado en un centro comercial de la ciudad.

II

Rumbo a Culiacán. Foto Juan Carlos Pérez S.
Culiacán es la capital del estado de Sinaloa.
¿Quién soy yo para poner en duda si Culiacán es escenario de una guerra o no? ¿Acaso casi diez años como periodista en Medellín, durante el apogeo y caída de Pablo Escobar, no me enseñaron que la guerra tiene muchas formas, que puede ser subrepticia pero igualmente mortífera?

Sin embargo, no esperaba esto: una ciudad moderna pero tranquila. Con ritmo de urbe de tierra fría en medio de un calor soporífero.

Tampoco era lo que se esperaban los colegas, blogs y contactos en México a los que consulté antes del viaje.

"No pares un taxi en la calle ni por equivocación. Mejor ni lleves cámara. ¿Será prudente grabar? Cuidado te ven tomando notas".

Recuerdo que, ante la avalancha de advertencias, entre divertido y atribulado pensé "¿y entonces a qué diablos voy a Culiacán?".

III

A ver una ciudad profundamente afectada por el narcotráfico. A eso. La urbe donde se forjaron el Chapo Guzmán, los Beltrán Leyva y el legendario Amado Carrillo, el "Señor de los Cielos". La zona donde se tiene noticia de cultivos de amapola y tráfico de opio desde la Segunda Guerra Mundial. La población donde el escritor español Arturo Pérez Reverte hizo nacer a la inescrutable Teresa Mendoza Chávez, protagonista de su novela "La Reina de Sur".

Aunque esa Culiacán no se hace evidente a primera vista, poco a poco, empiezan a brotar señales que me remiten a la Medellín de finales de los 80: caravanas de vehículos artillados del ejército patrullando las calles. Una camioneta 4X4 con vidrios polarizados, corriendo a toda madre por una concurrida avenida, sin importarle quién está por delante.

Panorámica de Culiacán. Foto Juan Carlos Pérez S.

Y sobre todo la sensación de gran opulencia: una avenida en la que, por más de un kilómetro, sólo se ven almacenes de autos de lujo de todas las marcas imaginables. Enormes centros comerciales. Casinos. Y un evidente boom de la construcción.

Aquí me aseguran que buena parte se debe a las enormes cantidades de dinero que el narcotráfico ha puesto en circulación. Como en la capital antioqueña.

Pese a todo, no percibo el miedo y la tensión que sentí en los peores momentos en Medellín, cuando la visión de un motociclista en medio de las sombras de la noche hacia titubear. Cuando un simple rumor desataba un toque de queda informal ("dicen que van a matar a todo el que vean en la calle después de las 11 pm").

Y eso que me aseguran que Culiacán no es escenario de una guerra, sino de dos.

IV

La otra guerra empezó el 1° de diciembre de 2006, día en que Felipe Calderón se posesionó como presidente de México. Como lo había prometido en campaña, Calderón empezó una lucha más frontal contra el narcotráfico.

Esta lucha ha tenido sus consecuencias en Culiacán. De un promedio de 50 asesinatos mensuales durante al menos la última década, a partir de mayo de este año se pasó a 92.

Militar vigila dólares decomisados en Culiacán
Calderón ordenó la entrada del ejército a la lucha contra el narcotráfico.
"Eso es a raíz de los operativos" me asegura, estadísticas en mano, Carlos Morán, coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública, un organismo en el que confluyen gobierno y ciudadanía. No critica. Sólo señala una correlación matemática.

Pero esas matemáticas no se acercan a las de Medellín y el Área Metropolitana en sus peores años, cuando los homicidios se podían contar en varios miles.

Morán me asegura algo más: que entre el 90 y el 95% de los asesinatos que se cometen en Culiacán están relacionados con el narcotráfico.

Esto significaría que, por ahora, la violencia se ha mantenido entre los carteles y en la confrontación con el Estado, sin desbordarse a los ciudadanos de a pie.

V

El periodista Javier Valdez cree que la violencia hace mucho que se desbordó.

