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Lunes, 8 de diciembre de 2008 - 18:02 GMT
"Contra la Revolución, nada"
Manuel Toledo
Manuel Toledo
BBC Mundo

Mural del Salón de Mayo de 1967  Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo

Dos años después del triunfo de la Revolución cubana, el entonces primer ministro, Fidel Castro, pronunció un discurso en el que definió la política cultural de su gobierno.

El discurso cerró un debate sobre la libertad de la creación artística, originado por la censura de un cortometraje, "P.M.", que presentaba, en el estilo de cinema verité, un recorrido por algunos bares de La Habana, en los que se veía a gente bailando, cantando, bebiendo, divirtiéndose.

Imagen del documental P.M., de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal
"P.M." fue la primera obra de arte censurada públicamente después del triunfo de la Revolución.

Según sus realizadores, Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, se trataba de un retrato inocuo de la vida bohemia habanera, sin ánimos de calificarla o de juzgarla.

Sin embargo, los censores del recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) lo vieron como un canto al pasado, que no reflejaba los cambios sociales que estaba impulsando el nuevo gobierno, en momentos en que se esperaba que los artistas se entregaran de cuerpo y alma al proceso revolucionario.

En la última de tres reuniones con artistas e intelectuales, en la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961, Castro dijo que aunque no había visto el documental -y tenía curiosidad por verlo- aprobaba su censura porque el gobierno tenía el derecho de "regular, revisar y fiscalizar las películas que se exhiban al pueblo".

Castro añadió que los artistas podrían expresarse libremente, tanto en la forma como en el contenido, pero advirtió que "nosotros apreciaremos siempre su creación a través del prisma del cristal revolucionario".

"¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución: ningún derecho", sentenció.

Revolución cultural

En ese discurso, conocido como "Palabras a los Intelectuales", Castro también destacó algunos de los logros y aspiraciones de su gobierno en el ámbito cultural.

Carlos Acosta   Foto: Manuel Toledo
Las escuelas de ballet cubanas han producido artistas de talla mundial, como Carlos Acosta.

"Nosotros hemos sido agentes de (...) de la revolución económico-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez, esa revolución económica y social tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país", dijo.

Entre otras cosas, habló con orgullo de la campaña de alfabetización que se estaba llevando a cabo y de los esfuerzos por "llevar la cultura al campo, a las granjas y a las cooperativas", a través de cientos de instructores de arte.

Mencionó la creación de la Imprenta Nacional y del ICAIC, que más tarde produciría películas emblemáticas como "Memorias del subdesarrollo" y "La muerte de un burócrata", de Tomás Gutiérrez Alea, y "Lucía", de Humberto Solás.

Destacó la reformación del Ballet Nacional de Cuba, que se convertiría en uno de los principales éxitos culturales de su gobierno, y el establecimiento de academias y escuelas de arte, en las que se formarían muchos de los artistas cubanos más importantes desde los años 70 hasta la fecha.

"Diversionismo"

En abril de 1961, horas antes de la fracasada invasión de exiliados cubanos apoyados por Estados Unidos en Bahía de Cochinos, Castro había declarado que el carácter de la Revolución era socialista.

Grupo de rock en un festival cultural en Cuba  Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo
El rock ya no está prohibido en Cuba, pero durante muchos años fue considerado "diversionismo".

La posterior adopción del marxismo-leninismo como ideología oficial repercutió en todos los aspectos de la cultura y de la vida en general.

Durante prácticamente tres décadas, hasta finales de los años 80, una de las más temidas etiquetas que distribuían, a diestra y siniestra, los órganos del poder era la de "diversionismo ideólogico", que se aplicaba a cualquier transgresión de la visión oficial de esa ideología.

Escuchar música en inglés (desde los Beatles hasta, más tarde, el rock), llevar el pelo largo (los hombres) o vestirse con jeans eran considerados actos "diversionistas".

De los Beatles a la UMAP

En marzo de 1963, en un discurso en la Universidad de La Habana, Castro criticó a los "vagos, hijos de burgueses" que "andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes elvispreslianas, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre".

Muchos de los jóvenes enviados a la UMAP aseguraban que se trataba de campos de trabajo forzado.

A principios de 1965, la Unión de Jóvenes Comunistas y la Unión de Estudiantes Secundarios instaron, en un comunicado, a los institutos preuniversitarios a que expulsaran a los elementos "contrarrevolucionarios y homosexuales (...) en el último año de su carrera en la enseñanza secundaria superior, para impedir su ingreso a las Universidades".

