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Lunes, 5 de mayo de 2008 - 09:50 GMT
Los hijos del deseo
Malcolm McLaren
"Fuimos la primera generación en rebelarse contra la sociedad de consumo".
Malcolm McLaren surgió de la cultura contestaria de los años 60. Sus ideas le ayudaron a dar forma y estilo a la primera banda rock-punk del Reino Unido: los Sex Pistols. Desde entonces ha mantenido una actitud crítica de la cultura establecida. Él conversó desde París con Javier Lizarzaburu de BBC Mundo.

Se suele señalar que algo singular de los años 60 fue la fuerte relación entre arte y política. ¿Cómo lo vivió usted?

En 1968 yo era un estudiante de arte en el Goldsmith's College de Londres. Fue en ese momento que empezamos a tomar conciencia de la nueva cultura de masas y de su enorme impacto.

Cartel en una universidad en el norte de Londres.
Uno de los tantos carteles de protesta, colocados por los estudiantes en Londres.
También nos dimos cuenta que esta cultura popular dominante era sobre todo anglo-sajona. Una cultura hasta cierto punto inventada por los Estados Unidos y que estaba en manos de las corporaciones y la política.

Fuimos concientes de esto a través del arte, porque el arte empezó a hacernos ver la cultura como algo que había que desear. Veíamos los trabajos de A. Warhol, la emergencia del Pop Art y la idolatría de la cultura popular y la cuestionamos.

Nosotros éramos hijos de la posguerra, creciendo en un mundo austero hasta entrados los 50s. Era un mundo que vivía en una cultura de necesidad.

Eso fue reemplazado por una cultura del deseo, donde había que consumir lo que no necesitábamos, como Marilyn Monroe, Rock'n'Roll, Jeans Levi's, Coca Cola. La cultura se había convertido en un producto.

¿Y por qué tuvo que ser en 1968?

Muy simple: nos habíamos dado cuenta que Europa ya no podía recuperar su gloria pasada como centro del mundo civilizado.

Buscamos ideales y los ideales los encontramos, estaban en la calle, cuando tomábamos una piedra, o hacíamos un cocktail molotov. Nos portábamos como locos y éramos felices
Francia, en particular, vivía cuestionando su culpa sobre su papel durante la Segunda Guerra Mundial como colaboracionistas. Tanto que hasta cierto punto habían perdido el alma.

Pero además, fuimos la primera generación en rebelarse contra la sociedad de consumo, porque no nos daba lo que ofrecía. No nos daba una sensación de verdad.

Sentíamos que no podíamos confiar en esa sociedad y buscamos ideales y los ideales los encontramos, estaban en la calle, cuando tomábamos una piedra, o hacíamos un cocktail molotov. Nos portábamos como locos y éramos felices.

Cuando usted habla de esta cultura del deseo, ¿qué le dice a los críticos que dicen que los 60s fue todo sobre placer y hedonismo y que en realidad se consiguió muy poco?

Creo que es fácil decir eso y que se consiguió muy poco, porque efectivamente fue una generación extraordinariamente vana, egoísta y muy indulgente consigo misma.

O sea que usted acepta esa crítica...

Creo que en la superficie es lo que cualquiera hubiera visto. Fue una generación que no parecía poner nada sino quitar todo el tiempo. Eso es cierto.

Pero, del otro lado, creo que todo el hedonismo que sí sucedió, se dio simplemente porque cómo si no aprendes lo que es la vida, si no te metes de cabeza y lo pruebas todo, hasta sus extremos.

Si tienes 16 años, y no importa de qué generación seas, te crees inmortal, invulnerable, capaz de todo tipo de comportamiento extremo. Y nosotros exigíamos más. En París, los eslóganes decían: exigir lo imposible.

¿Cuán importante fue el movimiento situacionista en todo esto?

Enorme. Enorme. Fue el momento artístico más decisivo. Nosotros sentíamos en la escuela de arte que los situacionistas representaban el nuevo arte. Porque su actitud artística era la de destruir la cultura popular de la época y denunciarla como hueca.

Ellos decían (los situacionistas) 'haz del arte una acción, sal a las calles, no te dediques sólo a una serigrafía del rostro de Elvis Presley, conviértelo en acción
Ellos sugerían tomar a la sociedad por la garganta y hacer algo mucho más peligroso. Ellos decían, 'haz del arte una acción, sal a las calles, no te dediques sólo a una serigrafía del rostro de Elvis Presley, conviértelo en acción'.

Si miras a las ramificaciones hoy de lo que sucedía en 1968, vemos el Punk, que está totalmente conectado a ese año.

Si vemos al estilo Punk en el arte contemporáneo en Londres, con gente como Banksy, podemos ver esa conexión directa a 1968. Puede ser que al vino se le haya echado un poco más de agua pero las raíces son claras.

¿Cuál es su definición de Punk hoy?

Punk hoy es todavía la mejor manera de criticar la cultura. Es la medida por excelencia de lo que es cool.

Entonces, ¿lo más relevante del 68 en el arte de hoy es el movimiento Punk?

Punk, sin lugar a dudas es la mayor influencia y no hay nada desde el inicio del movimiento en los años 70 que haya tenido un impacto político similar. No hay nada.

Me decía antes de la entrevista que 40 años después siente que ha vuelto al lugar en que se encontraba al principio.

Punk
Para McLaren el movimiento Punk está íntimamente ligado al 68.
Me di cuenta recientemente que todo lo que he sido o tratado de ser en mi vida, ya sea como inventor, agente, svengali del movimiento Punk, todo lo que he sido, en realidad ha sido un artista que siempre ha tratado de ser fiel a los situacionistas.

En todo este tiempo he estado siguiendo esa ruta que ellos establecieron en su momento. Como artista, para mí es el movimiento más sincero y más importante con el que me puedo identificar, el que me ayuda a entenderme y a llevarme bien conmigo mismo.

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