"Ya no se necesita ser narco para que te toque. El narco es cotidiano, es una forma de vida. La gente cedió la calle. De la banqueta de tu casa, a la casa del vecino, ahora hay un abismo. Aquí el riesgo es estar vivo, no ser narco o pistolero".

Javier es intenso y algo desconfiado. Con razón: trabaja en "Río Doce", un semanario como nunca tuvo Medellín, dedicado a cubrir casi exclusivamente el fenómeno del narcotráfico.

En el periódico, publica una columna -Malayerba- en la que cuenta incisivas historias cotidianas de la vida de los narcos: la ambición desaforada, las camionetas cuatro puertas, el sentido del honor en carne viva, las armas, el tráfico, la música. La vida rápida y la muerte temprana.

VI

Al Mochomo Beltrán Leyva le han compuesto al menos seis narcocorridos. Tres antes de su arresto, tres después.

En "La captura de Alfredo Beltrán", la Banda Imperio augura:

Señor Alfredo Beltrán,
Esperamos su regreso,
Ya su gente está en el cien
Pa' cobrar lo que le han hecho
El viento me huele a sangre
Va a correr mucha, presiento.
Banda Imperio

Y en "Agarraron al Mochomo", Los Buitres cantan:

Por la capilla Malverde
Hay mucha gente rezando,
Para que salgas muy pronto
Y que sigas comandando.
Los Buitres

VII

La capilla de Malverde queda diagonal al Palacio de Gobierno de Culiacán. En esta pequeña edificación blanca y azul, el dios de los cristianos y todo su santoral le ceden lugar a Jesús Malverde, un forajido del siglo XIX que -según es fama en la región- robaba a los ricos para darle a los pobres.

Pero lo que logró que tenga santuario propio es la leyenda de que, después de su muerte en la horca, empezó a hacer milagros. Las paredes de la capilla están tapizadas de fotografías, placas y ex votos que dan testimonio de ello.

Un hombre en chanclas, gorra roja y una camiseta arrugada del santo Malverde entrega a todos los visitantes un sobre para dejar ofrendas monetarias. Luego vuelve a su sitio: uno de los tenderetes que hay en la capilla, en los que se vende toda clase de recuerdos del santo: escapularios, estampas, oraciones, alpargatas, agua milagrosa y estatuillas.

Estas últimas son copias de la estatua original, que es objeto de devoción en un pequeño recinto interior. La efigie es un golpe de genialidad.

Efigie del santo Malverde en su capilla. Foto Juan Carlos Pérez S.

Según me explica el novelista Leónidas Alfaro Bedolla, nadie sabe a ciencia cierta si Jesús Malverde existió. Mucho menos se conocen sus facciones. Por eso, Eligio González, guardián original del culto y quien construyó la capilla, decidió que la representación terrenal del santo debía combinar los rasgos de Jorge Negrete y Pedro Infante, los dos artistas populares más queridos en México.

Ese Malverde con figura de galán es seguido con devoción por mucha gente humilde -algo que la jerarquía católica tolera-, pero también tiene un lugar especial en los poblados panteones de los narcotraficantes.

Un joven que lleva varios celulares a la vista llega hasta el busto de Malverde, toma agua de una vasija blanca, asperja la estatua y luego se persigna. Mientras lo observo, pienso en la Virgen de Sabaneta, localizada en una iglesia cerca de Medellín y que se hizo famosa por la veneración que le tenían muchos aspirantes a narcos y jóvenes asesinos.

Es la misma de la novela "La Virgen de los Sicarios", del medellinense Fernando Vallejo.

VIII

El narco es un terreno fértil para el mito y por lo tanto para la escritura. Culiacán, como Medellín, ha producido escritores de quilates. Quizás el más conocido sea Élmer Mendoza, ganador del premio Tusquets por su novela "Balas de Plata".

Con él voy al Café Miró, donde el protagonista de "Balas de Plata" -Edgar "El Zurdo" Mendieta, un policía cuarentón, honesto y desdichado- también acostumbra a ir.

De la entrevista con Élmer Mendoza
-Élmer ¿por qué sigue en Culiacán?
-Me gusta mi caaasa, cabrón
"El narcotráfico es un tema muy atractivo, generador de leyendas, de situaciones; de héroes y antihéroes", me dice este hombre altísimo, que tiene la refrescante costumbre de soltar una palabrota de tanto en tanto.

