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Lunes, 8 de diciembre de 2008 - 18:02 GMT
Ecos de revolución en América Latina

León Valencia
León Valencia
Especial para BBC Mundo

Integrantes del grupo revolucionarios de 1959
Los revolucionarios cubanos inspiraron a las guerrillas latinoamericanas.

La última vez que vi a Fidel Castro estaba repartiendo saludos a los colombianos que habíamos ido a una reunión para buscar acuerdos entre el gobierno de Colombia y el ELN. Estábamos en el cóctel de celebración del encuentro en una sofocante noche habanera, en diciembre de 2001.

En el día, Fidel se había reunido por separado con las delegaciones de la guerrilla y de los empresarios. A los primeros les había dicho la importancia de avanzar hacia un acuerdo de paz.

A los segundos los sorprendió aclarando que el momento estaba para promover la estabilidad y las salidas pacíficas en el continente, y también que de ellos lo único que reclamaba era una responsabilidad social.

LA IMPRONTA CUBANA
No fue una invención descarada de la CIA la leyenda de que la mayoría de las aventuras revolucionarias de estas tierras pasaron por las manos de Fidel y se conversaron en la mítica Habana. Por más de 25 años, Cuba fungió como la capital subversiva de América Latina y Fidel, como el mentor de la rebeldía guerrillera

Cuando me contaron estas admoniciones me puse a pensar en la gran diferencia que había entre este Castro y el Castro de principios de los años sesenta. A pensar cuánto había cambiado Fidel, y cuánto la vida colombiana.

En esa noche larga, bajo el influjo despiadado de esos rones dulzones y aromáticos que los cubanos llaman "mojitos", me acordé de las historias de Fidel y de Cuba que los guerrilleros más viejos nos contaban en los días de asueto en las montañas de Colombia.

No fue una invención descarada de la CIA -la agencia estadounidense sólo le dio el toque de guerra fría- la leyenda de que la mayoría de las aventuras revolucionarias de estas tierras pasaron por las manos de Fidel y se conversaron en la mítica Habana.

Por más de 25 años, Cuba fungió como la capital subversiva de América Latina y Fidel, como el mentor de la rebeldía guerrillera.

Con el sello de Fidel

ELN
El ELN de Colombia se creó a mediados de los 60, bajo la inspiración de Castro.

Pero dos guerrillas fueron hechura directa de Fidel: la de Bolivia donde sucumbió el "Che" Guevara, el más puro de los hombres que llegaron triunfantes a La Habana aquel 8 de enero de 1959; y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, que se formó en tierras cubanas un poco después de la crisis de los misiles.

La decisión de sembrar grupos armados en todo el continente no fue, como se cree, un acto de libertad, un plan largamente meditado para apoderarse de todas estas tierras y forjar la Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina. Fue más un hecho desesperado y, vaya paradoja, en contravía a las directrices de los rusos. Fue la búsqueda de aliados para sobrevivir al cerco y a la soledad.

La sucesión de hechos que llevaron a Fidel Castro y al "Che" Guevara a buscar en las montañas de América Latina la fuerza que les permitiera responder a las presiones de Estados Unidos fue tan alucinante como la respuesta.

En octubre de 1960, Estados Unidos declara el bloqueo económico a la isla para responder a la cercanía de Fidel con la Unión Soviética y para castigar la decisión de expropiar y nacionalizar las grandes propiedades de Cuba. El 17 de abril de 1961 se produce la invasión de Bahía de Cochinos, que fue la primera gran agresión militar organizada desde territorio americano. Y en octubre de 1962 se gesta "la crisis de los misiles", que hoy es vista como la más grande amenaza de confrontación nuclear de la Guerra Fría.

De los misiles a las armas

El episodio de los misiles fue el hecho que desnudó la dura condición de un país pequeño en medio del juego macabro de las potencias mundiales.

Soldados del ELN
En medio del desengaño que produjo la crisis de los misiles, se generó la idea de hacer un camino propio, contrariando la orientación dada por los rusos a los partidos comunistas de no apelar a las armas en la lucha por el poder. Así empezó a urdirse la gran aventura del "Che" en Bolivia, que debía desatar la ola de guerrillas en toda América Latina

La idea de instalar misiles que alcanzaran el territorio de Estados Unidos - aunque le servía a los cubanos para intentar detener las agresiones- fue sin duda de los soviéticos, que necesitaban contrapesar los instalados por el gobierno estadounidense en Turquía y en Alemania.

Ya estaban las plataformas que servirían de soporte a los misiles en un paraje del suelo cubano y en camino los barcos soviéticos que trasportaban las ojivas nucleares, cuando Estados Unidos descubrió el plan.