Casi de inmediato, comenzó "el Proceso de Depuración", no sólo en los institutos preuniversitarios sino también en los centros de educación superior.

Poco después, miles de jóvenes considerados "contrarrevolucionarios" o "burgueses" - entre ellos un gran número de homosexuales y religiosos- fueron enviados a los campamentos de las llamadas Unidades Militares para la Ayuda de Producción (UMAP), para "reeducarlos".

Fuera del juego

Un momento definitorio para los artistas e intelectuales cubanos, y que marcó a toda la década de los 70 y a gran parte de los 80, fue el llamado "Caso Padilla".

Fuera de Juego, de Heberto Padilla, edición argentina, y Lenguaje de mudos, de Delfín Prats, edición española.
"Fuera de juego" se llegó a publicar en Cuba, pero el libro de Delfín Prats sólo vio la luz en España.

En 1968, el escritor Heberto Padilla presentó su libro "Fuera del Juego" al concurso de poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y resultó ganador.

Uno de los miembros del jurado, el poeta Manuel Díaz Martínez, ha escrito que recibió enormes presiones de la UNEAC y del gobierno para que no se premiara a Padilla, cuyo libro las autoridades consideraban contrarrevolucionario.

Finalmente, esta obra y "Los siete contra Tebas", de Antón Arrufat, que ganó el premio de teatro ese año y que también era vista por la UNEAC como "ideológicamente contraria a la Revolución", fueron publicadas.

Otro libro que ganó en 1968 el premio David de poesía de la UNEAC, "Lenguaje de mudos" de Delfín Prats, aparentemente también se publicó, pero fue destruido por órdenes de los censores antes de que se pusiera a la venta.

"Autocrítica"

En 1971, Padilla y su esposa, la también escritora Belkis Cuza Malé, fueron arrestados, bajo la acusación de participar en actividades contrarrevolucionarias.

Pocas semanas después, el poeta fue liberado e hizo una retractación pública de su pasado "contrarrevolucionario", en la que acusó de crímenes similares a varios otros artistas, incluida su esposa. Ellos, cuando les llegó su turno, se autocriticaron, mientras eran filmados por las cámaras del ICAIC.

Quisiéramos que la Revolución Cubana volviera a ser lo que en un momento nos hizo considerarla un modelo dentro del socialismo
Carta de intelectuales extranjeros a Fidel Castro

El mea culpa, que después Padilla dijo que había sido orquestado por la policía secreta, fue considerado como una farsa por gran parte de la izquierda internacional.

Influyentes artistas e intelectuales le enviaron una carta a Fidel Castro en la que decían que "el contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones absurdas y afirmaciones delirantes (...) recuerda los momentos más sórdidos de la época estalinista, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas".

"Quisiéramos que la Revolución Cubana volviera a ser lo que en un momento nos hizo considerarla un modelo dentro del socialismo", añadían.

Entre los firmantes estaban Claribel Alegría, Simon de Beauvoir, Italo Calvino, Marguerite Duras, Giulio Einaudi, Hans Magnus Enzensberger, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Pier Paolo Pasolini, Alain Resnais, Juan Rulfo, Jean Paul Sartre y Susan Sontag.

"Una década de horror"

Pocos días después de la "confesión" de Padilla, se llevó a cabo en La Habana el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, en que se analizaron las diferentes modalidades del "diversionismo ideológico" y se decidió reprimir "desviaciones" que iban desde la moda hasta los gustos musicales.

Revista Casa de las Américas, Número 65-66 de 1971
Castro dijo que el congreso era "un poco la imagen de la futura sociedad de nuestro país".

También se determinó evitar que "por medio de la 'calidad artística', reconocidos homosexuales ganen influencia que incida en la formación de nuestra juventud".

En la clausura, Fidel Castro dijo que "este congreso es un poco la imagen de la futura sociedad de nuestro país".

Los años siguientes fueron bautizados por el ensayista Ambrosio Fornet como un "quinquenio gris" y por otros como un "decenio negro". En opinión del novelista Abilio Estévez, fue "una década de horror".

Fueron años en los que, según Fornet, se desarrolló "una política cultural imponiéndose por decreto y otra complementaria, de exclusiones y marginaciones, convirtiendo el campo intelectual en un páramo".

En las universidades se comenzó a imponer la estética del realismo socialista y, por supuesto, estaba prácticamente prohibida cualquier referencia a los artistas cubanos que vivían en el exilio.

