María I, Reina de Escocia es vista como una mártir por la iglesia católica.
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Durante siglos, María Stuart, Reina de Escocia, fue vista como un elemento de escozor entre las iglesias Anglicana y Católica.
Nacida de padre escocés y madre francesa, María creció en la fe católica, dos años después de que Enrique VIII completara la reforma que terminó en su divorcio más sonado: el que lo separó del catolicismo para crear la Iglesia Anglicana
Luego de la muerte de Eduardo VI, quien sucedió a su padre Enrique en el trono inglés, Isabel I, hermana del monarca fallecido, se convirtió en reina.
Pero esta mujer severa nunca tuvo hijos, y debido a la ley de sucesión, María debió convertirse en heredera natural del trono, a la muerte de Isabel.
Isabel I de Inglaterra vio a María I como una amenaza política y religiosa.
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Disputa de iglesias
Había, sin embargo, un obstáculo insuperable: María era católica y el protestantismo de Enrique VIII estaba en pleno apogeo.
Las relaciones entre María y su prima empeoraron cuando aquella, que era viuda por partida doble, se casó con el Conde de Bothwell, sospechoso del asesinato de su segundo esposo, el Conde de Darnley, que era protestante.
Esta disputa familiar, que en la dinastía de los Tudor se debatía con ejecuciones y cárceles, hizo que María fue vista como enemiga de todo lo que representaba el anglicanismo politizado en las Islas Británicas.
Escocia le dio la espalda a su reina, los enfrentamientos entre católicos y protestantes se sucedieron, el establishment acusó a los seguidores de Roma de complotar para asesinar a Isabel, y María terminó con sus huesos en la cárcel.
Para Isabel, María en vida era una amenaza y el ocho de febrero de 1587, la heredera formal del trono de Inglaterra fue decapitada.
María de casó en segundas nupcias con el Conde de Darnley, que murió de forma sospechosa.
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Mártir
Desde su muerte a los 45 años de edad, María I, Reina de Escocia ha sido vista por la Iglesia Católica como una víctima del sectarismo protestante de los herederos de un rey adúltero.
Pero un estudio ginecológico reciente, parece desmentir esa imagen de pureza.
En primer lugar está un informe de su secretario, Claude Nau, según el cual, el 24 de julio de 1567, María abortó de forma espontánea a mellizos.
En mayo de ese año, tres meses después del asesinato del Conde de Darnley, María se había casado con el Conde de Bothwell.
María dice que su frustrado embarazo ocurrió luego de casarse con Bothwell, quien la secuestró, según ella, pero los estudiosos dicen que esto es imposible.
Es posible que "la viuda María (tuviera) una aventura amorosa con Bothwell, saliera encinta y usara la historia del secuestro como explicación para su condición y para justificar su matrimonio", dice la historiadora de la medicina Lesley Smith.
Las conclusiones de este estudio han sido publicadas en el Journal of Family Planning and Reproductive Healthcare, una revista británica especializada en ginecología.
Según Smith y otros historiadores, María y Bothwell se habrían confabulado para matar a Darnley, un alcohólico al que ella odiaba.
María se sentía atraída por Bothwell y cuando fue "secuestrada" por este, ella no opuso gran resistencia y terminó cansándose con él, dice Smith.
María I Reina de Escocia subió al cadalso dispuesta a aceptar su suerte.
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Sexo y política
La historia oficial habla de la animosidad protestante de Isabel I hacia el catolicismo de María Reina de Escocia como razón para la prisión de esta última.
Pero las cosas van más allá que la simple disputa entre Roma y Cantorbery, la sede de la autoridad anglicana.
María era más atractiva que Isabel y su sex appeal fue obvio entre las intrigas cortesanas de la época.
"María, Reina de Escocia era una criatura muy peligrosa para la soltera y protestante Isabel, y su presencia física la hacía atractiva ante quien la conociera", sostiene Smith.
María subió al cadalso vestida con una camisola roja, señal de martirio de la Iglesia Católica.
En las manos portaba un breviario.
Los verdugos la vendaron con un pañuelo negro; obediente, se arrodilló en una almohada simple, colocó la cabeza sobre el bloque de madera, puso los brazos en la espalda y dejó que le cercenaran la cabeza.
María murió como mártir llevándose algunos secretos a la tumba.