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Jueves, 8 de mayo de 2008 - 11:48 GMT
Aferrados a un sueño
Martin Asser
BBC, Ikrit, Israel

Inicialmente se pensaba que los palestinos de Ikrit se quedarían en casa.

Según nuestro mapa de las carreteras israelíes, la ruta 899 nace en la costa y corre a lo largo de la frontera con Líbano hasta llegar a la ciudad de Sasa. En su recorrido, pasa por una "ruina arqueológica" llamada Ikrit.

El símbolo que la representa en el mapa (tres pequeños puntos) es sólo uno entre cientos que indican la presencia de lugares como éste, en esta tierra plagada de sitios históricos. Pero aquí no se trata de una aldea bíblica o de la era romana.

Ikrit era una población árabe cristiana que fue evacuada durante la guerra de 1948-49. Uno de los tantos pueblos de la antigua Palestina cuyos habitantes debieron exiliarse o -como en el caso de Ikrit- fueron desplazados dentro del nuevo Estado de Israel.

Mientras que muchos de los vestigios de estos pueblos abandonados han desparecido por completo, la cima de la colina de Ikrit, apenas salpicada por algunos árboles, continúa -contra todos los pronósticos- siendo el centro de reunión de sus antiguos habitantes, sus hijos y hasta sus nietos.

Vista de Ikrit tras las rejas

El primer sábado de cada mes, un cura celebra misa en el único edificio que queda en el pueblo, la iglesia de Santa María.

Bajo su domo azul, los habitantes de Ikrit se casan, bautizan a sus hijos y entierran a sus muertos en un pequeño cementerio, al pie de la colina.

Los domingos y feriados los jóvenes juegan fútbol en la única planicie de Ikrit, las familias hacen picnics y los mayores recuerdan el pasado o simplemente pasan la tarde sentados, en silencio.

Promesas incumplidas

Asad Mbada Daoud, un anciano de 80 años, dice que se acuerda claramente del día en que las tropas israelíes capturaron Ikrit, en Octubre de 1948.

En un principio, parecía que después de haberse rendido a las fuerzas israelíes y de prometer vivir en paz bajo el nuevo gobierno israelí, los 450 habitantes podían permanecer en sus casas.

Después de una semana, sin embargo, fueron evacuados por la fuerza y trasladados a unos 20 kilómetros al sur, mientras que el ejército "limpiaba" la frontera de combatientes árabes.

Asad Daoud
Fue muy duro. Toda nuestra comida y nuestros recursos estaban en la aldea. Nos quedamos sin trabajo
Asad Mbada Daoud, anciano de Ikrit
"Fue muy duro", dice Daoud. "Toda nuestra comida y nuestros recursos estaban en la aldea. Nos quedamos sin trabajo. Éramos 60 viviendo en el aula de una escuela o si no nos quedábamos en las casas vacías de otros refugiados".

Las promesas de que podrían regresar después de dos semanas no se cumplieron. Semanas de exilio se transformaron en meses, luego en años. A pesar de una serie de fallos de tribunales a favor los habitantes de Ikrit, el ejército israelí impidió su retorno argumentando medidas de emergencia.

La Noche Buena de 1951 un grupo de oficiales del ejército llevó a varios ancianos a una colina cercana para mostrarles cómo destruían las viejas casas de piedra con dinamita y tanques de fuego, el mismo destino que habían sufrido otras poblaciones palestinas.

Única conquista

Sin embargo, la persistencia de los habitantes de Ikrit es más fuerte: es en la vieja aldea a donde regresan a dar sepultura a sus muertos.

Tumba en Ikrit
Ahora los antiguos habitantes de Ikrit pueden enterrar allí a sus muertos.

"Intentamos enterrar a Diab Sbayt aquí en 1949", me dice otro octogenario, Maruf Ashkar. "Pero la policía vino y nos dijo que lo desenterremos y lo llevemos a Fasuta" (una población cristiana cercana).

Los habitantes de Ikrit hicieron peticiones, seguidas de casos presentados ante la Corte y audiencias parlamentarias, pero el ejército se mantiene inflexible. Incluso Juan Pablo II se interesó en el caso durante su histórica visita a la Tierra Santa, pero sin ningún éxito.

El único logro concreto que han alcanzado hasta el momento es el derecho legal a enterrar a sus muertos en Ikrit.

Dejo la sombra de las altas paredes de la iglesia para caminar entre montañas de piedras grises de lo que antiguamente fueron sus casas.

Ashkar arranca unas hojas de tomillo de entre los escombros que espera puedan crecer en su "hogar temporal" desde hace varias décadas, en Kafr Yassif.

Compromiso

En el camino me encuentro con Hana Nasser, quien tenía 10 años en 1948. Está sentado con la cabeza entre las manos. "Estoy aquí, en las ruinas de mi casa", dice.

Hana Nasser sentado en las ruinas de su casa
Hana Nasser dice que no volverá a abandonar la casa que dejó cuando tenía 10 años.

"Vengo a sentarme aquí casi todos los domingos. Nunca me olvidaré de mi casa".

La gente de Ikrit tiene mucha más suerte que sus compatriotas que viven como refugiados en Líbano, Siria, Jordania y los territorios palestinos ocupados -que ahora son millones- quienes no han tenido la posibilidad de volver a ver sus hogares desde 1948.

Israel dice tener poderosas razones para negarles el derecho a regresar. Por el lado pragmático, sostiene que debe mantenerse como un Estado mayoritariamente judío y desde un punto de vista moral, señala que un número similar de judíos debieron huir de los países árabes después de 1948.

Pero es difícil para los antiguos residentes de Ikrit y sus descendientes comprender por qué las autoridades les niegan a ellos -que son ciudadanos israelíes- el derecho a reestablecerse en su antigua aldea, a menos que sea para evitar sentar precedente para que otros palestinos quieran regresar.

Quiero regresar vivo, no sólo al cementerio
Hana Nasser, Ikrit
Cuando se cumple el aniversario de la creación de Israel, una fecha que para los palestinos marca el Nakba, o la Catástrofe, Ikrit es ciertamente una muestra de su deseo persistente de recuperar parte de su vida pre 1948, cuales quieran que sean los obstáculos que deban superar.

"Estoy seguro de que regresaré a mi casa", afirma con ironía Nemi Ashkar, uno de los jóvenes organizadores de la campaña por Ikrit. "Pero quiero regresar vivo, no sólo al cementerio".



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