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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:38 GMT
Redes mexicanas de corrupción y violencia
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Jorge Chabat
Jorge Chabat
Especial para BBC Mundo

La guerra contra las drogas está a punto de cumplir un siglo y el problema a nivel mundial, lejos de resolverse, ha crecido en términos del consumo de drogas ilegales y ha generado costos muy altos para varios países que participan en la cadena de la producción, transporte y venta de drogas.

Dos cuerpos sin vida, entre ellos el del jefe de la droga Ramón Arellano Félix
El fortalecimiento de los carteles provocó un incremento en la corrupción y la violencia.
Estos costos son particularmente altos en algunos países latinoamericanos que, coincidentemente, cuentan con instituciones de seguridad y de justicia débiles, lo cual hace que los efectos de este fenómeno lleguen incluso a amenazar seriamente la gobernabilidad.

Éste ha sido el caso de México, por lo menos durante las últimas dos o tres décadas.

Si bien la producción y el tráfico de marihuana y heroína existen en México desde principios del siglo XX, el problema adquirió dimensiones preocupantes a partir de mediados de la década de los 80, cuando la cocaína proveniente de Colombia empezó a inundar el mercado estadounidense y para llegar a su destino utilizó las rutas y los servicios de los "marihuaneros" mexicanos.

Ello alimentó de manera feroz el crecimiento de las bandas del narcotráfico mexicanas que, a mediados de los años 90, llegaron a ocupar el vacío dejado por los carteles colombianos desmantelados.

El fortalecimiento de los carteles mexicanos trajo un incremento en los dos efectos colaterales del narco: corrupción y violencia.

Violencia funcional

Los traficantes comenzaron a ejercer la violencia que necesitaban para operar como negocio ilegal: ajustes de cuentas, mantenimiento de la disciplina dentro de la organización criminal, y ejecuciones contra aquellos narcos que invadían los territorios o rutas ajenos.

Narcocorrupción. Ilustración: Watchavato.
Sería un error decir que la corrupción llegó a México con el narcotráfico, pero sí se puede afirmar que la potenció y le dio una dimensión que no había tenido en el pasado

Dos factores fueron clave en el mantenimiento de esta violencia funcional: la existencia de un mediador dentro del mundo del narco - papel que muchos atribuyen a Amado Carrillo, el jefe del cártel de Juárez- y una política de tolerancia del gobierno mexicano el cual, a fin de evitar que la violencia amenazara la estabilidad, permitió operar a los narcos con algunas reglas implícitas.

Estos dos elementos, a su vez, abrieron el camino para el desarrollo de una amplia corrupción que afectó a todas las fuerzas encargadas de su combate, incluido el ejército.

Esta "narcocorrupción" encajaba muy bien con un sistema político autoritario, para el cual el Estado de derecho no era una prioridad y cuyo funcionamiento dependía en buena medida de una corrupción instalada también en otros aspectos de la vida social.

En este sentido, sería un error decir que la corrupción llegó a México con el narcotráfico, pero sí se puede afirmar que la potenció y le dio una dimensión que no había tenido en el pasado.

Esta corrupción se insertó en una cultura de la ilegalidad prevaleciente en la población que persiste hasta la actualidad.

Batalla a la narcocorrupción

Con la llegada del gobierno de Vicente Fox, la política de tolerancia hacia el narco cambió, y se dieron arrestos de varios "capos" de la droga.

Estos procedimientos provocaron una disminución relativa de la corrupción a nivel del gobierno federal, pero también incrementaron los niveles de violencia, al generar desequilibrios entre las bandas del narco.

Policías muertos en México (Foto: Notimex)
La ofensiva contra los carteles ha aumentado los ataques contra los cuerpos de seguridad.
A su vez, ello dio pie a una guerra entre carteles, como la que libró el de Sinaloa contra el cartel del Golfo, desde 2005.

La disminución de la narcocorrupción fue también un efecto de la llegada a la presidencia de un candidato del Partido de Acción Nacional (PAN), que rompió un monopolio de 71 años en el poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El cambio de mando afectó a algunas redes de corrupción establecidas por el narcotráfico. Paradójicamente, la alternancia política tuvo también el efecto de mover la corrupción del narco a los niveles municipales y estatales.

El gobierno del presidente Felipe Calderón decidió no sólo mantener la política de combate contra las organizaciones traficantes, sino incrementarla de manera sustantiva, mediante una serie de operativos policíaco-militares.

Esta política constituyó, en sí misma, un mensaje abierto a las bandas del narco de que debían parar la guerra que habían iniciado en 2005.

Esta guerra tuvo al parecer una tregua a mediados de 2007, cuando los niveles de la narcoviolencia disminuyeron, según registran algunas fuentes, presuntamente como resultado de un pacto entre los carteles del Golfo y de Sinaloa.

Nueva ofensiva

Sin embargo, a principios de 2008 Calderón lanzó una nueva ofensiva contra la estructura de los carteles - ya no sólo contra su dirigencia, como había ocurrido en el gobierno de Fox.

Vicente Fox
Durante la presidencia de Vicente Fox, la lucha había apuntado a la dirigencia de los carteles.
Ello ha generado una fragmentación de los grandes carteles y un consecuente incremento de la violencia intra-narco, así como un aumento en los ataques contra los cuerpos policiales y el ejército mexicanos.

El escenario actual muestra, en efecto, una disminución importante de la corrupción a nivel federal, aunque no así en los niveles estatales y municipales.

Al mismo tiempo, la narcoviolencia se ha incrementado de manera alarmante, lo cual pone al gobierno de Calderón en el dilema de proseguir con esta "guerra", con el costo en términos de ejecuciones que conlleva, o regresar a una política de tolerancia ya adoptada por los anteriores gobiernos priístas, con el consiguiente incremento de la corrupción.

Sin duda, un dilema de difícil solución.


Jorge Chabat es Doctor en Asuntos Internacionales de la Universidad de Miami, y forma parte de la planta académica de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas de México. Es coautor del libro "Crimen transnacional y seguridad pública: desafíos para México y Estados Unidos".





 

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