Las preparaciones para la celebración del aniversario llevan semanas.
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Hace 60 años, cuando fue declarada la independencia del Estado de Israel, el pueblo judío creía estar soñando.
Tras siglos de exilio y persecuciones antisemitas, la sensación era que llegaba la redención. Al fin, la calma.
Pero ya antes de darse los primeros pasos, quedó claro que la marcha no sería fácil.
Cuando el 29 de noviembre de 1947 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la partición del territorio con miras a la fundación de un Estado para los judíos y otro para la población árabe -lo cual constituyó la base legal internacional para la declaración, en mayo de 1948, del Estado de Israel- la gente salió a las calles a bailar.
David Ben Gurion, el líder sionista que fue el primer jefe de Gobierno, escribió en su diario: "No sé cuántos de estos jóvenes estarán vivos mañana".
Y sus temores eran justificados: poco después de la sesión en la ONU, estallaron las hostilidades, con ataques a blancos judíos en el territorio destinado al nuevo Estado.
Una larga guerra
Meses más tarde, inmediatamente después de la declaración de Independencia el 14 de mayo de 1948, se agregó la ofensiva de cinco ejércitos árabes.
Había empezado una guerra que para muchos, entre ellos el poeta israelí Haim Guri, aún no ha terminado.
"Lo que llevamos hasta ahora, no son 60 años de independencia, sino de lucha por la independencia", le dijo a BBC Mundo.
Con sus 85 años de vida, Guri recuerda bien sus años como oficial en el Palmaj, una fuerza militar clandestina previa a la creación del Estado.
Una de las ilusiones de quienes lucharon por la existencia de un Estado judío era el poder vivir sin tanto peligro y temor.
Seis décadas después, cabe preguntarse si el hecho de que el Estado independiente no haya garantizado la seguridad de los judíos en su territorio significa que ha fracasado.
Otro tipo de seguridad
En general, no es esa la sensación que tienen los israelíes, por más que se quejen de los numerosos problemas con los que aún lidian. Lo que se capta en la calle es que la gente, aunque hable de la decepción por el hecho que la paz no ha llegado, siente que la existencia misma de Israel ya es una victoria.
Los controles fronterizos israelíes, otra medida de seguridad.
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El mensaje de la soberanía recuperada, se acrecienta a ojos de los propios israelíes, cuando recuerdan el Holocausto perpetrado tan solo unos años antes de la declaración de Independencia.
Por eso, cuando hace unos días el Teniente General Gabi Ashkenazi, visitó, uniformado, el campo de exterminio Auschwitz y dijo honrar el recuerdo de las víctimas "como representante de las Fuerzas de Defensa de Israel, la fuerza protectora del pueblo judío", eso fue visto aquí como un símbolo. Allí juró "nunca más".
Nadie promete en Israel "no más muertos", aunque el ideal sería garantizarlo. En realidad, la promesa es nunca más morir sin defenderse. Es otro significado de la palabra "seguridad".
En opinión del General (R) Yaakov Amidror, ex oficial en el Servicio de Inteligencia de Israel, la seguridad no se puede medir en términos de tranquilidad absoluta.
"Hay seguridad en el sentido que todo aquel que hace algo contra Israel, debe tomar en cuenta cómo responderá Israel ya que hay una fuerza organizada del Estado y se puede reaccionar, a diferencia de lo sucedido durante el Holocausto".
El riesgo de tomar café
Eso no quita, sin embargo, esa constante sensación del israelí promedio de que vive en medio de amenazas latentes o activas, aún cuando ha crecido dentro de una democracia y puede gozar de libertades negadas durante siglos.
El tema de la seguridad es parte integral de su vida.
En Israel, ningún paquete desatendido pasa desapercibido y la población no necesita instrucciones para saber cómo comportarse frente al peligro.
Recientemente, una joven de Jerusalén me contaba que a raíz de los atentados suicidas tiene la costumbre de no sentarse jamás de espaldas a la puerta de un café.
"Sigo saliendo, porque no me voy a quedar en casa encerrada de miedo. Pero hay que ver quién entra, por las dudas", le dijo a BBC Mundo.
Además, el israelí promedio siempre tiene a alguien en el ejército, al hijo, sobrino, amigo o nieto del vecino.
Con ello de fondo, está pendiente de lo que pasa en el terreno, de los operativos militares en marcha y de las noticias en todos los boletines, que pasan cada hora por las diferentes frecuencias del dial.
Orgullo
Aunque va en aumento el número de jóvenes que trata de "liberarse" del servicio militar -un fenómeno antes inconcebible, salvo entre los religiosos ultraortodoxos-, enrolarse sigue siendo en general un orgullo.
Y a pesar de críticas a la cúpula militar, al manejo de la guerra y operativos diversos, la calle israelí no duda de que las Fuerzas de Defensa son imprescindibles.
Tampoco lo duda el Estado, que destina una parte importante de sus fondos a este rubro.
En el 2006, por ejemplo, según los datos del CIA World Factbook, el gasto militar fue de más del 7% del Producto Interno Bruto, mientras en Estados Unidos representó poco más del 4%, y en Egipto, 3,4%.
"Pensábamos que tendría fin"
Sin embargo, esta dista de ser la situación ideal.
Hace pocos días, el poeta Guri y su esposa Aliza asistieron a la ceremonia de juramento de su nieto mayor Daniel, como flamante soldado. "Si alguien me hubiera dicho en aquel entonces, cuando yo luchaba, que seis décadas después iría a ver a mi nieto de uniforme, enrolado, no le habría creído", le confesó Guri a BBC Mundo.
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Si alguien me hubiera dicho en aquel entonces, cuando yo luchaba, que seis décadas después iría a ver a mi nieto de uniforme, enrolado, no le habría creído
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Sus palabras hacen eco de los comentarios de miles de madres israelíes quienes recuerdan que al nacer su primogénito, abrigaban la esperanza de que al llegar a los 18 años, no tuviera que hacer el servicio militar, pero que luego comprendieron que también ellos tendrían que enrolarse llegado el momento.
"Realmente pensábamos que tendría fin, que había una guerra difícil pero que luego vendría la paz", le dijo Aliza a BBC Mundo. "Pero luego vino la del '56, luego la de los Seis Días en 1967, la del Día del Perdón, en 1973... entendimos ya que esto no se iba a terminar".
Aún en medio de la decepción por el hecho que la paz y la tranquilidad no han sido alcanzadas, los israelíes sienten en general que tienen mucho para festejar.
Y aunque quizás suene extraño, es justamente la continuación de la guerra y la tensión, lo que intensifica su convicción de que los logros en ciencia, medicina, economía, arte y muchas áreas más, han sido enormes, precisamente por haber sido obtenidos en medio de la adversidad.