Prueba evidente de ello es que, en la escuela de narradores en la que enseña, un 30% de las historias gira alrededor del narco.

Le hago una pregunta que me punza hace días: expertos han dicho que el Cartel de Medellín fue influido por las "características" de la gente de la región de Antioquia: trabajadora pero aferrada al dinero y que se considera recursiva y arrojada porque salió adelante en medio de una topografía montañosa y agreste. Ultra regionalista.

¿Ocurre lo mismo con el Cartel de Sinaloa?

Duda. Me mira. Responde. "Es posible. Puede decirse que en la zona hay una tendencia a la temeridad. Los conquistadores españoles que se quedaron acá eran diferentes, estaban dispuestos a vérselas con la naturaleza. Es una zona inhóspita que fueron convirtiendo en vivible".

IX

Vendedores de dólares en la calle Benito Juárez de Culiacán. Foto Juan Carlos Pérez S.
Terreno del mito: vendedores y compradores de dólares en la calle Juárez, donde la protagonista de "La Reina del Sur" empezó su carrera. Según un antiguo habitante del sector, allí lavan dólares por "costalados".

X

El mochomo es una hormiga roja, de picadura feroz, capaz, cuando está acompañada, de desbrozar un árbol frondoso en una noche.

XI

Diez segundos. Eso fue lo que se tardó la profesora Elizabeth Moreno en desmontar mi pregunta sobre cómo las características de una región pueden influir sobre la delincuencia organizada.

"Es un estereotipo", me dice en su oficina situada en los profundos sótanos del departamento de Literatura de la Universidad de Sinaloa.

"La teoría de la influencia del medio ambiente en las personas ya está devaluada".

Según ella, desde el centro (es decir, Ciudad de México) los medios de comunicación han retratado el norte como territorio de bárbaros. Algo que, dice, sucede desde tiempos de la Colonia.

"Aquí en el norte vivían muchos grupos indígenas que no se dejaron colonizar. Los llamaban Chichimecas, que quiere decir 'perro sucio'. Es increíble, pero aún hoy en los libros de texto hay muchísimas páginas para las culturas mesoamericanas -Azteca, Maya, Tolteca-, pero sólo unos párrafos para los Chichimecas".

"Es un cliché que persiste. Lo que desconcierta es que los norteños estamos asumiendo que es cierto, que somos violentos".

En medio del vértigo de estas referencias históricas, recuerdo que en Colombia el prefijo "chichi" se usa para restar importancia. Una "chichigua" es algo de valor ínfimo. Y en Medellín, un "chichipato" es un ladronzuelo de poca monta. O un narco menor.

XII

En Culiacán, a los chichipatos les dicen buchones. Son fáciles de identificar.

(Los buchones) son los más ostentosos y buscapleitos. A las mujeres les gusta usar mucha piedrecita de colores en los vestidos. Los muchachos se visten como si fueran de los ranchos: botas, jeans.
Joven de Sinaloa
"Son los más ostentosos y buscapleitos. A las mujeres les gusta usar mucha piedrecita de colores en los vestidos. Los muchachos se visten como si fueran de los ranchos: botas, jeans. No usan muchas joyas. Las mujeres sí. También les gusta llevar varios celulares".

Javier, un estudiante de 17 años, me está hablando de su universidad, la de Sinaloa. Pero igual podría estarme platicando de cualquier chichipato o chichipata de Medellín.

Por el contrario, los "emperadores" -como los llama Raúl Elénes, un ex diputado de izquierda que se conoce la ciudad al dedillo-, es decir, los narcos más poderosos, son discretos y tratan de no aparentar.

XIII

En la puerta del garaje de una casa del barrio Tierra Blanca -famoso en Culiacán porque los narcos originales, los de los años 50, vivían allí- hay un mensaje de amor.

En esa sencilla casa vivía Alberto Beltrán. El mensaje dice, en enormes letras negras: "Te amo Mochomo. Te extraño. Tu niña q te ama. 18/sep/07".

Nadie se ha atrevido a borrarlo.





 

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