Aires de cambio

Algunos intelectuales cubanos le atribuyen a la creación del Ministerio de Cultura, en 1976, un cambio positivo que se tradujo, gradualmente, en un mayor espacio para la actividad creadora.

"Utopía" de Eduardo Ponjuán y "Ciencia e ideología" de Arturo Cuenca, en una exposición en Canadá.

Otros señalan que varios de los artistas que habían sido condenados al ostracismo en los 70 no fueron "rehabilitados" por lo menos hasta principios de la década siguiente.

De cualquier manera, a mediados de los 80 se comenzaron a sentir aires de cambio en el ambiente cultural cubano, en parte como respuesta a lo que estaba ocurriendo en la Unión Soviética después de la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov.

Fueron años de grandes debates y enfrentamientos entre la ideología y la cultura, que muchos jóvenes creadores, en especial en el campo de las artes plásticas, aprovecharon para ganar terreno, en general muy a pesar de lo que esperaban los dirigentes políticos.

Los enfrentamientos en ocasiones llegaron a ser físicos, como la vez en que un grupo de jóvenes escritores -y una no tan joven, pero muy respetada en los círculos literarios cubanos, Carilda Oliver Labra- fueron golpeados por agentes del Estado durante una lectura de poesía en la ciudad de Matanzas.

Nueva era

El crítico cubano Gerardo Mosquera señala que los artistas plásticos de mediados de los 80 -muchos de los cuales viven ahora en el exilio- rompieron con la sumisión a los dictados oficiales y reinstauraron un espíritu de libertad creadora, dando inicio a una nueva era en la cultura nacional.

Jeanette Chávez, en el video-performance "Autocensura" (2006)
Muchos de los artistas más jóvenes, incluida Jeanette Chávez, tratan el tema de la censura en sus obras.

"Esto no significó el fin de la represión, que continúa hasta el presente, sino que había tenido lugar una liberación mental", escribió, en un artículo publicado en el catálogo de una importante exposición de arte cubano que se presentó en Canadá hace unos meses.

Para algunos, un indicio de que tal vez las expectativas políticas sobre la función de la creación artística no habían cambiado mucho fue cuando, en 1998, Fidel Castro criticó, sin mencionar su título, el filme "Guantanamera" de Tomás Gutiérrez Alea y se quejó de que algunas películas realizadas "con recursos de la Revolución y del pueblo (...) no son un estímulo a la lucha, a la resistencia y al reconocimiento del mérito de tantos héroes anónimos como tiene este país''.

Posiblemente por eso, durante cinco años, estuvo censurado el documental "Fuera de Liga", de Ian Padrón, realizado en 2003, que incluye testimonios de jugadores de béisbol, como Orlando "El Duque" Hernández, que abandonaron Cuba y triunfaron en las grandes ligas de Estados Unidos.

Su presentación en la televisión cubana en enero de 2008 y su estreno en el 30 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, hace pocos días, son claras señales de que algunas cosas están mejorando.

"Guerra de los emails"

A pesar de que la censura no ha dejado de existir, la mayoría de los artistas que viven en la isla parecen no estar dispuestos a perder el terreno que ganaron, a capa y espada, ante la oficialidad.

Algunos artistas, como Lázaro Saavedra, incluyeron humor gráfico en la llamada "guerra de los emails" de 2007.

Lo demostraron con una eficaz protesta pública en 2007, organizada a través de mensajes electrónicos, a raíz de la aparición en la televisión nacional de algunos de los personajes responsables de poner en práctica la política cultural en los años 70.

El novelista Reynaldo González escribió que exaltar a los censores sin tener en cuenta lo terrible que significaron "para la cultura cubana, las vidas de sus protagonistas, incluidas las muertes de algunos y el exilio de muchos" era un "ultraje a la memoria de (los escritores) Virgilio Piñera y (José) Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados" y un "intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la cultura cubana".

Las autoridades culturales negaron que ésa fuera la intención y los directivos de la televisión les aseguraron a los artistas, en una reunión, que los jóvenes productores de los programas desconocían el pasado gris de los entrevistados.

Tal vez muchos de los jóvenes que ahora van a conciertos de rock en La Habana tampoco sepan que, durante muchos años, los Beatles estuvieron prohibidos.

Después de todo, en un parque de la capital cubana, hay una estatua de un músico pelilargo, con pantalones apretados, que fue develada por el ex presidente Fidel Castro en diciembre de 2000: el ex Beatle John Lennon.



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