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Martes, 4 de noviembre de 2008 - 10:37 GMT
No hay que olvidar al Congreso
Redacción BBC Mundo

Capitolio
No hay que olvidar cuánto influye lo que pasa aquí.
Aunque lo más llamativo de las elecciones de este 4 de noviembre en Estados Unidos es la carrera presidencial, no hay que olvidar que ese día se decide también la composición del Congreso.

Y es eso lo que define realmente la capacidad de maniobra del nuevo mandatario estadounidense.

Un congreso favorable es el sueño de cualquier presidente, pues es casi una garantía de que podrá implementar su agenda política sin mayores obstáculos.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos está compuesta por 435 miembros que representan a los 50 estados y que legislan por dos años.

Por su parte, el Senado está formado por 100 legisladores, quienes ocupan sus cargos por un período de seis años.

Una tercera parte de ellos se elige cada dos años. La mayoría de los 35 senadores que deben someterse a votación este año son republicanos.

Algunos de ellos, como le dijo Armand Peshard -investigador del Centro de Estudios Estratégico Internacionales en Washington- a BBC Mundo, porque sus predecesores decidieron jubilarse u optaron por probar suerte como candidatos a gobernadores.

Repetición

Aunque algunos analistas y encuestas de opinión consideran casi como un hecho la expansión del dominio demócrata en ambas cámaras del Congreso, otros apelan a los números.

Detalle del escudo del Congreso.
Desde 2006, los demócratas tienen una estrecha ventaja en el Senado.
La mayoría demócrata en el Senado hasta el momento es mínima: 51 a 49 y uno de esos votos pertenece al demócrata independiente Joe Lieberman, quien apoya al candidato republicano, John McCain.

Pero en esta ocasión, los demócratas anticipan que superarán el éxito que los llevó a controlar la instancia legislativa en noviembre de 2006. Incluso se habla de la conquista de los 60 puestos, que son necesarios para evitar maniobras de bloqueo por parte de la bancada republicana.

"En algunas elecciones locales y estatales ha seguido el crecimiento del partido demócrata en el ámbito electoral. Esto habla en gran medida de la insatisfacción de una parte importante del electorado de este país frente al partido Republicano y al desempeño del gobierno de George W. Bush", dijo Peshard.

Una mayoría en el Senado le permitiría a los demócratas ejecutar una agenda más ambiciosa y liberal.

La ola

De acuerdo con el experto, Obama ha levantado una ola en la que se podrían subir varios de sus compañeros en el partido Demócrata.

"La popularidad de Barack Obama introduce un factor que podría favorecer a los candidatos demócratas que en cualquier otra circunstancia no hubieran sido bien vistos".

Según el especialista, el candidato demócrata busca garantizar un congreso "amistoso".

"Si uno estudia la campaña de Barack Obama, tanto su financiamiento como sus mensajes mediáticos, uno se da cuenta que sin duda no sólo está buscando la presidencia, sino también lograr obtener una mayoría en el Congreso. Su mensaje ha sido de cambio y ese mensaje se quedaría en una promesa de campaña si no logra la mayoría en ambas cámaras", señaló Peshard.

En los últimos años, el mapa político estadounidense ha mostrado una transformación. Estados como Alaska, Virginia y Carolina del Norte, que han sido tradicionalmente republicanos, están ahora en juego.

"Muchos de esos estados han estado cambiando demográficamente en los últimos cuatro años. Mucha gente ha inmigrado a esos estados. No sólo han introducido diversidad cultural, sino política", dijo el especialista del Centro de Estudios Estratégico Internacionales.

Amenaza

Por ejemplo, desde 1981, Alaska ha sido un territorio republicano. El senador de esa fuerza política, Ted Stevens, ha sido una figura dominante en ese estado desde 1968, cuando ganó por primera vez su curul.

Ted Stevens, senado republicano
En Alaska, un escándalo de corrupción puede hacer cambiar el rumbo.
Sin embargo, su liderazgo se vio opacado tras ser hallado culpable de cargos de corrupción por la fiscalía.

"Ha llegado el momento de que se retire. Aún de ser elegido el martes, el senador Stevens debería hacerse a un lado para permitir una elección especial que dé a los ciudadanos de Alaska una opción real de quién los representará en el Congreso", dijo la candidata a la vicepresidencia por el partido republicano, Sarah Palin, según reportó la agencia de noticias Reuters.

Incluso antes del escándalo, Stevens se enfrentaba a una reñida batalla por la reelección frente al alcalde de Anchorage, el candidato demócrata Mark Begich.

En Virginia, los republicanos también tambalean.

El candidato demócrata y ex gobernador de ese estado, Mark Warner, encabeza las encuestas. Su contrincante, el republicano Jim Gilmore, también fue gobernador de esa entidad.

A pesar de la línea tradicional del estado, dados los triunfos en 2006 de sus colegas demócratas -el actual gobernador, Tim Kaine y el del senador, Jim Webb- el optimismo de Warner no parece infundado.

Otros estados de dominio republicano como Minnesota, Mississippi, New Hampshire y Oregon están bajo amenaza.

Si lo que se anticipa se concreta y los demócratas consiguen todo lo que se piensa, el resultado, en opinión de Peshard, debería llevar al partido Republicano a un autoanálisis.

"Después de estas elecciones, va a tener que ser más introspectivo y tomar en cuenta esta nueva cara de los Estados Unidos", indicó el experto.



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