De inmediato, la Casa Blanca tendió un cerco de hierro en los mares cubanos y empezó la más aguda tensión entre las dos potencias. Ante la rápida y contundente reacción del gobierno de Kennedy, Nikita Khruschev inició negociaciones excluyendo a Castro del acuerdo y pasando por encima de algunas exigencias cubanas.

En medio del desengaño que produjeron estos hechos, se generó la idea de hacer un camino propio, contrariando la orientación dada por los rusos a los partidos comunistas de no apelar a las armas en la lucha por el poder. Así empezó a urdirse la gran aventura del "Che" en Bolivia, que debía desatar la ola de guerrillas en toda América Latina.

En la selva colombiana

Consecuencia directa de la crisis de los misiles fue también el Ejército de Liberación Nacional de Colombia. Pero fue un hecho casual.

Ante la inminente invasión de Estados Unidos a la isla, el gobierno cubano reunió a los estudiantes extranjeros y les planteó que lo mejor era abandonar el país.

Poster
La gesta de Castro y sus compañeros pretendía iniciar un estallido regional, afirma Valencia.

Un grupo de ellos, dentro de los cuales había varios colombianos, se ofreció para ayudar a la resistencia, y se sometió al entrenamiento militar debido. La capacitación recibida por los colombianos no se puso a prueba en la confrontación con Estados Unidos, pero se convirtió en el primer curso para la formación de la guerrilla del ELN.

Este grupo de colombianos, tocado por la ilusión de realizar la hazaña que los barbudos al mando de Fidel habían hecho en la Sierra Maestra en sólo 25 meses, tomó el nombre de Brigada José Antonio Galán; designó a Fabio Vásquez Castaño como su jefe, escogió un lugar del departamento de Santander para iniciar su lucha, y se vino al país cuando no se habían apagado todavía los ecos de la crisis que pudo haber llevado a Cuba a convertirse en un territorio calcinado por una lluvia de bombas estadounidenses.

La desmesura de pretender un estallido revolucionario a lo largo y ancho de los vastos territorios de América Latina le costó la vida en cuestión de meses a Camilo Torres Restrepo, el cura guerrillero que hizo famoso al ELN, y a Ernesto "Che" Guevara, el icono que ahora recorre el mundo estampado en camisetas que visten jóvenes hermosos que poco saben de las tribulaciones de la violencia.

El último aliento

A mediados de los años 80, aún no se había extinguido en Fidel la llama de la rebelión armada. Los alzamientos guerrilleros de Nicaragua, El Salvador y Guatemala le devolvieron al viejo zorro la esperanza de que en América Latina se extendiera una gesta insurgente.

No fue así. Pero Fidel participó activamente en el canto del cisne de la revolución armada del continente. En La Habana, entre 1985 y 1990, se dieron cita múltiples veces el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Frente Farabundo Martí de El Salvador, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar de Colombia.

A mediados de los años 80, aún no se había extinguido en Fidel la llama de la rebelión armada. Los alzamientos guerrilleros de Nicaragua, El Salvador y Guatemala le devolvieron al viejo zorro la esperanza de que en América Latina se extendiera una gesta insurgente

Bajo la sombra de Fidel, los Sandinistas respondieron a los embates de la "contra" armada por Estados Unidos, los salvadoreños intentaron una y otra vez ofensivas para desalojar del poder a la dura oligarquía de su país, los guatemaltecos quisieron catapultar el levantamiento indígena, y los guerrilleros colombianos jugaron sus restos para buscar una transformación antes de que el mundo cambiara de signo y se vinieran al suelo los socialismos frustrados de Europa.

Todas esas confrontaciones terminaron en mesas de negociación y en acuerdos de paz en los años 90.

Incluso la enconada refriega colombiana. Aunque la tragedia aquí no ha terminado, la peregrinación del ELN hacia La Habana ya no tiene como fin buscar un apoyo para intentar un acceso violento al poder, sino para aprovechar la tranquila hospitalidad de Cuba en los esfuerzos de paz para Colombia.

El temido Fidel ha sido en los últimos años un consejero de paz de guerrillas y gobierno, y un moderador de las tensiones entre las democracias del continente. Sólo le queda el hálito de beligerancia para alzar la voz muy a menudo contra el gobierno estadounidense, y la testarudez para mantener un cerrojo sobre las pretensiones de cambio de la oposición cubana.


León Valencia integró el comando central del ELN en la década del 80. Es director de Nuevo Arco Iris, una organización no gubernamental colombiana; y es analista político, escritor y columnista de los diarios El Tiempo y El Colombiano. Entre sus publicaciones se cuentan "Las columnas de la paz" (1998), "Adiós a la política, bienvenida la guerra" (2002), "Miserias de la guerra, esperanzas de la paz" (2003), y la novela "Con el pucho de la vida" (2005).





 

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