Por primera vez en mucho tiempo vuelve a hablarse del "fin del capitalismo" y del "inevitable declive" de Estados Unidos.
Gigante vulnerable: la recesión es inevitable en economías desarrolladas.
La crisis financiera, originada en las hipotecas subprime estadounidenses, ha herido a la superpotencia hegemónica y abre una serie de interrogantes sobre su liderazgo mundial.
A nivel económico, la crisis dejó al desnudo la vulnerabilidad del gigante norteamericano, y el fin del modelo desregulado de libre mercado que ha dejado a la economía global al borde del precipicio.
Por más que los mega rescates anunciados por el gobierno de George Bush y las principales naciones europeas calmen a la bestia financiera, para muchos la recesión es casi inevitable en las economías desarrolladas.
Crisis de autoridad
Esta situación ha llevado a que la autoridad de Estados Unidos está siendo seriamente cuestionada.
"Se ha llegado demasiado lejos siguiendo el modelo propiciado por Estados Unidos. La recomendación del Fondo Monetario Internacional hacia los países en vías de desarrollo era siempre la de liberalizar lo más posible el sector financiero. Pero hoy los países que tienen un sistema financiero menos sofisticado son los que están más a cubierto de la crisis", dijo por su parte a BBC Mundo Sergio Plaza, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
Hasta ahora, Estados Unidos estaba acostumbrado a imponer su punto de vista , pero en esta crisis terminó siguiendo a Europa en su plan de rescate: el liderazgo intelectual le correspondió al primer ministro británico Gordon Brown.
¿Fin de la hegemonía?
Según muchos analistas, la crisis está acelerando un proceso en marcha: la construcción de un nuevo orden internacional multipolar.
"Hace tiempo que China ocupa un papel mucho más preponderante. El poder internacional está cambiando de manos y cada vez se reconoce con mayor claridad la importancia de Rusia, India y Brasil, por ejemplo ", afirmó Margaret Bray, especialista en temas internacionales de la London School of Economics.
Parte del desafío, según algunos analistas, es reformular los organismos internacionales y los foros internacionales, donde se decide parte del destino del mundo, dando mayor voz a los nuevos actores protagónicos en el concierto de naciones.
"A las nuevas potencias, como India, China o Brasil, se las tiene en cuenta parcialmente, pero las potencias establecidas todavía no están dispuestas a ceder poder, y esto se nota en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU, el G8 o el FMI", dijo Susanne Gratius, investigadora de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).
Algunos mecanismos ya han empezado a surgir, como el IBSA, la alianza entre India, Brasil y Sudáfrica o la alianza entre China y países africanos.
Economía y miniguerra fría
A esta tendencia diplomática internacional, se añade lo que muchos consideran es la fragilidad económica estadounidense.
El déficit presupuestario llegó a una cifra récord de US$450 mil millones, sin contar los US$700 mil millones del rescate financiero.
"Le debemos mucho a naciones extranjeras: a China, Japón o países del Medio Oriente. Estos países pueden dejar de adquirir nuestra deuda o exigirnos el pago o tratar de influir en nuestra política exterior, y esto sería una situación muy peligrosa para el país y para el mundo", expresó el congresista demócrata Steve Cohen en una entrevista con la BBC.
La crisis financiera ha eclipsado un tema dominante en la primera mitad del año: la miniguerra fría entre Rusia y la OTAN, cuyas últimas muestras se vieron en el conflicto en Georgia y la decisión de Estados Unidos de seguir con sus planes de un escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.
Dado que las recesiones suelen estimular el proteccionismo y las salidas individuales de cada nación, el escenario está listo para una exacerbación de los conflictos internacionales.
Con el temible agregado de que en este caso estamos hablando de potencias nucleares en tiempos de crisis.
Los paralelos históricos
Es tentador comparar esta pérdida de poder de Estados Unidos con el largo ocaso que experimentó el anterior poder hegemónico: Gran Bretaña.
El declive británico comenzó a fines del siglo XIX y se extendió por la primera mitad del XX hasta que Estados Unidos emergió definitivamente como potencia dominante.
Entre un período y otro hubo dos guerras mundiales y hasta un crack, el del 29, que cae como anillo al dedo para los amantes de los paralelos históricos.
Es cierto que la historia no se repite nunca, pero es igualmente verdad que no se puede permanecer sordo a las voces del pasado.
Un mundo multipolar no es sinónimo de estabilidad mundial.
Margaret Bray, especialista en temas internacionales de la London School of Economics, prefiere ser cautelosa a la hora de plantear estos paralelos.
"Esta es una crisis importante, pero no de la magnitud de la de la segunda guerra mundial de la que emergió Estados Unidos como potencia hegemónica", señaló.
Sería de un negro pesimismo sugerir una repetición del grave cataclismo que vivió el planeta en la primera mitad del siglo XX, pero no cabe duda que su espectro flotará sobre el nuevo escenario internacional.